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Pepe Domingo Castaño Locutor de radio

Pepe Domingo Castaño: "No me gusta que televisen la radio, pierde su encanto"

Leyenda viva de la radio, voz inconfundible de «Tiempo de juego» y autor de «Hasta que se me acaben las palabras»

Pepe Domingo Castaño en COPE València

Escuchar su voz es teletransportarse a "Tiempo de juego". Pepe Domingo Castaño, famoso por su forma de hacer publicidad, pasa por València para promocionar «Hasta que se me acaben las palabras».

El locutor comparte sus memorias en un libro en el que habla, con pelos y señales, del sonado incidente que le hizo cambiar la SER por la COPE, de su infancia y de su faceta de cantante.

Escribe el prólogo del libro Julio Iglesias ni más ni menos. Hábleme de eso.

El prólogo nació de mi amistad con Julio, que se remonta al año que ganó el festival de Benidorm, en el año 68. Un día me llamaron de su compañía de discos para pedirme que fuera al estudio donde estaba grabando una canción en gallego y quería que le echase una mano. A partir de ahí nos hicimos amigos. Cuando canté y fui número uno en América inesperadamente, porque no lo esperaba ni yo, él me preguntó si me iba a dedicar a esto, y le dije que no. Entonces él me dijo: “Tú eres gilipollas, a mí me ha costado ser número uno en México muchos años, y tú en tres meses lo has conseguido. ¿Sabes lo que es eso?” Y no, no lo sabía porque a mí no me había costado nada. Y cuando él leyó que iba a publicar un libro, me preguntó: “¿Hablas de mí?”. Y le dije: “Cómo no voy a hablar de ti, te dedico un capítulo”. Se lo envié, le encantó y entonces aproveché y le pedí que me escribiese el prólogo. Inmediatamente me dijo que sí y la semana siguiente me lo mandó.

Ha comentado que tuvo una etapa de cantante. ¿Cómo empezó y cómo terminó?

Empezó porque yo, cuando era joven, era muy verbenero, y en Padrón subía a las orquestas a cantar. Y me dejaban. Entonces pensé: "cuando me dejan cantar es porque no canto mal". Y me dije: “Si algún día puedo, grabo un disco”. Cuando llegó la oportunidad estaba ya en Madrid haciendo radio y televisión. Cuando encontré la canción adecuada lo grabé, que fue la de “Neniña”, de mi hermano Fernando y el cantante Emilio José. Fue un éxito. Y terminó cuando un día un empresario mexicano me ofreció un cheque en blanco para cantar en directo 80 o 90 galas al año. Yo ahí me acojoné un poco, y dije que no. Yo quería hacer radio. Le devolví el talón y ahí acabó mi carrera musical. Dejé de cantar y seguí con la radio, hasta hoy. Nunca me he arrepentido de haberlo hecho.

El libro se divide en dos partes. En la primera habla de su infancia. Un niño que iba para fraile, pero acabó de locutor. ¿Qué tenía la radio que le llamaba tanto desde tan joven?

Me di cuenta de que la radio era el sonido de la vida que vivíamos en el pueblo. Mi recuerdo de infancia es tener las ventanas de mi casa abiertas, mi madre trabajando y la radio sonando dentro de casa, pero también en la calle. Las canciones de Antonio Molina, los discos dedicados, las novelas… Un día oí a Bobby Deglané hacer el programa “Cabalgata fin de semana”, que era una radio espectáculo donde mezclaban todo. Y yo supe que quería ser como él. Cuando Bobby se fue apareció otro fenómeno, Joaquín Prat. Para mí es el Dios de la radio de la historia de este país. Conjuga todo lo que tiene que tener la radio: alegría, información, diversión, espontaneidad, improvisación… Y yo siempre quise ser Joaquín Prat. Cuando Joaquín me dio la oportunidad en “Carrusel Deportivo” solo me dijo una cosa: “No seas yo, sé siempre tú”. Eso me quedó grabado.

En el libro también habla de ese contrato con “Carrusel Deportivo”, que dice que fue el mejor de su vida. La cosa acabó regular, eso también lo explica, pero, ¿cómo recuerda aquél tiempo?

De lo más bonito de mi vida. Yo empecé con Joaquín Durán, luego Antonio Martín Valbuena y luego Paco González, que revolucionó la radio, le dio un vuelco a “Carrusel Deportivo” y lo convirtió en un programa número uno añadiéndole nuevos ingredientes, agilidad, confiando en la publicidad… Lo recuerdo como una explosión de alegría.

