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Carlos Acosta

"Sufrí mucho hasta entender que el ballet podía ser parte de mi vida"

La compañía Acosta Danza presenta ‘Tocororo, fábula cubana’ el jueves en Sagunt a Escena

Carlos Acosta QUIQUE GARCÍA

Carlos Acosta, que fue primer bailarín de la Royal Ballet de Londres, acerca el alma de Cuba al festival Sagunt a Escena con su espectáculo Tocororo, fábula cubana, nominado a un premio Olivier en 2014. Nacido en una familia humilde de La Habana, el multidisciplinar coreógrafo ofrece un espectáculo con 15 bailarines y 6 músicos, donde expresa a través de la danza contemporánea y los bailes populares de Cuba una historia personal sobre como superar adversidades. La obra de Acosta Danza, formación dirigida por él, podrá verse el próximo jueves en el Teatro Romano de Sagunt.

¿Por qué no quería ser bailarín de niño?

No sabía nada del ballet, eso no estaba en mi ambiente. Nací en un contexto social complicado, había muchas dificultades en mi familia. También había mucho prejuicio a mi alrededor. Sufrí mucho hasta entender que el ballet también podía formar parte de mi vida.

¿Y qué siente ahora al bailar?

Mucha libertad. Siento el placer de saber que la danza es mía y que en ella puedo manifestarme completamente.

¿Cuánto de autobiográfico hay en el espectáculo ‘Tocororo, fábula cubana’?

Hay elementos autobiográficos en el personaje del joven que tiene que separarse muy temprano de su familia para labrarse su propio camino, que descubre que el mundo puede ser difícil, pero no se rinde y logra conquistar sus metas. Para expresarlo utilicé todas las expresiones de danza que estaban en mi mano: ballet, danza contemporánea y bailes populares y folklóricos de Cuba

¿Y se puede entender sin estar familiarizado con el lenguaje de la danza?

Todo está concebido para que el público entienda lo que sucede sin necesidad de las palabras, a través de la expresión de conceptos generales como el amor, el odio, la tristeza o la alegría.

¿Qué conceptos expresa ‘Tocororo’?

Las experiencias del personaje principal se manifiestan a través de bailes que expresan la timidez, o la desesperanza, el amor, la valentía y la victoria; hay escenas de burlas, euforia y de claro enfrentamiento. La obra tiene el lenguaje diáfano y universal de los sentimientos y valores humanos, por eso el espectáculo ha sido tan bien recibido. Fue muy enriquecedor crearlo.

¿Ha sufrido racismo en el mundo de la danza?

Cuando llegué al ballet, las bailarinas y bailarines negros eran muy pocos y no se les solía ofrecer las mismas oportunidades que a otros artistas, a pesar de contar con todo lo necesario para desarrollarse. En ese sentido no me conformé con lo que me daban.

¿Cómo lo combatió?

Siempre luché contra eso. Hubo un momento en que exigí que me programaran los personajes líricos del ballet, los que se desarrollan con otra sensibilidad, y no interpretar solo aquellos tipos populares o exóticos que tenían una gran demanda física. Creo que hoy hay muchas barreras demolidas en ese sentido, pero hay que seguir trabajando.

¿En qué momento reconoció que había alcanzado el éxito?

No recuerdo un momento específico. Creo que desde muy joven tuve mucha suerte en cuanto al reconocimiento del público y los críticos. Puedo decir que mi época en el Royal Ballet de Londres fue la cúspide de mi carrera como bailarín, por todos los años que trabajé ahí y todas las cosas que logré y aprendí.

Es bailarín, coreógrafo, actor y escritor. ¿Nacen todas sus creaciones artísticas desde un mismo lugar?

Todo nace de mi inquietud expresiva. Luego voy encauzando ese deseo por la vía que sea más idónea. No dudo en pedir consejo, y trato de estudiar las maneras de llevar a cabo cada cosa. Pero, si el asunto no me inquieta, es difícil que lo desarrolle.

Icíar Bollaín adaptó su autobiografía ‘Sin mirar atrás’ al cine en 2018 con ‘Yuli’. ¿Qué sintió al protagonizarla?

Yuli me hizo revisar pasados dolorosos y reabrir, una y otra vez, heridas que creía cerradas. Icíar es un gran ser humano, una persona con mucha sensibilidad y supo cómo respetar mi dolor y obtener el resultado que perseguía. Fue una gran experiencia profesional y humana que tuvo como colofón la nominación al Goya.

¿Cómo fue ver su infancia representada en la película?

Estoy reconciliado con mi pasado desde que escribí Sin mirar atrás. Poder ver lo vivido y lo escrito convertido en una película ha sido como una tormenta de emociones diferentes, algunas encontradas. El sentimiento final es de satisfacción.

¿Imaginaba al escribir ‘Sin mirar atrás’, que se censuraría en Cuba?

Uno nunca piensa en eso, sobre todo cuando está escribiendo un testimonio de vida, para nada político. Creo que quien decidió retrasar su salida en Cuba estaba haciendo sus cálculos a partir de dudas y razones muy particulares de ese momento. Pero aún estoy esperando su prometida presentación y venta, aunque sé que ya muchos cubanos la han leído en ediciones digitales.

Vive con su esposa y sus tres hijas. ¿Es difícil combinar la vida familiar con sus obligaciones profesionales?

Es lo más difícil a lo que tengo que enfrentarme. Tengo muy poco tiempo libre y mi familia es lo más importante. Me resisto a estar separado de ella. Por eso trato de tener mi vida profesional bien organizada para no perderme la vida del hogar. Cuando no estoy corriendo con mis responsabilidades en Acosta Danza y el Birmingham Royal Ballet, todo mi tiempo es de mis hijas y mi esposa.

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