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El género imposible de Pérez Cruz

Silvia Pérez Cruz, en el Principal. Live Music Valencia

Convertir una canción sobre una poesía póstuma en la más tarareada del concierto es Silvia Pérez Cruz. Pese a no tener su mejor voz -avisó que era uno de sus últimos recitales de la gira de presentación de “Farsa”-, hizo como de monitora de campamentos estivales y puso a un entregado público a cantar el fantástico poema “Mañana”, que Ana Maria Boix dejó escrito para su funeral: “Cuando yo muera mañana, mañana, mañana / habrá cesado el miedo de pensar que ya siempre estaré sola, / que ya siempre estaré sola mañana, mañana”.

Soy un firme partidario de las terapias, pero las más infalibles y efectivas siempre son las individuales. Aunque con la dicción un poco cascada, que en absoluto importó al respetable, Pérez Cruz se marcó una actuación horizontal, lo que antes decíamos transversal. Tiene un indiscutible repertorio que en su último trabajo pone en diálogo con la Farsa Circus Band que la acompaña. Me gustan los artistas que se atreven con formatos nuevos, y las piruetas de la ampurdanesa en sus incursiones en poesía, cine, teatro y danza son desiguales.

Silvia Pérez Cruz, con la Farsa Circus Band. Live Music Valencia

Correctas en rancheras, tangos, vals y fados, todo con reminiscencias mediterráneas, pero cuando asume riesgos superiores, como en “Fatherless”, el noveno corte de “Farsa” con letra de Sylvia Plath, parece dispersa. Había visto el video de la canción dirigido por Isaki Lacuesta con Silvia Pérez Cruz, Nüll García, Luna Lacuesta, y Alba Flores, pero la grabación supera al directo, al menos el del miércoles en el Principal.

Con un escenario efectista en luces, la cantante de Palafrugell cerró el concierto con una ‘valquiriada’ indescriptible, ni escandinava, ni mediterránea. En cambio, y sin desmerecer a Marco Mezquida (piano), Aleix Tobias (percusión), Alfred Artigas (guitarra), Bori Albero (contrabajo) y Carlos Montfort (violín), su actuación gana en los temas vocales más intimos.

Se agradece el intento de querer concentrar en la misma voz tonalidades dispersas al estilo de Maria del Mar Bonet, Joan Baez, Chavela Vargas, Ella Fitzgerald, Amália Rodrigues y Maria Callas, pero no funciona, y no por necesario mestizaje, siempre de agradecer, sino porque llega el momento en su carrera que debe decidir un camino y abandonar el laberinto.

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