Ricardo Bofill apenas tenía 23 años cuando llegó a Calp para trabajar en un proyecto impulsado por su padre, el arquitecto Emilio Bofill. El joven acababa de fundar el Taller de Arquitectura y estaba ávido por empezar a aplicar las lecciones de arquitectura recibidas en Ginebra. En 1963, en unos terrenos junto a la cala de La Manzanera el joven Bofill iniciaba la construcción de la urbanización Plexus y, con ella, una carrera que le ha llevado a ser uno de los arquitectos españoles de máyor proyección internacional.

Bofill ha fallecido a los 82 años en Barcelona, su ciudad natal, dejando como legado obras memorables como el Hotel Vela y el Teatre Nacional de Catalunya, el edificio Walden, el Parque Manzanares de Madrid y, como no, el nuevo Jardín del Antiguo Cauce del río Turia, el gran eje vertebrador de Valencia. Aquí presentó en 2019 uno de sus últimos proyectos, el rascacielos Ikon, el nuevo edificio más alto de la ciudad.

Nacido en 1939, Bofill había sido expulsado en 1957 de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona por sus ideas políticas. Terminó sus estudios en Suiza y fundó un grupo multidisciplinario con arquitectos, ingenieros, sociólogos y filósofos, con quienes impulsó innovadores conjuntos de vivienda colectiva como el edificio Walden 7 de Sant Just y la icónica Muralla Roja de Calp. Con aquel plan de la Manzanera, Bofill quería desarrollar una concepción del planeamiento en armonía con el paisaje que intentaba marcar una pauta a seguir para las futuras urbanizaciones turísticas.

Su primera edificación en La Manzanera fue Plexus, una urbanización adaptada a la orografía siguiendo el modelo aterrazado de los cultivos mediterráneos. Fue la primera declaración de intenciones de Bofill. Su relación con la accidentada costa de Calp continuó con Xanadú, un edificio de apartamentos a modo de roca que emerge del acantilado, y con la laberíntica Muralla Roja, el edificio más representativo de La Manzanera. Su último encargo ellí fue el conjunto de viviendas de lujo del El Anfiteatro.

A lo largo de su carrera, Bofill destacó por cuestionar el pensamiento dominante en arquitectura, una filosofía de la que surgieron alrededor de mil obras en 40 países, caracterizadas por su arraigo al lugar y por un fuerte componente de innovación y riesgo. En su currículum también destacan obras como la Place de l'Europe de Luxemburgo, la Nueva Castellana de Madrid, el barrio Antigone en Montpellier, la sede del INEFC y la Nueva Bocana del puerto de Barcelona, la remodelación y ampliación del aeropuerto del Prat, el Casablanca Twin Center en Marruecos, la sede corporativa de Shiseido Ginza en Tokio y la de Cartier en París, o el complejo Cita del Center de Chicago.

La década de los 80 del siglo pasado fue la que consolidó a Bofill internacionalmente. La iniciaba con el gran proyecto de los Jardines del Túria de València, impulsado por el entonces alcalde Ricard Pérez Casado y adjudicado a Taller de Arquitectura en 1981. Lo que la dictadura quería convertir en una gran autopista que atravesara València, acabó siendo un espacio público de jardines, pistas deportivas y edificios culturales. Bofill fue el encargado de diseñar el proyecto y de desarrollar los tramos situados entre los puentes del Mar y del Ángel Custodio.

«Es una suerte tremenda haber sacado de un problema un proyecto fantástico para la ciudad. Es un parque lineal que tiene una dimensión muy buena. Ese modelo se ha trasladado a otras partes del mundo y no lo saben hacer», aseguraba Bofill en una entrevista concedida en 2019 a Levante-EMV, cuando presentó en València uno de sus últimos proyectos, el edificio Ikon, cuyas obras terminarán en 2023.