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Guille Milkyway

"Nunca he tenido prejuicios, pero he tenido que luchar mucho contra ellos"

«Desde el principio supe que La Casa Azul iba a ser un proyecto de vida. Es de lo que más orgulloso me siento»

Guille Milkyway, líder de La Casa Azul. L-EMV

El próximo fin de semana la Marina de València acogerá el Love to Rock, el primer festival de música que se celebra en la ciudad sin restricciones por el coronavirus. Además de bandas como Novedades Carminha, Ginebras, León Benavente o Carolina Durante, uno de los platos fuertes del certamen llegará el viernes a las 23.30 horas con la actuación de La Casa Azul.

¿Formaba parte del plan de La Casa Azul acabar encabezando el cartel de los festivales?

Cero, nunca hemos tenido ese tipo de aspiraciones porque uno nunca sabe hacia dónde va a caer el éxito y eso tiene peligro. Pero sí tuve claro desde el primer momento que quería que La Casa Azul fuera un proyecto casi de vida, que no sería una cosa pasajera sino que duraría muchísimos años. Es de lo que más orgulloso me siento. El gran superéxito de mi vida es poder dedicarme a esto.

¿El éxito, o al menos la popularidad, es también que los chicos de derechas proclamen que saldrán a la pista cantando una canción que va sobre el 15-M?

La Casa Azul, desde muy al principio, tiene un espectro supertransversal. Y eso que, aunque pareza hoy en día un poco cursi, somos muy puros a la hora de hablar. Hoy parece que no puedes tener un debate con alguien que no comparte tu idea política, pero desde pequeño tengo amigos con ideas de todo tipo, con los que me enfado mucho pero a los que quiero muchísimo. Esta polarización de hoy en día, donde cualquier cosa es dicotomía, es un peligro.

¿Escuchar por ejemplo a Morrisey decir barbaridades le cambia a usted la manera en la que escucha su música?

De ese tema hay que abrir un debate largo y pausado, el de si hay que separar al artista de su obra. Yo sí lo separo porque me emocionan las obras, no los artistas, no soy mitómano ni tengo ídolos. A mí Morrisey no me importa mucho, me importan sus canciones. Y pasa igual con los amigos: tengo amigos que me quieren un montón pero aborrecen lo que hago y seguro que hay gente indeseable a la que le encanta lo que hago.

¿Cómo se siente un fan de la música cuando pasa al otro lado para cantar ante todos cosas tan personales sobre su matrimonio como esa de «cada vez que Nico despertaba, otra discusión»?

Nunca había tenido ningún problema en hablar de mí en mis canciones porque solo me involucraba a mí. Pero en esta canción sí me pregunté si tenía que hacer eso porque estaba mi hija (Nico) y ella no había escogido aparecer ahí. Cuando hice esa canción ella era pequeña, pero ahora ya tiene 12 años y ella está superorgullosa de salir en un canción y su hermano no.

El hermano puede decir, quizá, que es esa luz que entra en la oscuridad a la que canta en «Entra en mi vida», su último single.

Pues no es ninguna tontería. Recuerdo una cosa que me dijo el conductor que lleva nuestro camión después de un concierto en Les Arts en València en 2017 que no salió demasiado bien. Yo estaba decaído al acabar y Aurelio me dijo ‘aunque no haya salido bien ¿que cambiará eso mañana? Mañana volverás a casa y estarás con tu familia y de nuevo estará todo bien’. Y va sobre eso, sobre que la luz está en cualquier lugar, que cuando amanece todo vuelve a estar bien.

¿Necesitaba cantar un tema así tras la oscuridad que se adivinaba en varias canciones de «La gran esfera»?

Era el objetivo. La razón de ser del single era proponerme ese cambio, dejar al lado los fantasmas. Yo me dedico a narrar mi vida y, claro, me gustaría hacer un disco luminoso y es más o menos lo que está saliendo ahora. Pero nunca se sabe lo que acabará saliendo y tampoco hay que darle demasiado importancia.

La Casa Azul tiene mucho público adolescente. ¿Se siente algo así como un eslabón intergeneracional?

No y nunca he tenido esa aspiración. Y me parece natural y sano que las generaciones sean distintas a las anteriores. Pero también es cierto que mi manera de funcionar tiene más que ver con la del joven que se pone a hacer música a los 17 años, sin ideas tan rígidas como el que tiene 30 años. Hay una cosa innegable y superbuena que es que la generación Z ha dejado atrás los prejuicios. Yo no los he tenido nunca, pero he tenido que luchar mucho contra ellos. Hay gente a la que mostrarse tan emocional como lo hago yo le resulta horrible, pero yo palpito así.

¿De ahí que se le viese tan a gusto contándoles la historia del pop a los concursantes de Operación Triunfo?

Me interesaba sobre todo contarles cosas como que la eclosión del trap era parecida a la del punk en los 70 y parecida la del jazz a principios del siglo XX. Me interesaba hacer esos paralelismos para explicar los géneros musicales sin prejuicios. A nivel personal disfruté un montón con eso. Había gente que criticaba a los alumnos porque no conocían a Pink Floyd y yo pensaba que qué más daba, que tener referentes no es condición necesaria para tener talento.

Podría ser usted algo así como el Bob Stanley de aquí, y escribir un «Yeah, Yeah, Yeah» a su manera.

Sí, ese libro se lo recomendé a ellos porque parte de una premisa muy natural: que la tensión entre el mainstream y el underground es la que hace que el pop evolucione, que es inevitable que la contracultura se convierta en mainstream y que la expulse una nueva contracultura. El odio que hay ahora a los nuevos géneros como el trap o el reguetón es el que ha habido siempre ante cualquier nuevo género musical.

Claro, Frank Sinatra hablando mal de Elvis que a su vez hablaba mal de los Beatles...

Así es, cien por cien. Después suele pasar que los que ahora son odiados por los puristas se convertirán en puristas de lo suyo y también odiarán.

¿Pero hay que esforzarse para no ser purista y que te guste algo solo porque es nuevo?

Nunca. Hay cosas con las que no empatizo pero no pienso que sean una mierda. El discurso de parte de estas escenas nuevas no lo voy a compartir porque generacionalmente no es el mío, pero eso no quiere decir que no puedas apreciar que ahí hay algo. El trap no me va a emocionar porque no es de mi generación, pero intento comportarme como mi abuela cuando veía en la tele a los Europe y Joey Tempest le parecía guapísimo. A ella esa música no le iba a gustar, pero preguntaba y mostraba un interés. Lo que no hay que hacer es pensar que solo el paso de los años es lo que le da credibilidad a las cosas.

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