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Barceloneando

A Bárcenas se le olvidó el catalán

El cronista se instala en la Costa Brava, como tantos barceloneses, para tomarle el pulso a los festivales y lo que se tercie. Entre Rapahel y el grupo Taburete, todos a bailar.

Willy Bárcenas, durante la actuación de Taburete en Plafrugell.

Hace unos años al extesorero del PP, Luis Bárcenas, y a su hijo Willy se les podía ver a menudo cenando mano a mano en algún restaurante de Baqueira. Los dos son buenos esquiadores y se escapaban de vez en cuando a la estación catalana. Los tiempos cambiaron y ahora padre e hijo solo se pueden abrazarse en la cárcel de Soto del Real o en alguno de los permisos que Luis Bárcenas disfruta desde el verano pasado. Las carreras de los Bárcenas padre e hijo son diametralmente opuestas. El padre pasó de ser uno los hombres fuertes de Rajoy a acabar encarcelado mientras que su hijo se inició tocando con unos amigos y ya se ha consolidado como el líder de un grupo musical de referencia, sobre todo en tiempos veraniegos.

Barceloneando en Palafrugell

Pues eso, que este lunes, Taburete, el grupo que lidera Willy Bárcenas, actuó por cuarta vez consecutiva en Calella de Palafrugell y fue de nuevo un éxito. Lleno absoluto de un público, barcelonés en su mayoría, entregado y donde más madres que padres y tantos hijos como hijas, gritan como si se acabara el mundo cada una de sus canciones. Parece una competición para demostrar quien se sabe mejor sus letras. Quizá, Juli Guiu, presidente del grupo Clipper’s, empresa organizadora del festival y siempre presente en los conciertos junto a su CEO, Vanessa Llopart, deberían dar la orden de retirar todas las butacas de Cap Roig el día que actúa Taburete. Y es que fue arrancar con un ‘bona nit’ y todos los allí presentes se pusieron en pie hasta el final.

Solo Juli Guiu, con una lesión en el tobillo que le obliga a usar muletas se mantuvo semisentado. Guiu es también vicepresidente del FC Barcelona y una de las personas clave en la negociación de Spotify debido a su amistad con Daniel Ek, el CEO de esta compañía sueca. Por cierto, se habla poco de este patrocinio tras tantas palancas activadas, pero es el ingreso más importante y sin necesidad de devolución que este año ha cerrado el Barça.

Un sonriente Raphael en Cap Roig. EL PERIÓDICO

Dijo Bárcenas a mitad de concierto que se había preparado un discurso en catalán y se le había olvidado. No me extraña. Como dice la canción ‘La Discoteca’, se bebieron las macetas y ya todo va a estallar... Bárcenas bebe mucho durante el concierto y no se esconde. Incluso ya en la recta final y en un momento de máximo éxtasis se traga un ‘cubata’ entero a modo ‘adfundum’. Y la gente aplaude como si fuera un hito. Es verdad que es verano, que hace mucho calor, que es joven y que el público quiere marcha, pero esa no es su mejor imagen. No obstante, Bárcenas controla como nadie el ritmo del concierto, está atento a las peticiones de los fans de primera fila, con selfis incluidos, y suda mucho más la camiseta que algunos futbolistas del Barça la pasada temporada. No hay ni un bis, pero es que tras casi dos horas no les queda fuerza para ello.

Más músicos que 'cayetanos'

El segundo de Taburete es otro joven de perfil ‘cayetano’ pero también parece alejados de ese 'pijismo' madrileño en favor de la música. De hecho, Antón Carreño, nieto del empresario, Gerardo Díaz Ferrán, también encarcelado durante un tiempo, había sido operado de apendicitis tres días antes pero allí estuvo actuando.

En fin, que fue una fiesta y un éxito completo. Uno más de la organización de la empresa Clipper’s que este año han puesto el cartel de ‘Sold out’ en los tres festivales de referencia. El de Cap Roig, el de Cambrils y pronto en el Summerfest Cerdanya.

Pues nada, que si Raphael, dos días después, acabó su concierto con un ‘Visca Catalunya’, Willy Bárcenas quiso ser más políticamente correcto y soltó un: ‘Viva Cap Roig, Viva Catalunya y Viva España’ y el público, en su mayoría barcelonés, coreó mucho más el Viva España que el resto. Y cuando digo mucho más es mucho más y eso, que este año hubo pocas banderas españolas. No conté más de cinco. En fin, que los asistentes se divirtieron y es lo que cuenta tras dos años de malos tiempos para la música. Todo acabó como dice la canción ‘Caminito al Motel’: Y me pongo a beber, y me pongo a bailar y me empieza a crecer. La insensatez, dadme de beber, dadme de beber…

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