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MÚSICA CRÍTICA

Escaleno más que equilátero

Volvió el Trio Sora, brillante grupo francés que hace justo un año debutaba en Valencia si bien, ahora, con otra violinista y, de nuevo, su compositor de cabecera, que tanto éxito les ha reportado.

Suelen dar especial protagonismo a las creaciones femeninas del XIX, XX y XXI, aunque en esta ocasión sus entregas se limitaron a Beethoven y Schubert, una oportunidad desaprovechada para poder escuchar sus versiones de Lily Boulanger, Germaine Tailleferre, Camille Pepin, Michèle Revèrdy, Lena Auerbach o también de Kagel, Henze o Weinberg. Un repertorio que ellas conocen a la perfección y nosotros menos.

Dicho lo cual, las Sora forman un triángulo más escaleno que equilátero, definido por la diversa entrega de cada instrumento. No hay duda que Angèle Legasa cautiva por la calidad y perfume de su sonido; que el juego preciso y la nitidez de Paulina Chenais atrapa por su precisión en el ataque, mientras que a Amanda Fevrier se la percibió menos decidida y más tímida. Las tres forman un conjunto sintonizado, desenvuelto y hasta explosivo en la poco agradecida acústica del Almudín, la cual no es fácil de controlar desde esa corta distancia.

Por todo ello, si el año pasado nos sorprendieron con Mendelssohn y Beethoven, repertorio amable y complaciente donde los haya, habernos descubierto otro tipo de estéticas menos habituales o, incluso desconocidas, hubiera mostrado su voluntad de compromiso y, por supuesto, ductilidad. Su magnetismo prendió pronto entre los socios de la Filarmónica valenciana, con ovaciones que motivaron un delicado bis de la también francesa Melanie Bonis (1858-1937). En definitiva, no hay que subestimar ningún público: una de las misiones del intérprete es acercar creadores y difundir las obras de su tiempo. Sería entrar en otra zona de confort.

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