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Jorge Martí (La Habitación Roja): "Me he roto cuando no he estado a la altura"

Jorge Martí (La Habitación Roja) describe en «Canción de amor definitiva» la trastienda del éxito en la industria española de la música

Jorge Martí, de las piscinas de l’Eliana a los porches nevados de Molde. |   I. ØVERÅS

Jorge Martí, de las piscinas de l’Eliana a los porches nevados de Molde. | I. ØVERÅS / Voro Contreras. València

Voro Contreras

Voro Contreras

València

¿Ha escrito Jorge Martí, líder de La Habitación Roja, la más atípica de las biografías de un músico de rock? Es bastante posible. Aquí no hay drogas, sexo desaforado, fama, caída a los infiernos y redención. El protagonista de ‘Canción de amor definitiva’ -que publica Plaza y Janés y que Martí presentará este viernes en el Centre del Carme con Rafa Lahuerta-, toma mescalina sin saberlo, vive escenas de amor tiernas y poco épicas y acepta que su banda nunca será tan grande como los Muse pese a haber compartido con ellos hace ya muchos años la letra pequeña del cartel de un festival.

Lo de que hay poca droga Jorge lo admite y lo justifica: «Yo viví la ruta desde los inicios, empecé a salir en el 86 y mis amigos iban fuertes desde el principio -explica a Levante-EMV en conversación telefónica desde su casa en Molde, Noruega-. Por eso, cuando esas cosas las he vuelto a ver en el mundo de la música, me han parecido hasta infantiles».

Lo que sí rebate es que en su vida no haya habido caída y redención. «La ha habido, pero no al uso -asegura-. La caída en los infiernos es el desengaño mayúsculo que me llevo con la industria de la música y con la gente que creo que es mi amiga y no lo es. Mi mujer siempre me dice que no he de ser amigo de la gente con la que trabajo, que ni siquiera me tiene que caer bien. Pero nunca he querido fallar a nadie y me he roto cuando no he estado a la altura. Eso me ha hecho mucho daño».

Una historia de amor

La de Jorge Martí es una autobiografía tan transparente como sus canciones. Quien haya escuchado a la La Habitación Roja sabrá que el músico de l’Eliana es poco de esconder sus sentimientos. «Un libro com o éste no puede ser una hoja de promoción y por eso ahora que está a punto de salir siento tanto vértigo, porque, como cuando hago una canción, aquí cuento cosas muy personales».

Martí está a punto de cumplir 50 años y ha contado lo que lleva de vida en un libro de 450 páginas. Esta es la historia de un músico y la de una de las bandas españolas más importantes de las últimas décadas,. Pero también es una reflexión desengañada sobre la industria cultural y el relato de una doble vida que un día lleva a su protagonista en volandas sobre el público de un festival y al siguiente a cambiarle los pañales a un anciano en la residencia noruega en la que trabaja de enfermero.

Pero, sobre todo esta es una historia de amor definitiva, la de Jorge con Ingrid, su esposa y madre de sus dos hijas. «Para mí es lo más importante de mi vida y por eso es el eje del libro, siempre ha sido mi inspiración. La vida está llena de casualidades que marcan tu camino y a mí la casualidad de encontrarla y seguir con ella me sigue pareciendo increíble».

Muchos de los capítulos están dedicados a cómo la dura y muchas veces poco comprendida enfermedad de su mujer -una encefalomielitis miálgica-, ha acabado determinando la vida familiar y la carrera artística de Jorge. «Crees que las cosas malas siempre les pasan a otro, hasta que te das cuenta de que lo malo es parte de la vida y de que, cuando te pase a ti, tendrás que salir adelante de la mejor manera posible».

Hijos de la València de los 80

Con referentes como el ‘Cosas que los nietos deberían saber’ de Mark Oliver Everett, la biografía que Agassi escribió junto a J. R. Moehringer o la serie ‘Mi lucha’ del noruego Karl Ove Knausgård, Martí recuerda en los primeros capítulos de ‘Canción de amor definitiva’ su infancia y adolescencia en l’Eliana, y la escena musical valenciana de los 80 y 90.

«La Habitación Roja es hija de ese tiempo, de esas tiendas de discos, de esos grupos y de esas discotecas, de los diseñadores y de los periodistas musicales. Visto con perspectiva, aquel fue un tiempo y un lugar muy interesante en el que crecer. Salíamos de una dictadura, hubo una explosión del blanco y negro al color que vimos de niños en la televisiones y luego vivimos en nuestras carnes ».

Entre piscinas de chalés, pisos de estudiantes, aspiraciones futbolísticas, aviones y ferrys, porches nevados y hospitales, Martí también recuerda los escenarios de La Habitación Roja y la amistad que le une con sus compañeros de banda. Esta visión panorámica de una trayectoria musical que se inició en 1995 y que sigue hasta hoy transmite -sin demasiado pesar, todo sea dicho- la sensación de que la banda ha tocado el éxito varias veces con la punta de los dedos pero que nunca ha dado el paso fundamental.

Martí recuerda, por ejemplo, cierto momento tras tocar el escenario principal del FIB en el que miró a Pau, el guitarrista de la banda, y ambos se dieron cuenta de que quizá aquello les había venido grande. «Fue una especie de golpe de realidad. Nunca le hemos tenido miedo al éxito como nos ha dicho algún manager, pero llega un día en el que te das cuenta de que estás metido en un mundo hiperprofesionalizado en el que los otros van armados con misiles con cabeza nuclear y tu llevas un tirachinas».

«Para nosotros ha sido difícil vendernos -concluye-, tanto en el sentido de bajarnos los pantalones como en el de demostrar lo buenos que somos. Pero más que el éxito, nuestro objetivo siempre ha sido hacer cosas que soportaran el paso del tiempo y que fueran de verdad».

Y pese a los reveses -«la vida no es un picnic», constata-, ni Martí acepta la frustración ni ‘Canción de amor definitiva’ la transmite. «Hubo frustración en su momento pero ahora no -asegura-. El milagro es que el presente sea el mejor momento. Uno de los mejores conciertos de mi vida fue el otro día en la Riviera, los dos últimos son de los mejores discos que hemos hecho y yo ahora voy a publicar un libro en una de las editoriales más importantes del país».

Al final, como canta Martí y repite ahora desde su casa en Noruega, «el camino es lo único importante». Y el camino que describe en ‘Canción de amor definitiva’ es el de una persona con una vida «extraordinariamente normal y con un punto vulnerable al que el tiempo le ha ido poniendo a prueba». Por eso cree que su «antibiografía» rockera tiene algo que no tienen las demás: «En este mundo de la pose en el que es tan fácil sentirse fracasado, es importante que alguien te enseña la trastienda».

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