También habla de los cambios que ha sufrido la radio como medio en los últimos 50 años. ¿Qué futuro le augura?

Espléndido. La radio tiene el mismo futuro que tuvo hace un montón de años cuando se inventó la tele. En una batalla entre la imagen, esa que dicen que vale más que mil palabras, en el lado contrario está la imaginación, y la radio tiene eso maravilloso que es la imaginación. Por eso a mí no me gusta demasiado que ahora nos estén televisando mientras hacemos el programa, porque la radio, con esa exposición, pierde el encanto. No te imaginas lo que está pasando en el estudio, lo estás viendo, y le estás quitando el encanto. Yo estoy luchando para que no nos emitan en directo. Está muy bien lo de YouTube, pero yo no estoy de acuerdo. La radio es radio y la tele es tele.

Pero se está viendo como quizás el futuro de la radio va por ahí…

Sí, desgraciadamente va a ir por ahí, por televisar la radio, y eso no me gusta. De todas maneras, creo que la radio es tan potente que volverá a su cauce con el tiempo. Volverá a ser esa radio imaginativa en la que todos creemos, y no esa radio de exposición total que le quita el encanto que debe tener.

Como periodista joven, puedo asegurar que hay mucha gente que sale de la carrera muy ilusionada con la radio. Desde su punto de vista de años en la profesión, ¿qué opina de las nuevas generaciones?

Creo que tienen que aportar más. Cuando me preguntan qué pasará cuando yo me vaya, yo me pregunto a mí mismo: “¿Va a haber otro Pepe Domingo que va a hacer lo mismo que hago yo?”. No me gustaría. Me gustaría que saliese un chaval o una chavala joven que rompiese moldes. Creo que la radio necesita ese cambio, necesita el aporte y la vitalidad de la juventud. ¿Por qué sigue Carlos Herrera o, hasta hace poco, Luis del Olmo e Iñaki Gabilondo? Seguramente porque no hay gente joven que esté dispuesta a hacer lo que hicieron ellos. De vosotros depende la radio del futuro. Creo que la juventud está alejándose de la radio. Quizás con las carreras de comunicación esté volviendo el interés. Pero no tenéis que limitaros a hacer radio simplemente. Hacer radio es muy fácil, hacerla bien es más difícil, y ya inventar, no te digo nada, pero ahí está el truco.

Volviendo al libro, lo escribió en dos veces, con muchos años de por medio.

Escribí la primera parte porque en aquel momento necesitaba escribirlo. Se me ocurrió un día que estaba bajo de forma, porque me refugio escribiendo. Empecé a escribirlo a mano, porque me inspiro más. Me salieron un par de frases buenas pero, en conjunto, no me gustó nada. Lo metí en un cajón pensando: “Si cuando me muera mis hijos quieren publicarlo, que lo publiquen”. Y ahí estuvo hasta que en una entrevista me preguntaron por él. Esto lo oyó Juan Luis Miravet y me mandó un correo diciendo: “Crees que es muy malo, pero eso no lo tienes que decir tú”. Al final me convenció y se lo envié, y mi sorpresa fue que dijo que era una maravilla. “Tengo en las manos un best seller, pero para publicarlo necesito que escribas la otra parte”. Así que me puse a escribirlo. El primer capítulo lo escribí en una mañana, y a partir de ahí no pude dejar de escribir porque me iba saliendo todo solo. ¡Y con ordenador!

¿Habrá algún otro?

No. Hay una vida que merecería la pena contar, que son mis aventuras, mis amigos, mis viajes… pero creo que con esto ya he terminado.

Los beneficios obtenidos los donará a Cáritas y Aesleme. La labor de Cáritas es conocida, pero hábleme de Aesleme.

Es una asociación que se dedica a estudiar casos de problemas de médula espinal relacionados con accidentes de tráfico. Para prevenirlos, tratarlos y repararlos. Al ver a la gente, muchos jóvenes, que no pueden moverse, me dio mucha pena. Se lo iba a destinar todo a ellos, pero tengo mucho cariño a Cáritas, creo que hacen la mejor labor en este momento por los demás, y me pareció una bonita manera de pagar todo lo que la vida me ha dado.

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