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Carlos Marzal se pone las botas

El último capítulo es un sentido homenaje a su amigo el poeta Antonio Cabrera

Carlos Marzal

Carlos Marzal anunció hace un mes en estas páginas, donde escribe la columna quincenal ‘Complicidades’ en Posdata, que estaba corrigiendo su último libro. «Como sé que eres futbolero, seguro que te gustará», me dijo. ‘Nunca fuimos más felices’ (Tusquets) llega pasado mañana a las librerías, un tratado literario de filosofía epicúrea que reivindica la felicidad y ensalza el amor y la amistad a partir del fútbol. Temas universales que conectan con los futboleros, con los que los aguantan y también para los que odian el balompié.

Una cita de Albert Camus nada más abrir el libro, donde el Nobel francés asegura que todo lo que sabe con certeza de la moral y las obligaciones de las personas se lo debe al fútbol avisa de lo que viene. Igual que «el niño es el padre del hombre», como escribió William Wordsworth, el poeta romántico inglés, en su famoso «Mi corazón salta» -también conocido como «El arco iris»-, Marzal salta al terreno de juego de las letras para homenajear a la vida, con la excusa de los entrenamientos y los partidos de su hijo.

El narrador hace de cronista de los encuentros de padre sufridor, y al mismo tiempo se sumerge entre el público que llena los estadios de las competiciones máximas, habla de sus futbolistas favoritos, y de esa bautismal memoria primera y constante de ir al campo, una liturgia nada sobrevalorada en un deporte de masas que lleva camino de una deriva hacia la realidad virtual.

Y como sabe, igual que los fieles acuden a la cita sagrada del partido en directo, el fútbol es la vida.

El futbolista consorte

«En los últimos años he dedicado mucho tiempo al fútbol. Mucha energía física e intelectual, pero no por el hecho de que haya vuelto a jugarlo, como cuando era joven, sino porque lo ha jugado y lo sigue jugando mi hijo. He sido un futbolista consorte -digámoslo así-; por persona interpuesta», escribe nada más empezar, en la introducción llamada «Calentamiento». «Primera parte», «Segunda parte» y «Prórroga» son los otros apartados de ‘Nunca fuimos más felices’.

Marzal va y viene, cuenta ritos de paso, escenas graciosas con otros padres que animan a sus hijos y conversaciones con otros escritores aficionados al fútbol.

«Siempre he sabido que escribiría un libro sobre fútbol, porque entiendo la literatura como una actividad obligatoriamente autobiográfica. O autobiográfica por convenio, como dicen los axiomas matemáticos, y que yo interpreto igual que si fueran un mandato de la divinidad», admite también en el tiempo de «Calentamiento».

Esas crónicas del recuerdo de la verdad alcanzan su culmen en el capítulo -«Segunda parte» de la «Prórroga»- de homenaje a su amigo Antonio Cabrera:

«Cuando salimos, Antonio estaba caído en el suelo, muy cerca de la pared del fondo. Habían estado lanzándose pases de una punta a otra del patio. Por lo que Carlos acertó a contar, a Antonio se le escapó el control de un balón durante el intercambio de pases, se dio la vuelta, corrió hacia la pared, tropezó y se fue de cabeza contra el muro. Debió de sufrir, con todo el peso de su cuerpo, un enorme latigazo cervical».

Terrible y maravilloso

El poeta Antonio Cabrera, Premio Loewe y Nacional de la Crítica, autor de algunos de los poemas más hondos en lo que llevamos de siglo, salió aquel 1 de mayo de 2017 de su casa de La Vall d’Uixò y jamás volvió. Había quedado a comer con otros amigos poetas en Serra. Tras la ‘fideuà’, Cabrera se levantó para patear el balón con Carlos, el hijo pequeño de Carlos Marzal. Tropezó y se golpeó contra el suelo de la peor manera.

Murió el 17 de junio de 2019 a los 61 años, tras meses hospitalizado primero en La Fe y luego en el Hospital Nacional de Parapléjicos de Toledo, donde concedió una estremecedora entrevista televisiva.

«Mi único consuelo verdadero reside en la siguiente convicción: si Antonio Cabrera no se rebajó jamás a maldecir el mundo, a deplorar su suerte, ninguno de nosotros tiene derecho a hacerlo». Son las frases finales de ‘Nunca fuimos más felices’, porque como sostiene Marzal, y a pesar de la obviedad, «la vida constituye una inexplicable combinación de lo terrible y lo maravilloso». La literatura entra en la parte fantástica, por eso Marzal invita a descubrir lo mejor de la vida.

«Este libro tiene por excusa el fútbol, pero es un libro de amor: de amor a mi hijo, de amor al fútbol, de amor a las cosas, de amor a la vida. Como todo lo que he escrito. Como todo lo que escribiré».

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