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La crisis del papel retrasa a editoriales

Las imprentas se aprovisionan y refuerzan su stock ante un problema que también afecta al sector de la construcción

El equipo de Gráficas Anduriña trabajando en la impresión de un proyecto.

Se reserva el sector del papel el privilegio de ser uno de los últimos en sumarse a la cita del desabastecimiento. Los distribuidores dilatan sus plazos de entrega y, todo ello, tiene su origen en fábrica. La reacción en cadena tiene que ver con la subida de la factura de la luz y los parones productivos. Pero, especialmente, con el hecho de que escasean productos químicos de origen chino que intervienen en el proceso de fabricación, lo que complica la ejecución del proceso. Las imprentas se aprovisionan y refuerzan su stock, las editoriales retrasan su calendario de producción. Y, como viene siendo habitual, no podía faltar el colapso del transporte marítimo en toda la ecuación.

El complejo entramado de derivados del papel es extenso y nada tiene que ver el utilizado en la producción editorial con el del papel higiénico o el cartón. La parte de suministro que falla ahora repercute en el sector editorial. También en el de la construcción. Se refieren los interioristas a los retrasos en las entregas de papel de pared: “Antes te servían en 15 días, ahora tardan mes y medio”, reflexiona Teresa Parga, cofundadora del estudio Tema Interiores. Más de lo mismo en las imprentas. “En septiembre nos dieron un plazo de entrega para el próximo enero. Una entrega que solía ser de 10 o 15 días”, incide Ramón Romay, responsable de almacén y compras de Gráficas Anduriña.

Un empleado de Gráficas Anduriña trabajando en la impresión de un proyecto. Gustavo Santos

Así se genera esa reacción en cadena. La incertidumbre de las imprentas se traslada a las editoriales. Avisan de que “puede haber dificultad para imprimir libros”, detalla Henrique Alvarellos, presidente de la Asociación Gallega de Editoras (AGE). No es algo dramático. Sí el inicio de una situación que se remonta a septiembre. En ese difícil equilibrio entre oferta y demanda, se dispara un 25% el precio del papel en lo que va de año. “El papel tenía que subir porque las fábricas no pueden asumir el coste que les supone la subida de la electricidad, de los químicos, de la producción. La opción es o bien subir el precio o bien parar fábricas de manera temporal, como Stellantis”, analiza Lucía Pastoriza, consejera delegada de Gráficas Anduriña. Pero la última opción repercutiría, definitivamente, en el inventario disponible para la industria.

El papel y cartón que recibe España proviene, principalmente, de Finlandia, Francia y Alemania. Lo que viene a determinar que la importación es europea. También hay producción nacional, principalmente catalana. Sucede que el número de fabricantes de papel estucado, el que utilizan las editoriales, se ha contraído en los últimos años, explican fuentes de Sgraf Artes Gráficas. Lo que ha propiciado una concentración del volumen de trabajo en menos manos. Y ante tan compleja casuística, las imprentas que solían trabajar realizando pedidos en función de la demanda se han lanzado a hacer acopio de papel, en parte por miedo al desabastecimiento, en parte por precaución ante la subida de precios. “Hay que tomar decisiones para garantizar el trabajo a nuestros clientes”, aseveran desde Sgraf Artes Gráficas. “Hay muchos problemas con la reserva de papel. Los precios son abiertos. Es casi una lonja”.

Por norma, las compras se efectuaban a distribuidores. Ahora, con grandes pedidos, las imprentas recurren directamente al fabricante. “No te garantizan nada, ni siquiera el precio de compra. Eso genera mucha incertidumbre en el mercado”, reflexionan desde Sgraf Artes Gráficas. En un contexto de inseguridad los por si acaso imperan. A la falta de suministro de papel se suma una mayor demanda de producto para garantizar la continuidad productiva. Una pescadilla que se muerde la cola y que da alas a los precios.

Daños colaterales

“No va a pasar nada porque todos nos estamos mojando. Pero esperamos que sólo sea un chapuzón y no tenga más implicaciones”, apuntan desde Sgraf Artes Gráficas. “Pero en esto, ¿quién puede garantizar nada?”. Para el sector editorial esta coyuntura no hace si no dilatar los calendarios de publicación. Noviembre y diciembre suelen ser dos meses complicados para imprimir, por la alta carga de trabajo. Pero “las imprentas empiezan a dar plazos más extensos de lo normal”, revela Alvarellos. La solución ha pasado por intentar programar con más tiempo la producción, previendo que pueda haber retrasos. “Nos hace falta prever las tiradas a más largo plazo”, determina en portavoz. Si la situación empeora, habrá que tomar otras medidas.

Otro efecto colateral de la falta de suministro de papel y la espiral de precios es que los clientes estén reduciendo los pedidos. “El que iba a hacer 5.000 trabajos hace 4.000”, comenta Romay. También hay quien espera hasta una bajada de los precios del papel. Porque si los costes productivos empezaron a subir con el alambre y las tintas, ahora también se suma este otro ingrediente. “La tónica será reducir tiradas y adaptarse a los stockajes disponibles”, comenta Romay. Porque ciertamente no hay previsión de que la situación se recomponga hasta el segundo semestre de 2022, incide Pastroriza. Las perspectivas de futuro apuntan a que la subida de precios se quedará. En un entorno en el que el consumo se dispara, los sistemas productivos aún calientan motores tras la pandemia.

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