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Fuera de compás

Fiesta y compromiso

René Pérez Joglar. Elena Martínez

En otro sold out en los jardines de Viveros, Residente maravilló a los asistentes con esa mezcla de rap fusión, reguetón, cumbia, salsa y otros elementos del folclore latinoamericano con solera, que él utiliza con orgullo, respeto, comprensión y convencimiento. Lo respaldaba una impresionante banda de músicos con actitud rockera que otorgaba un infeccioso carácter bailable a los mensajes políticos que lanzaba el puertorriqueño. El repertorio de la noche del viernes estuvo basado en canciones de su época en Calle 13, arregladas para que en esta gira suenen de manera mucho más potente y veloz.

René comenzó con una de sus últimas composiciones, «BZRP Music Sessions #49», en la que aprovecha para atizarle de lo lindo a un rival suyo llamado J. Balvin al que pone de racista, mentiroso, gandul, cobarde, imbécil, desleal, fracasado y vendido. «Tragó más leche que un condón, por cada mamada subió un escalón», dice para resumir la carrera del interfecto en una parrafada de infarto que el personal coreó de principio a fin, acabándole las frases a nuestro protagonista, ganador de 36 Grammys Latinos, cuando éste lo requería.

Después de «“Flow HP» y «Atrévete-te-te», la banda atacó «Cumbia de los aburridos» de manera contundente y adrenalínica, con un turbo en los tambores, atronando sin cesar y la peña bailando en un pogo de 5.000 personas, saltando, bailando y lanzando los brazos al aire. Esta fue la tónica general del concierto, en el que baterista y percusionista se emplearon a fondo ejecutando de facto una fascinante sesión de double drumming para poner al danzar al personal en «Fiesta de Locos», por ejemplo, acelerada, híper rítmica y trepidante.

Con esa conducta punk rock, Residente interpretó «El aguante», un monumento que retrata la capacidad de sufrimiento de los pueblos acosados y maltratados por los desastres naturales, por las guerras, por los excesos capitalistas y por las dictaduras. Está claro que entre esos tipos y René hay algo personal, como cantó él mismo junto a Joan Manuel Serrat para su Antología Desordenada. Por el mismo camino reivindicativo corrió la estupenda «Pa’l Norte», en defensa de los derechos de los más débiles y desfavorecidos que mueren persiguiendo el sueño de vivir con libertad y dignidad.

Aunque cambió de tercio enfriando los ánimos con «Muerte en Hawaii» y «La vuelta al mundo», dos canciones más dulces y tranquilas, de románticos y melódicos estribillos, la crítica social y el compromiso político no tardó en reaparecer, esta vez en «Latinoamérica», que fue introducida de manera realmente hermosa por una fabulosa guitarra española y adornada fascinantemente por la voz de su compañera. En ese contexto, Pérez Joglar cargó contra el colonialismo lingüístico, cultural y económico de los Estados Unidos en tierras hispanoamericanas y las numerosas atrocidades padecidas por sus pueblos y habitantes con la emocionante «This is not America», apoyada en unas proyecciones de duras imágenes y en unas crudas percusiones de sonidos indigenistas.

En la recta final del concierto, «El futuro es nuestro» demostró una vez más la inteligencia, arte y maestría del artista para manejar conceptos y palabras, esta vez con un brillo de humor entre irónico, utópico y deseable. El cierre llegó con «Vamo’a portarnos mal» y su mensaje de rebeldía, desorden e indisciplina, con René y su banda rindiendo al máximo y un público incansable gozándola al rojo vivo, pidiendo más y más después de un fiestón de hora y tres cuartos.

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