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Las Piquer luchan contra el olvido desde su reducto en València

«El interés por su figura no ha variado, pero hay generaciones que han estado más conectadas con su música»

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La Casa Museo de Concha Piquer, en el corazón del barrio de Sagunt J. M. López

A unos 800 metros de las antiguas puertas de la ciudad de València, en la calle Ruaya, se encuentra la casa donde nació Concha Piquer, una de las mejores copleras de España, y una de las figuras valencianas más internacionales del último siglo. Es allí donde se encuentra su baúl, sus vestidos y donde están expuestas sus fotografías familiares, retratos donde posa junto a su hija Concha Márquez Piquer, fallecida esta semana a los 75 años. Cantante, como su madre, y figura popular en las páginas de papel couché, Márquez Piquer luchó por eludir la alargada figura de su madre, pero también por dejar constancia del paso de la familia Piquer en la ciudad. De ahí, la construcción del Museo Concha Piquer hace 20 años.

La sala de costura de su madre. g.caballero

El fallecimiento de la hija de Doña Concha ha provocado que algunos vecinos se hayan acercado esta semana al museo. La mayoría son aficionados a su música, y otros la conocen porque sus madres y abuelas cantaban las coplas de la Piquer en casa. «Tatuaje», «Ojos verdes» o «A la lima y al limón» son algunas de las canciones que resonaban en las cocinas de miles de hogares valencianos.

El busto en honor a la Piquer. g.caballero

Sin embargo, el empaque del apellido Piquer se desdibuja para algunas generaciones, ya que la copla, y aún más la que cantaban las Piquer, ya no está presente en la radiofórmula. Sus figuras tienden a desaparecer del imaginario colectivo. Pero el Museo Concha Piquer es un recordatorio constante de la historia de este clan de cantantes.

La salita de la casa familiar. g.caballero

«Conqua Piquer tuvo una proyección que traspasó nuestras fronteras. Fue una valenciana internacional, ilustre, muy querida por los valencianos. El interés por su figura no ha variado. Sin embargo, hay generaciones que han estado más conectadas con su música que otras porque han vivido más su carrera. Pero, en general, la importancia de Concha Piquer como actriz y como cantante sigue siendo muy valorada», explica María Barceló, técnica de gestión de Patrimonio Histórico en el Ayuntamiento de València.

Recreación de la entrada principal. g.caballero

«Además de tener una voz privilegiada, fue una emprendedora nata. Tenía un carácter que la llevó a estar donde estuvo. Es admirada hoy en día por su capacidad de superación. Trabajó muchísimo para llegar a lo más alto desde unos orígenes humildes. Su viaje estuvo repleto de dificultades pero ella fue capaz de ir superándolos para convertirse en una folclórica muy reconocida», señala Barceló.

Retrato y carteles de Conque Pique. g.caballero

Piquer fue una rara avis en su época, no solo por tener una voz y unas dotes interpretativas llamativas, sino por su intención de dirigir su carrera y su vida. Barceló destaca que lo que marcó el rumbo de su trayectoria fue Nueva York. «Allí le brindaron la oportunidad de formarse y ella lo aprovechó. La mayoría de las cantantes españolas de los años 30 y 40 tenían orígenes muy humildes, muchas no habían sido educadas. Sin embargo, Concha quiso aprovechar su estancia en Nueva York para formarse en la industria del espectáculo. Se convirtió en una empresaria con dotes interpretativas», añade.

Su padre era albañil y su madre era costurera. Vivían en el barrio de Sagunt, en la casa donde hoy se encuentra el museo que honor a su figura. Sus primeras actuaciones fueron en las fiestas del barrio y en el Huerto de Sogueros, en el Carmen. Comenzó a cantar en teatros de provincia con tan solo 11 años. Y su golpe de suerte no tardaría en llegar. El compositor valenciano Manuel Penella, tras escucharla en una actuación, decidió incluirla en su compañía de zarzuelas, con la que partiría después a Nueva York, tierra de triunfos para otros valencianos, como Guastavino, Blasco Ibáñez, Sorolla o la soprano Lucrezia Bori. Fue allí cuando participó en la producción «El gato montés» de Penella. El éxito de sus representaciones hizo que la cantante realizara sus primeras grabaciones discográficas. La gira continuó por México, Cuba, Puerto Rico o Panamá. Volvió a España con 20 años, cuando comenzó a rodar algunas películas. No tardó en volver a Argentina, donde nació su hija Conchín, quien lo tuvo difícil para consolidarse en los escenarios con nombre propio a causa de la fama de su madre, con quien la compararían hasta su muerte.

Otro de los obstáculos para su carrera fue su matrimonio con el torero Curro Romero, con quien comenzó un noviazgo a los 14 años y con quien acabó casándose a los 17. A los tres años se divorciaron gracias a la recién aprobada Ley de Divorcio de la democracia. Haría varias giras, pero la muerte de su hija a raíz de un accidente de coche la mantendría alejada de los focos durante años. Su voz se apagó definitivamente esta semana. Dejándonos sin el timbre característico de las Piquer, al menos de momento.

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