Irán ha vivido en una constante cuerda floja. Después de la revolución de 1979, la guerra con Irak y la llegada al Gobierno de un presidente que prometía reformas y ampliar las libertades personales, el país se ha visto sacudido por las movilizaciones y las represiones por parte del Gobierno. A las políticas de las leyes islámicas se suman hoy la corrupción y el deterioro económico.

Podría ser el tráiler de un metraje histórico. No obstante, es la crónica negra de una nación atizada por el dogma, la identidad y la especulación de recursos naturales. En un entorno eminentemente autoritario y patriarcal, parece no haber espacio para las mujeres o la cultura. Ambas conviven en un incómodo silencio. No se les escucha, pero tienen voz y un discurso desgarrador.

Sus vivencias no hablan, presumiblemente, de ciberataques en estaciones de petróleo ni de la compraventa de vacunas estadounidenses contra el coronavirus o, tan siquiera, de un pacto nuclear o de la crisis migratoria. Su historia no versa sobre la posición iraní respecto al régimen talibán. No es su relato, pero todos estos hechos las atraviesan, las condenan.

‘Un Blues para Teherán’ muestra diferentes rostros de un mismo Irán donde tradición y modernidad conviven y se confrontan. Una historia que invita a descubrir un país tan misterioso como culto a través de la música y sus gentes. Un lugar en el mundo donde escribir poesía o cantar cada vez está limitado. 

Javier Tolentino, director del documental, explica que “Irán acoge al pueblo persa, el país de los Medos que junto a Irán, Irak y Afganistán marca el territorio de influencia histórica de los persas, un pueblo que con Ciro El Grande y Dario II fueron los arquitectos de una cultura de influencia directa en la cultura mediterránea, cultura griega y romana, la cultura latina. Un pueblo que con su religión original, zoroastrismo, su cultura y su lengua siempre me ha atraído por su sofisticación”.

“Hoy día, Irán representa la minoría religiosa en el mundo musulmán, al ser seguidores del ala chiita casi un 80 % frente a un 10 % sunni, que es tendencia en el resto de los países musulmanes a excepción de Yemen. Esto quiere decir que Irán es enemigo tanto del mundo occidental como de sus propios países musulmanes como Arabia Saudí, Qatar, Pakistán, Jordania, Kuwait,  Emiratos Árabes Unidos, Egipto, Túnez, Catar, Libia, Turquía, y Siria por una división religiosa”, continúa. 

 

Un retrato de cultura y falta de libertad del pueblo iraní

En un país como Irán, los artistas lo tienen cada vez más difícil. Principalmente por las prohibiciones y la propia burocracia iraní, que impide el desarrollo de la libertad creativa. Además de todo esto, la población se enfrenta a una disminución de sus derechos de libertad de expresión. Esto es algo que sucede tanto en Irán como en otros países árabes. 

Es importante reconocer que películas como ‘Un Blues para Teherán’, producida por Quatre Films y Eddie Saeta,  nos permite visibilizar lo que está oculto y reivindicar el papel central de la cultura en las sociedades, del modo en que en Occidente se percibe la realidad de países como Irán y la importancia del cine iraní en este sentido.

Javier Tolentino nos muestra un documental sobre el Irán de la actualidad.  Del mundo rural a ese Teherán en el que conviven lo moderno y cosmopolita con el terror de la represión de los ayatolás. La  película nos transporta a un mundo que va de los cánticos espirituales a los grafitis, vivo testimonio de la cultura de un país que no se rinde a pesar de las enormes dificultades.

Golmehr Alami, protagonista femenina de ‘Un Blues para Teherán’. ED

Las mujeres iraníes privadas de la música

Otro de los temas claves en el conflicto de oriente es la situación de las mujeres en el Irán actual. A través de la voz de una de las protagonistas, ‘Un Blues para Teherán’ pone el foco de atención en la vulneración de los derechos de las mujeres

En Irán, por ejemplo, se prohíbe cantar a las mujeres con la única idea religiosa de que las mujeres que cantan son objetos de deseo y, por tanto, impuras. En este contexto, la música y las canciones nacen desde el saber y el conocimiento musical de las madres, que las transmiten.

No obstante, la música, como toda la cultura, es una amenaza para el poder. En el fondo saben que detrás de una canción hay un lamento, una derrota, una expresión de la falta de libertad. Y por eso prohíben que se desarrolle la creación.

En este sentido, el film ahonda en las melodías, tímidas voces de mujeres y calles silenciadas. Recupera para la ocasión composiciones tasnif, un género musical tradicional del país.

‘Un Blues para Teherán’ en La Cabina 

La película llega a La Cabina, Festival Internacional de Mediometrajes de València, tras su estreno en 2020, película de clausura en la pasada edición del Festival de Gijón y su Premiere Internacional en el Festival de Cine de Moscú de 2021, así como secciones que recogen lo mejor de la cosecha del cine español del año, “Made in Spain” de San Sebastián y el “Spanish Cinema” de la Seminci de Valladolid.

Cartel oficial de ‘Un Blues para Teherán’. ED

La película, candidata a los Premios Goya en la categoría de Mejor Documental, se proyectará el próximo lunes, 15 de noviembre, en La Nau, a las 17.00 horas y tendrá una mesa redonda posterior que contará con la participación de Awatef Ketiti, profesora de Comunicación Audiovisual de la Universitat de València;  Javier Tolentino, director de ‘Un Blues para Teherán’, y Áurea Ortiz, miembro del comité de selección de la Sección Amalgama de La Cabina 2021.

‘Un Blues para Teherán’ es una producción casi 100 % valenciana, ya que además de contar con la financiación de À Punt y el Institut Valencià de Cultura IVC, su equipo técnico está formado por los valencianos Alejandra Mora, producción; Juan López, dirección de fotografía; Tere Núñez, música original; Sergi Dies, montaje; e Iván Martínez Rufat, mezcla de sonido.

La cinta, que ya suma múltiples nominaciones y premios nacionales, también opta a cuatro candidaturas en los Premios Berlanga en las categorías de Mejor Largometraje Documental, Mejor Música Original, Mejor Montaje y Postproducción y Mejor Sonido.