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Fuera de compás

Vaciarse en un escenario

Miguel Ángel Escrivà, vocalista de Santero y los muchachos

Miguel Ángel Escrivà, vocalista de Santero y los muchachos / Rodrigo Márquez

Fernando Soriano

Fernando Soriano

Buena iniciativa la de mantener viva la llama de los conciertos veraniegos durante unos días en un recinto como el de Viveros, con un aforo de 5.000 personas, después de la Feria de Julio. Nits de Vivers continúa en agosto la apuesta de ofrecer actuaciones de bandas y artistas con un, a priori, buen poder de convocatoria, en medio de un ambiente molón y agradable, con disc jockeys para amenizar las esperas y unas pocas gastronetas en las que cenar a la sombra de unos fabulosos árboles mientras te clavas unas birras. Triunfaron hace unos días Fuel Fandango y El Columpio Asesino, y quedan por venir Ana Torroja, La Casa Azul, Loquillo y Los Zigarros. La noche del viernes la protagonizaron dos de mis grupos favoritos de la actualidad valenciana, que, pese a tocar palos muy diferentes, acabaron en el mismo cartel para mi sorpresa y satisfacción.

Después de un rato muy entretenido con Fat Gordon y Giorgio Bonetti remezclando clásicos del panorama más o menos alternativo, salieron a escena IS.LAS, cuya actuación en el Love to Rock del año pasado fue de lo más atractivo. La suma de un segundo guitarrista otorga un brillo más pop a sus composiciones antiguas y nuevas. Su música, melancólica, oscura, romántica y candorosa a la vez, con ecos de Ride, My Bloody Valentine, The Cure o New Order sonó en Viveros con espíritu bailable y destellos de electro pop ochentero, pero con carácter orgánico y la dosis habitual de distorsión y efectos pedaleros levemente psicodélicos. Menos ruidistas y derretidos que otras veces, con más cuerpo, dinamismo y ritmo, demostraron que crecen en calidad con cada mes que pasa. Yo procuro no perdérmelos, me dan mucha vida.

De Santero y los Muchachos admiro su elegancia y la combinación sabia y perfecta que se gastan entre la parte eléctrica y acústica del rock and roll, con raíces en los Stones, Faces, Gram Parsons, Black Crowes, Petty, The Band o los cantautores californianos de los 70. Y no las esconden ni disimulan, sino que se muestran orgullosos de ellas y respetuosos con su legado. Me encanta su autenticidad y el grado de compromiso que tienen con su propio talento. Que en sus conciertos se lancen al vacío con esas apabullantes armonías vocales a tres y cuatro gargantas, que lleven guitarras de colección, que se apoyen en una sección de vientos y que se vacíen en un escenario sin mirar el reloj, vestidos con esos trajes blancos que recuerdan a los que confeccionaba Nudie Cohn. Se llama actitud y, desde 1954, es lo que te hace ganar el partido.

Son buenísimos. Su uso del ritmo, la melodía y el silencio no dejan de sorprender. Hace falta tener muchos huevos para parar en seco a una banda de ocho músicos que tira como una locomotora al rojo vivo para marcarte unas voces y seguir como si nada. Y lo hacen a menudo. Por sí solas, «Volver a casa», «He de olvidarte» y «Ojos pardos» ya valieron el precio de la entrada, y todavía quedaban dos horas. Después de una sesión de baterías duras y profundas, pitos y micros bien arriba y una buena dosis de rock y soul sureño con Van Morrison en el retrovisor, los valencianos se embarcaron en un set más reposado, con Soni a la mandolina y a la slide y Miguel Ángel abrazando un enorme contrabajo. Detallazos para acometer, entre otras, la maravillosa «Carretera del Saler», «Octubre» o la formidable interpretación de «El tipo del espejo».

Volvió la electricidad en «Amigo infiel» y «El perdedor», en la que recuperaron la agresividad y el filo trotón del inicio, luciéndose en cada final con su calidad inapelable de banda curranta y compenetrada. Por ese camino nos acercábamos al final mientras sonaba enérgica y contundente «Estamos bien», con la gente cantando emocionada y saltando con los índices señalando al cielo, saludando al buen y viejo rock and roll, reposado si quieren, pero nunca falto de tensión, que tan honestamente facturan Santero y Los Muchachos. Grandes de verdad.

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