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Del punk a todo lo demás: cuarenta años de Seguridad Social

La banda de José Manuel Casañ celebrará sus cuatro décadas con gira especial y un libro-disco

José Manuel Casañ, líder de Seguridad Social, el pasado viernes en restaurante Raff’s de València. Germán Caballero |

Estamos en 1982, en el ambulatorio de Benetússer, donde dos chavales esperan a que les atienda el médico de guardia. Se llaman Santi y José Manuel, son amigos casi desde la guardería, cantaron juntos en un coro infantil y, ya algo más mayores, lograron cierta fama local con su escenificación de «Jesucristo Superstar». Santi interpretaba el papel de Cristo y José Manuel, el de Judas.

Del punk a todo lo demás: cuarenta años de Seguridad Social |

La afición por la música les llevó después a montar un grupo, Paranoicos, y la afición a la fiesta y la gresca les llevó a partirse la cara en más de una ocasión y de acabar, como aquel día de 1982, haciendo cola en un ambulatorio. «Estábamos allí de risa, íbamos de resaca y queríamos cambiar el nombre de Paranoicos porque nos parecía desfasado», contaba José Manuel hace ya unos cuantos años en un libro del periodista Juanma Játiva. «Primero dijimos ¿por qué no nos llamamos Ambulatorio? Luego pensamos de cachondeo en llamarnos Seguridad Social».

Aquello ocurrió hace 40 años, Santi Serrano acabó dejando la música pero José Manuel -Casañ- continuó al frente de la banda, de Seguridad Social. Cuatro décadas de música, de miles de conciertos, de decenas de canciones -algunas de ellas, tatuadas en el inconsciente musical colectivo- y un buen puñado de discos. 40 años de diversión, fama, bajones y lucha.

Del punk a todo lo demás: cuarenta años de Seguridad Social

«Esto no es una carrera, el éxito no es una línea ascendente -explica Casañ-. No hace mucho vi un documental sobre los Bee Gees y allí también se ve cómo puedes estar arriba del todo, llegar al infierno más absoluto, estar arriba otra vez, bajar y acabar convertido en un mito». Y añade: «Yo nunca me he planteado que mi mejor época ya ha pasado, sé que mi éxito grande todavía no ha llegado. Y sé que estoy cerca de él porque en todo este tiempo he aprendiendo mucho».

Algunos amigos siguen conociendo a José Manuel como «el Rocker». Él lo lleva con orgullo aunque en estos 40 años ha demostrado que su concepto del rock va más allá de un apodo y de lucir chupa de cuero y gafas de sol en las fotos. «Primero fuimos punks, después nos latinizamos y después escarbamos en nuestras raíces mediterráneas. Siempre he dicho que si un pintor puede tener diferentes etapas y un escritor tocar diferentes géneros, un músico tampoco tiene que quedarse con lo mismo siempre. A mí, en particular, me aburre mucho repetirme».

Casañ está convencido que su desazón estilística, la que se intuía en «Comerranas» o «Mi almohada está preñada», ya latía en los orígenes punk de Seguridad Social, fieles discípulos de otros orgullosos heterodoxos como fueron los Clash. «Cuando montamos el grupo nuestros conocimientos musicales eran muy básicos. Por fortuna una de la consignas del punk era el hazlo tú mismo, no hace falta ser un virtuoso. Eso nos dio alas».

Empezaron, reconoce Casañ, siendo «muy básicos y muy animales». «Luzi es una zorra» o «Mata a un jubilado», de su primera maqueta, dan cierta idea de ello. Pero entre aquellas letras desaforadas empezaba a asomarse también la inquietud de un joven que, entre conciertos y horas de trabajo en el horno familiar, subrayaba párrafos de ‘El lobo estepario’ y los convertía en canciones como «Controla tus yo-yos».

Salvados por el bakalao

A principios de la década de los 80, ser punk en València era incluso más extraño que en otros lugares. «De hecho -recuerda Casañ-, en algunas entrevistas los periodistas madrileños creían que éramos de Euskadi y que pertenecíamos al Rock Radikal Vasco. Nos costó mucho trabajo que nos hicieran caso, porque lo único que se miraba en València en aquellos momentos era el technopop».

