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MÚSICA CRÍTICA

Sentando cátedra

No pudo ser más convincente Carlos Apellániz, pianista vasco radicado en Valencia, en la primera audición de la OV de la infrecuente Sonata del Sur, del alicantino Óscar Esplá. Como género, el concierto de piano no ha tenido fortuna entre los compositores españoles, y menos los valencianos. Los ejemplos de Rodrigo y Palau dan fe de su corto recorrido. La sombra de las Noches, de Manuel de Falla, oscureció al resto.

La de Esplá es una obra plena de luminosidad que incluye innumerables dificultades técnicas, con momentos de influencia francesa y fecunda instrumentación, por momentos excesiva. ApellánIz hizo una versión elegante y nítida -nunca tímida-, desgranando el discurso del teclado, asombrosamente articulado desde su juego prudente, en el que sobresalen el control relajado de las muñecas y un doigté seguro, con un brillo diáfano principalmente por su calidad sonora. No menos relevante fue el apoyo del juego de pedales, que el solista aplicó sin excesos. Su versión sentó cátedra y debería escucharse en muchos más escenarios de la CV. El maestro Liebreich cuidó al máximo al ensemble orquestal, siempre preciso para no eclipsar la línea del solista, en una partitura en la que Esplá abundó sin límites. El bis de Rachmaninoff desató una gran ovación.

Presentar una obra contemporánea como Für Lennart in memoriam, de ArvoPärt resulta siempre más que saludable tanto para la orquesta como para el público. Son otros mimbres y hay que saber manejarlos. Y por supuesto, escucharlos. Sentida atmósfera la obtenida por el maestro bávaro en esos cortos 7’ que dura la pieza, escrita desde la más intensa intimidad.

Plato fuerte de la velada en Les Arts fue la Primera Sinfonía Op. 68, de Brahms, obra que muestra toda la frondosidad y la espesura de aquel momento romántico. La Orquesta de València parece que le va pillando el QR al maestro i viceversa. Lento pero viene. Se les percibe como contagiados de calma, contentos, incluso sonrientes detrás de la mascarilla. Liebreich ha reconvertido los metales de dominantes en dominados, ha matizado la madera y las cuerdas responden con generosidad a sus demandas. No hay muchos más secretos que esa interactividad basada en la confianza mutua. La seducción derrochada en el 2° tiempo del Brahms lo confirmó.

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