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Escritor

Miqui Otero: "Las novelas y las canciones son más bonitas que la vida"

"Simón" es novela y personaje, la particular historia de aventuras de un niño que crece, lee, se ilusiona y desengaña rodeado de familiares, amigos y viejos héroes de capa y espada: "Empiezo a pensar que hay más conciencia de clase entre la gente privilegiada que entre la más humilde"

Miqui Otero

Cuando Miqui Otero publicó su primera novela, ‘Hilo musical’, el crítico Jordi Costa dijo de él que era «uno de los nuevos narradores mejor pertrechados de ética pop». «Yo a Jordi, diga lo que diga, le doy la razón, así que no voy a matizarlo», responde el escritor barcelonés, que este miércoles hablará en el ciclo «Literatura i música pop... al Palau» sobre las influencias literarias y musicales de su última novela, ‘Simón’, premio El Ojo Crítico de Narrativa 2020.

Más allá de las referencias musicales, ¿hay una manera pop de escribir?

Supongo que sí. Hay un «no miedo» a emocionar, y eso de algún modo sale de las canciones que has escuchado. Y también intentar crear estribillos, que el texto sea ágil y las emociones fuertes... Todo eso tiene que ver con el pop. Sospecho, de todas formas, que en cada época la cultura popular se ha reflejado también en la narrativa del momento. Rico (primo hermano de Simón, el protagonista de la novela) es un poco esclavo de que le guste tanto el rock y tiene eso de que cuando escuchas demasiadas canciones canallas imitas esos movimientos.

Leí en algún sitio que parte del «boom» de la heroína en España fue culpa de Lou Reed simulando que se pinchaba mientras cantaba «Heroin».

Sí, es como el «boom» del billar relacionado con la delincuencia y las apuestas, que también aparece en ‘Simón’ y que viene de cuando se empezó a ver aquí ‘El buscavidas’. También cualquier ciudad está hecha de lo que se escribe sobre ella. Barcelona sería diferente sin las novelas de Barcelona igual que Nueva York sería diferente sin las pelis de Nueva York.

¿Hay una generación de primos mayores que, como Rico, echaron a perder su talento?

Sí, pero como dice Rico, la única forma digna de tener talento es derrochándolo. Si aprovechas tu talento es que realmente no lo tienes. En España, de eso también va la novela cuando habla de Barcelona 92, hubo una irrupción muy brusca de la modernidad y entraron a la vez músicas, objetos de consumo y determinadas sustancias que la gente fue descubriendo sobre la marcha y por la que muchos cayeron.

Con la familia, con los libros, con la ciudad, con el amor... ¿Es «Simón» una novela de desilusiones?

Es lo que hablábamos del pop. Me gusta que mis historias tengan el tono de esas canciones aparentemente alegres que te cuentan cosas tristes, que no renuncian a ser canciones luminosas pese a cantar de algo jodido. Hay desilusión porque las novelas, igual que las pelis o las canciones, son más bonitas que la vida. Por muy dura que sea una novela, siempre será más dura la vida. Hay una desilusión de Simón con sus raíces, una desilusión generacional... Es muy premeditado que la novela empiece con las Olimpiadas y la fe acrítica con la modernidad que despertó, y que acabe con los atentados de 2018.

La fe es esa flecha que todos creímos que había entrado en el pebetero.

Claro. Lo vimos todos. Y no fue solo porque estuviera bien hecho el truco sino porque nos lo queríamos creer. Y esa es la metáfora que mueve todo el inicio de la novela. Esa flecha fue la promesa de que todo iría bien y que no habría que pagar nada a cambio.

«Simón» también habla de clases sociales, de cómo las clases bajas aspiran a ser altas y las altas sienten fascinación por las bajas. ¿Falta odio interclasista?

Falta más conciencia. Lo otro ya vendrá depende de cómo te traten. Pero empiezo a pensar que hay más conciencia de clase entre la gente privilegiada que entre las más humildes. Sí considero que puede ser útil una especie de odio de clase retráctil, que te sale cuando te atacan. Y desde luego, lo que quiere la novela es hacer visible de dónde vienen los privilegios.

Esos burgueses catalanes con un antepasado esclavista de los que se hace amigo Simón.

Como escribió Balzac, «toda fortuna esconde un crimen». Te topas con un cachorro de la alta burguesía e igual es buen tipo, pero está muy bien que sea consciente de sus privilegios. En la novela hay una intención de rastrear de dónde viene el dinero para obrar en consecuencia.

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