La irrupción del bakalao fue fundamental para que Seguridad Social encontrara su camino. «Dejamos de ir a las discotecas, y nos encerramos en nuestras aldeas tipo Asterix, en los bares en los que estábamos hasta la madrugada y de ahí íbamos al local de ensayo. Eso nos enseñó muchísimo». Gracias a su manager, Miguel Giménez, dueño de la tienda de discos Zig-Zag, la banda accedió a un montón de música internacional y, con ella, a una apertura mental que les llevó más allá de los orígenes. «Mucha gente nos dijo que nos habíamos vendido, cuando precisamente para nosotros el punk era una ventana abierta, no una cosa sectaria».

Fue entonces cuando Seguridad Social empezó a explorar otros mares, cuando se atrevió con el reggae («Elvis la Pelvis») o con el hip-hop en esa barbaridad que es «Que te voy a dar». «El primer hip-hop que se hizo en España», proclama orgulloso Casañ. En ‘Que no se extinga la llama!’, su disco de 1991, cristalizaron todas las inquietudes musicales que había enarbolado el líder de Seguridad Social. «Justo después de ‘Introglicerina’, que es mucho más monolítico, yo ya estaba en otras cosas. Estábamos girando por Francia y allí pensé que estaba bien que nos gustase el rock, pero que lo podíamos mezclar, mirar qué pasaba si juntábamos a los Clash con Peret».

Deserciones y éxito

Si antes habían sido los punks ortodoxos los que deploraban la apertura musical del grupo, ahora eran los propios compañeros de Casañ los que no estaban dispuestos a seguir sus exploraciones hacia el merengue, la salsa o el flamenco. Casañ se quedó solo, renovó la banda y el éxito no tardó en llegar. En aquel disco estaba «Chiquilla», clásico del rock hispano con 23,5 millones de reproducciones a día de hoy en Spotify. En el siguiente disco, ‘Furia latina’, aún hay otra canción del repertorio de la banda con más escuchas (38,5 millones): «Quiero tener tu presencia».

Aquella fue la época de mayor fama para Seguridad Social, la de las giras por toda España y los conciertos en Europa y Estados Unidos. Hacía años que una banda valenciana no alcanzaba una popularidad parecida. En una viñeta de ‘La encrucijada’, el cómic-disco de Paco Roca y Seguridad Social publicado en 2017, Casañ ejemplifica las dimensiones del éxito con la historia del camión que llevaba el equipo del grupo y que era tan grande que no pudo pasar por debajo de un puente.

Quizá fue aquel el pico en la carrera de Seguridad Social. Siguieron los discos y la picazón estilística, la exploración hacia el Mediterráneo que se escucha en ‘Otros Mares’ y ‘Puerto Escondido’, pero también la crisis de la industria y las cifras de ventas cada vez menores. Reconoce Casañ que, si bien la ilusión por subirse a un escenario no ha menguado, sentarse a componer ya no es una urgencia.

«Con las rupturas sentimentales o cuando las cosas no salían, el ingenio se agudizaba. Pero cuando estás bien, estás en otras cosas», explica. «Siempre estoy con la antena puesta, apuntando miles de cosas, pero es cierto que cuando no te tienes que comer la hierba, no tienes que demostrar nada, la forma de componer es diferente. Ahora escribo cuando las canciones vienen y me dicen ‘José, va, que tienes que escribirme’»

Presume José Manuel de que Seguridad Social nunca ha dejado de girar, que el escenario siempre está ahí. De hecho, la pasada semana actuó en el Wizink Center de Madrid junto a unos cuantos compañeros de generación y estos días anda preparando un par de conciertos en 16 Toneladas para revivir el ‘Introglicerina’, el disco que Seguridad Social grabó en 1990 con Andy Wallace, el productor que un par de años después se dedicaría a pulir el ‘Nevermind’ de Nirvana.

Y para celebrar estos 40 años de carrera, Seguridad Social planea un gran concierto en València con varios invitados que, de momento, prefiere no revelar. Y, siguiendo el camino innovador de ‘La encrucijada’, sacará un libro-disco que interpretará con artistas latinoamericanos. Casañ sigue en lo suyo, ocupado cuatro décadas después en que no se extinga la llama.

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