El próximo 5 de octubre se cumplen diez años del estreno, en la cadena de cable FX (en España fue el 7 de noviembre en Fox), de una serie que ayudó a establecer un par de tendencias clave en la tele moderna: el terror gráfico como opción de futuro y las posibilidades paradójicamente ilimitadas de la serie limitada, miniserie, antología o como queramos llamarla.

Todo empezó ese octubre de 2011 con «American Horror Story», a secas, la miniserie que se adelantó dos años a «Expediente Warren» en reanimar el concepto de la casa encantada. En temporadas posteriores, Ryan Murphy y su socio Brad Falchuk fueron introduciendo nuevos temas y/o escenarios: un manicomio en «Asylum» (2012-13), un aquelarre de brujas en «Coven» (2013-14), un circo ambulante de monstruos en «Freak show» (2014-15), los EE UU de Trump en «Cult» (2017) y un sangriento campamento de verano en «1984» (2019). Cambian las tramas, pero no tanto los actores: repiten a conciencia Evan Peters, Sarah Paulson o Denis O’Hare.

Murphy y Falchuk superan la ansiedad de la influencia dejando bien claro, sin problemas, de dónde beben y con qué se divierten, casi como en un constante juego de «¡Adivina la referencia!». Constante y velocísimo: si algo se puede criticar al dúo de creadores, es su escasa confianza en la paciencia del espectador, que les ha llevado por momentos a encadenar momentos chocantes sin sentido de la mesura ni el suspense. Una excepción a esta regla fue la sexta temporada, «Roanoke», inquietante (meta)juego con los formatos del falso documental y el metraje encontrado. La expansión de la franquicia continuará con el estreno de «American Horror Story: Double Feature» (Disney +), décima temporada de la serie madre (22 de septiembre en V.O.S.E. y 13 de octubre en versión doblada).