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El mural "maldito" de Renau resucita en València

El ilustrador Javier Parra monta por primera vez una gran pintura que el artista valenciano proyectó en Berlín en 1969 pero que no pudo realizar

Javier Parra junto al muralde Renau montado en unanave en València. l-emv

Hasta tres veces presentó Josep Renau su proyecto de ‘El trabajador futuro en el Comunismo’ a las autoridades de la República Democrática Alemana. Encargado para la Academia de la Teoría Marxista-Leninista de la Organización (abierta en 1969 para la investigación de la cibernética y de la teoría de la información), el mural de 7 metros de alto y 4 de ancho concebido por el artista valenciano fue rechazado porque su única figura central -una especie de gran Pantocrator laico y científico que encarna a la clase trabajadora capaz de dominar las fuerzas de la naturaleza y la técnica, casaba mal con la idea de representación del colectivo que buscaba el Partido. Pero Javier Parra sospecha que en este primer rechazo y los que vinieron después jugaron un papel determinante los «celos» de los muralistas alemanes ante el genio de Renau.

El pasado 12 de agosto en una nave industrial de la Ciutat del Artista Faller, Parra montó por primera vez el mural que Renau, fallecido en Berlín en 1982, nunca pudo realizar. Ingeniero informático, ilustrador, cartelista y secretario general del Partit Comunista del País Valencià, a principios de 2020 Parra alquiló este espacio para hacer realidad el proyecto que había estudiado en un máster en la Facultat de Belles Arts de la Universitat Politècnica.

En estos días Parra trabaja dando los últimos retoques al mural de 31,5 metros cuadrados y espera tenerlo terminado antes de otoño. Concebida para un gran espacio interior, su idea era que la pintura quedase instalada en el hall de la Escuela de Ingeniería Informática de la UPV, pero por «problemas técnicos» de este espacio ha tenido que conformarse con entregar una reproducción de menor tamaño. «Me gustaría que se quedase en València, donde no hay ningún mural de Renau -añade-. He querido demostrar con este proyecto, que estoy pagando yo, que hacerle justicia en su ciudad no ha de ser una cuestión económica».

Al hacer realidad ‘El trabajador futuro en el Comunismo’, Parra se siente como uno más de los miembros del equipo que durante años trabajó con Renau en Alemania. No ha hecho más (ni menos) que seguir sus bocetos -como el que en estos días se exhibe en la exposición del IVAM sobre el muralista-, estudiar la numerosa documentación que se conserva sobre esta obra e incluso reunirse en 2019 con Marta Hoffman, alumna de Renau, para que le explicara el proceso que seguía en sus trabajos.

La obra de Renau tiene para Parra una «vigencia absoluta». «El mural estaba concebido para una academia donde se iba a estudiar el impacto de la informática y la información en la sociedad y representa a la clase trabajadora en la época de la revolución cientifico-técnica de los 60. Medio siglo después esa revolución es todavía mayor. Por eso, para quien como yo considere que la clase trabajadora es la protagonista de esa revolución, la modernidad del mural es plena».

Director general de Bellas Artes durante la Guerra Civil, organizador del dispositivo para «salvar» las pinturas del Prado y responsable del encargo del ‘Guernica’, Parra destaca de entre los méritos de Renau su idea de que la cultura era arma fundamental para transformar las sociedades. En esta época en la que el arte callejero recibe un respeto que nunca había tenido, Parra asegura que Renau «seguiría formando artistas jóvenes sobre lo que tiene que ser ese arte público: una herramienta de transformación en la que el espectador, el transeúnte, es el protagonista».

«Era la obra preferida de Josep Renau»

«El trabajador futuro en el Comunismo» era, según recuerda Javier Parra, la obra preferida de Renau porque nunca la había podido ejecutar y porque usó de modelo a su hijo Pablo. «Él lo llamaba ‘el mural de Pablo’». Esta figura lleva en su derecha un compás, que representa la planificación económica, y en la izquierda la palanca de una máquina de trabajo. Las curvas y colores dentro de la cabeza reflejan al ser humano pensante rodeado de meridianos, paralelos y formas abstractas que evocan nebulosas, iluminaciones, llamas y células neuronales.

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