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La pionera del neoflamenco llega a València

Belén Maya presenta en Espai Inestable, a través de una conferencia bailada basada en la improvisación, la propuesta 'Yo quiero ser humana'

Belén Maya Mora Levante-EMV

"Intento responsabilizarme de cómo me represento, del mensaje que emito y al mismo tiempo acepto que no puedo controlarlo y que su recepción depende en gran parte de la percepción de los demás, de la proyección de los demás. Intento no manipular los símbolos para mi propio beneficio…", es un frase de la última entrada del blog de Belén Maya, titulada "¿Qué bandera tienes tú?" sobre la guerra en Ucrania. En esta simple cita, se puede conocer la perfecta maquinaria de la filosofía de esta creadora, coreógrafa y bailaora que se revela como la pionera del neoflamenco. Porque ella quiere demostrar que otro flamenco es posible, desprendiéndose de lo accesorio y centrándose en lo esencial, en lo puro.

Con esta mentalidad, Belén Maya presentará los próximos días 14 y 15 de mayo en Espai Inestable de València la propuesta 'Yo quiero ser humana', una conferencia bailada que está basada completamente en la improvisación.

El público decidirá el desarrollo del espectáculo mediante un juego de azar, que irá colocando aleatoriamente los conceptos/piezas: repetición, disciplina, triunfo-fracaso, dolor, cuerpo, espacio, música, deconstrucción, mirada, tradición o tiempo.

Con 'Yo quiero ser humana', Belén Maya quiere mostrar "la humanidad, la vulnerabilidad del artista, su no-perfección y cómo la creación está hecha de elementos comunes y cotidianas que es posible reconocer en la vida", según ha manifestado a Europa Press.

Nacida en Nueva York en 1966 durante una gira de sus padres, es hija de los artistas Carmen Mora y Mario Maya y discípula de los maestros de la talla de Paco Fernández, María Magdalena, Goyo Montero, Carmen Cortés, Paco Romero y Rosa Naranjo, entre ellos, en el mítico centro Amor de Dios. Además, completó su formación artística en la Escuela del Ballet Nacional dirigida, en aquellos momentos, por María de Ávila, y en Italia, Alemania e Inglaterra, donde conoció las directrices de la danza contemporánea y clásica.

"Mientras la cultura no sea considerada como lo que es, un tesoro imprescindible para la evolución y el bienestar humano y mientras no se reconozca su importancia económica, los que la tenemos como profesión seguiremos siendo vistos como una élite de precarios (aquellos que suplican, desde su etimología), de niños mimados que ya deberíamos conformarnos con trabajar en lo que amamos. ¿O no lo sabíamos cuando empezamos, que dedicarte a la cultura significaba una vida de inestabilidad, e incluso de necesidad económica? Mi madre lo sabía, y porque lo sufrió tanto, quería que yo fuese farmacéutica", explica de forma reveladora en otra de sus entradas en el blog.

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