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Alex Esposito | Cantante lírico.

"Si lo miro con ojos de niño, actuar en La Scala o en Les Arts es un sueño realizado"

«Me van los estímulos», confiesa el bajo-barítono

«Si lo miro con ojos de niño, actuar en La Scala o en Les Arts es un sueño realizado»

El bajo-barítono italiano, natural de Bérgamo (1975), es uno de los cantantes líricos más reconocidos. Especialista en Mozart y Rossini, actuará en Les Arts con «Les Contes d’Hoffman», de Offenbach.

¿Cuándo empezó su relación con la música?

Siempre he tenido relación con la música, porque para quien se dedica este oficio, no es algo que se elija sino que has sido elegido, y por tanto es una vocación que tenemos dentro de nosotros. Hay quien está destinado a un arte, quien ha sido elegido para hacer música, teatro, para hacer arte… Así que desde que era pequeño. No recuerdo un día en concreto en el que dije «amo la música», porque siempre la amé.

¿Cómo y cuándo decidió centrarse en la ópera?

Recuerdo que vi con mis padres la inauguración de temporada en La Scala con «Nabucco» en el 86. Era muy joven, tenía once años, pero quedé totalmente emocionado con esa forma de espectáculo que nunca había visto en vivo. Fui allí de forma accidental, había sitio y fui, y quedé muy impresionado con la música. No la sabía valorar como la valoro ahora, pero aquel espectáculo suntuoso, con un exquisito vestuario, con unas voces increíbles, la dirección de Riccardo Muti, el marco del Teatro alla Scala, que para la inauguración estaba cubierto de flores… quedé totalmente fascinado y volví a casa en una especie de trance que duró días. Así empecé a comprender que quizá esta era la forma de espectáculo que más me gustaba. No sabía que podría hacer, si cantar, dirigir, tocar… pero dentro de mi corazón sabía que eso era mi luz al final del túnel.

¿Cómo es para usted poder actuar en teatros tan emblemáticos como La Scala de Milán, la Wiener Staatsoper o la Deutsche Oper de Berlin?

La verdad es que si lo miro con esos ojos de niño, es un sueño realizado. Trato siempre de que no se convierta en una rutina, que haya siempre algo de especial, ya sea en La Scala, Les Arts, o en un pequeño teatro europeo. Si nos habituamos a los cosas bonitas que tenemos, nos hartamos y no lo valoramos, y así puede empezar el declive del estímulo artístico, del querer hacer, del querer experimentar… Creo que hay que intentar no acomodarse nunca por el hecho de haber llegado a La Scala, a Les Arts de València, o incluso a un teatro menos prestigioso. Cuando hay días malos, trato siempre de recordar que, cuando era pequeño y tenía la suerte de tener una entrada para la ir a La Scala, vivía con gran emoción las semanas anteriores, porque esperaba que quien estuviera encima del escenario, lo daría todo para mí. Así que me gusta siempre imaginar que, en alguna parte, también hay un niño que, como yo, espera con emoción el poder ver ese espectáculo. Para mí es un estímulo muy fuerte.

Es uno de los intérpretes de Rossini más aclamados. ¿Cuáles son sus mayores retos al interpretarlo?

Con Rossini tengo una relación de amor y odio. Amor por la belleza de su música y por la satisfacción que da, y odio porque ha escrito cosas terribles, en el sentido de dificilísimas, para voces totalmente entrenadas. No existe una frase de Rossini que se pueda tomar a la ligera. Interpretarlo es agotador, pero todas las cosas agotadoras al final son las que mayores satisfacciones te dan. Así que supone un gran ejercicio teatral, vocal y de concentración, por lo que es también una gran escuela.

Interpretará «Les contes d’Hoffmann» por primera vez en València. ¿Qué podemos esperar?

Un viaje al interior del psicoanálisis freudiano, de los miedos, de los traumas infantiles de cada uno de nosotros, pasando de argumentos más frívolos a miedos escabrosos de infancia, donde el diablo es el conductor de este viaje. He hecho y hago psicoanálisis, y tengo que decir que veo al psicoanalista un poco como al diablo, en el sentido de que cada uno de nosotros tiene sus miedos en el interior, que siempre han estado escondidos y cómo el diablo los saca fuera para vencerlos.

En «Les contes d’Hoffmann» usted canta los cuatro papeles de villano.

Sí, es tradición que todos los roles sean cantados por un solo cantante, y es muy exigente porque son cuatro roles, pero también es muy bonito porque se puede jugar sobre las diversas personalidades de ser demoníaco, es decir, el más divertido, el más frívolo, el más temible…

¿Es difícil para usted cantar en idiomas diferentes al suyo?

Sí, es difícil cantar en un idioma que no es el mío cuando se está en la fase de estudio, pero precisamente porque no dominas el idioma, estás más obligado a estudiar el significado, el fraseo, la pronunciación… En cambio, cuando se trata de tu propio idioma, como sabes lo que estás diciendo, es como si pusieras el automático y el escenario no es eso. No estás hablando, ni te estás comunicando con una persona a dos metros de distancia, y debes de ser muy, muy claro en lo que dices, y, sobre todo, en lo que expresas. Además, tienes que saber lo que ha sucedido antes y también lo que sucederá después.

¿Alguna vez ha intentado cantar algo diferente a la ópera?

No, porque nuestra impostación vocal es muy especial, no sería capaz de afrontar un repertorio así, desde el punto de vista físico le sentaría mal al instrumento vocal. Tampoco un cantante de pop podría cantar ópera.

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