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Crítica

¿Y cuándo con orquesta?

Apriori, la propuesta de una sesión de clarinete en solitario, puede ponernos en guardia sobre la posible monotonía del programa. Pero el repertorio elegido con rigor y diligencia, disipó cualquier duda al respecto.

A diferencia de otros instrumentos y a pesar de formar parte relevante en bandas y orquestas, el clarinete ha carecido de la relevancia del violín o el cello. Una lástima porque ofrece tantas posibilidades como el oboe en la madera o la trompa en los metales.

Luis Fernández Castelló (València, 1985) eligió un selección de músicos poco habituales o desconocidos y ese sería su primer gran acierto: hacernos escuchar, en primicia, obras de extrema dificultad que, sus diferentes estéticas, exigen concentración total en el auditorio. Y así sucedió con el centenar de asistentes casi hipnotizados por la «facilidad» con la que el artista defendió aquellos pentagramas.

Fue en el MuVIM donde expuso su faceta de interprete inquieto y desde el Stravinsky inicial, compuesto en 1919, el público fue consciente de la singularidad del repertorio. Con Aural, escrita 100 años mas tarde por Sergio Blardony (Madrid 1965), el instrumento se articula con resultados diversos al de Pèrte, de la búlgara Albena Petrovich-Vratchanska (Sofia, 1965), una pieza de impronta más monótona pero exigente en precisión y ductilidad. La Fantasie, de Jörg Widman (Múnich, 1973) gran clarinetista de prestigio, aportó una paleta de colores que Fernández Castelló aprovechó con generosidad.

Muy conveniente la inclusión del Studio Primo, de Donizetti, donde intérprete y público, se adentraron en otra atmósfera fraseada con un sonido espléndido. Del catalán Josep María Guix (Reus, 1967) escuchamos Away… in the dusk para seguir con el Lied del italiano Luciano Berio(1925-2003). Con las Miniaturas de Emilio Calandín (València, 1958) obtuvo hermosos timbres y como final del programa, el Hommage à Carl María von Weber, escrito por el húngaro Bela Kovacs (1937), una obra en la que Fernández Castelló ratificó que es un clarinetista de musicalidad sin mella a la que llega gracias a su técnica tan concisa como minuciosa. Sería una baza segura escucharlo defender los grandes conciertos sinfónicos de Crusell, Mendelsohn, Stamiz, Nielsen, Krommer o Fröst. Anda que no hay donde elegir.

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