El Jardín del Túria, el río verde que vertebra la ciudad de oeste a este, fue el primer proyecto de la nueva València y la gran aportación de modernidad de Ricardo Bofill a la ciudad. El plan especial del Jardín del Túria diseñado por el arquitecto catalán y aprobado en 1983 fue «un soplo de modernidad que nos hizo ver que otra València era posible, que podíamos hacer proyectos ambiciosos cuando todo aquí era pesimismo, teníamos el problema de la urbanización del Saler, el centro histórico estaba amenazado y los camiones pasaban por el centro de la ciudad», explica el arquitecto y padre del actual PGOU, Alejandro Escribano.

A principios de los años 80, una vez suspendido el plan desarrollista que pretendía convertir el lecho seco del Túria en una autopista urbana, surgió un intenso debate sobre los usos y el diseño del viejo cauce. Unos sectores abogaban por crear un gran bosque urbano y otros por aprovechar el cauce para construir dotaciones y servicios. Al final se impuso la idea de buscar a un profesional de prestigio de fuera que pusiera orden . El elegido fue Ricardo Bofill. El encargo se hizo, no sin críticas de la oposición del PP que cuestionaba a Bofill «por catalán y comunista», en septiembre de 1981 recuerda el entonces alcalde, el socialista Ricard Pérez Casado, que conoció al arquitecto años antes, cuando cursaba estudios en Barcelona y con quien compartió inquietudes políticas y amistades.

Del fichaje del arquitecto barcelonés, fallecido ayer a los 82 años, que ya entonces gozaba de prestigio internacional, se encargaron directamente Alejandro Escribano y el entonces concejal de Urbanismo, el abogado Juan Antonio Lloret. Ambos viajaron unos meses antes del encargo oficial a Sant Just Desvern donde estaba y está el estudio de Bofill para proponerle que diseñase el proyecto del Jardín del Túria.

Bofill «aceptó, aunque tuvo dudas al principio porque vio que había posturas enfrentadas, pero le hicimos ver que era un proyecto crucial y como al final le gustaban las propuestas con carga polémica aceptó», explica Escribano.

Con los años, el Jardín del Túria fue una de sus mayores satisfacciones profesionales, asegura Ricard Pérez Casado. Así se lo trasladó el arquitecto barcelonés al alcalde hace cinco años cuando ambos se reencontraron en una visita de este a la ciudad relacionada con su último encargo privado para la construcción del que será el rascacielos residencial más alto de la capital, el Kronos Homes, que se está construyendo frente al Palacio de Congresos. «Queríamos ver como se vive el jardín y escuchar lo que decía la gente». «Es un jardín de todos y en el que se hace de todo». El resultado no pudo ser más satisfactorio.

El mejor reconocimiento para Bofill, que desarrollo directamente los tramos de lenguaje neoclásico del Palau de la Música, proyecto estrella de Pérez Casado, «era el trabajo bien hecho y aceptado por la gente» y el Jardín del Túria, aún inacabado en sus tramos finales, cumple con creces.