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La acusación de "abusos" contra Alfons Roig

El pintor Juan Genovés asegura en su biografía autorizada que Roig «abusaba de todos los niños que podía a cambio de la comida que proporcionaba a sus padres»

Roig

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La acusación de Juan Genovés a Alfons Roig de abuso sexual amenaza con alborotar la historia del arte valenciano. El pintor asegura que el sacerdote Roig, «abusaba de todos los niños» del barrio y en el colegio realizaba cada tanto una «sesión de magreos y toqueteos a nosotros». Son sus palabras textuales en la biografía autorizada ‘Juan Genovés. Ciudadano y pintor’ de Mariano Navarro, Armando Montesinos, y Alicia Murría (Tuner).

La acusación de pederasta a Alfons Roig

El libro publicado un año después de la muerte de Juan Genovés (el 15 de mayo de 2020, días antes de cumplir 90 años) es el resultado de entrevistas y conversaciones con el pintor, en muchos casos en primera persona, donde desgrana su vida. Así al final de la página 53 se lee: «Cuenta Genovés que Roig era ‘el cura del barrio’. Cuando me vio en San Carlos puso cara de horror. ‘Ahora contará este lo que sabe’, debió pensar; y lo que yo sabía era lo que sabíamos todos en el barrio, que abusaba de todos los niños que podía a cambio de la comida que proporcionaba a sus padres».

Sigue con la disculpa de su silencio roto ya en la vejez sobre Roig: «No, nunca conté nada, pero no le tenía ninguna simpatía, pero pruebas de lo que sabía sí que las tenía. Ahora cualquiera contaba algo negativo de un cura de en aquella época...».

Un escándalo, como reconoce el profesor y escritor Martí Domínguez, uno de los mejores conocedores del arte valenciano, autor de ‘Estudis d’Art’ -con fotografías de Jesús Císcar, y su posterior exposición-, donde se metió en los talleres de los mejores artistas valencianos, el pintor del famoso cuadro «El abrazo» entre ellos.

Experiencia «inédita»

Genovés acto seguido amplía sus acusaciones hasta los años del colegio, cuando el cura del barrio se presentaba en el Colegio Hispano-Americano: «Mi maestro tenía que superar mil problemas, sobre todo con la Iglesia, y ahí viene otra noticia sobre el cura Roig, inédita y vivida por mí. De vez en cuando, en plena clase, se presentaba en el colegio el cura don Alfons. Le solía decir al maestro: ‘Bueno, don Santiago, déjeme a estos diablillos para ponerlos un poco más cerca del Señor, que a lo mejor lo tienen olvidado’».

Y detalla: «Don Santiago salía de clase disparado sin decir una palabra, y empezaba entonces un larguísimo rosario, con sus avemarías y demás dichirachos, y comenzaba también su sesión de magreos y toqueteos a nosotros. Tanto es así, se lo estaba pasando tan bien, que con sus entusiasmos, se olvidaba del rezo. Ante la atención de toda la clase, y muchas risas ocultas al ver al cura con la mano metida por el cuello del alumno en cuestión en plena oración mística olvidada. De pronto se daba cuenta y, asustado, anunciaba un padrenuestro que no venía a cuento».

Tras una de las habituales retrancas de Genovés, «no visitaba, sin embargo, el colegio de al lado, el de las chicas, solo a los chavales nos quería salvar del infierno», el artista explica que un cura de barrio en aquella época de dictadura tenía más poder que un gobernador civil; para todo se necesitaba el informe del sacerdote, «y un informe negativo sobre el colegio serviría para cerrarlo en un día y enviar a don Santiago a la Argentina o a la cárcel.

En dos páginas, Juan Genovés vierte un juicio sumarísimo sobre el sacerdote Alfons Roig, al que la historiografía y la sociedad valenciana ha situado en cierta posición de privilegio por acercar a sus alumnos como Eusebio Sempere, Manuel Hernández Mompó, Andreu Alfaro, Manolo Valdés o el propio Genovés, el relato de los modernistas como Van Gogh o artistas vanguardistas como Matisse, Kandinsky o Klee.

Roig además fue amigo de la filósofa María Zambrano, del ensayista Joan Fuster y de los artistas Eusebio Sempere, Manolo Millares, Andreu Alfaro o Artur Heras.

«Un sacerdote tolerante y singular en la cultura del siglo XX»

Alfons Roig Izquierdo (Bétera, 1903 - Gandia, 1987), profesor, crítico de arte y sacerdote «tolerante y dialogante, fue un personaje «absolutamente singular dentro del panorama cultural del País Valencià del siglo XX», según ‘Alfons Roig. La devoció per l’art’, un libro colectivo de 1988 sobre la figura y el maestrazgo intelectual de Roig coordinado por Josep Monter, Artur Heras y Anacleto Ferrer, que actualizó la IAM de la Diputación de València hace dos años.

Precisamente, en 1981 la Diputación dio el nombre de Alfons Roig a sus Premios de Artes Plásticas, al igual que las becas para artistas menores de 40 años. El sacerdote donó su archivo y obras (con piezas de Victor Vasarely, Sempere, Julio González, Picasso y Kandinsky) a la corporación provincial. Además el MuVIM tiene dedicada una de sus salas a la memoria de Alfons Roig, y la biblioteca del museo custodia toda su documentación personal, que mostró en una exposición en 2017.

El auditorio de la Facultad de Bellas Artes, la heredera de la antigua Escuela de San Carlos, también se llama Alfons Roig. El sacerdote se retiró de la docencia en 1974, y se trasladó a la ermita de la Mare de Déu de la Consolació de Llutxent, que restauró gracias a la Diputación. Una residencia donde ofreció refugio a jóvenes artistas e intelectuales, así como a la comunidad ecuménica de los hermanos de Taizé, convirtiendo su casa en un lugar de meditación.

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