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Entrevista

Chuck Palahniuk: "Me parece dulce que los fans se hagan tatuajes sobre mi obra"

Solo el autor de 'El club de la lucha' podía escribir una guía práctica para ser narrador que además de útil fuera hilarante y escalofriante. Se titula 'Plantéate esto. Momentos de mi vida como escritor que lo cambiaron todo' (Random House) y Palahniuk se encuentra en el Festival de Literatura Expandida de Magaluf (Mallorca) para presentarla

Chuck Palahniuk, en Magaluf, este viernes. FLEM

¿Piensa mucho en el lector cuando escribe?

Prácticamente nunca. Durante mucho tiempo sí pensaba en mi editor, que sufría de asma. Si conseguía hacerle reír intensamente se veía obligado a utilizar su inhalador. Cada vez que le mandaba un texto nuevo llamaba a su asistente y le preguntaba cuántas veces había sacado el inhalador.

Sería que confiaba en su editor y le veía como una representación de los lectores, ¿no?

No. Simplemente intentaba matar de risa a mi editor.

Parece dar a entender que el cine es en la actualidad una forma narrativa superior a la literatura, o al menos mejor adaptada a los tiempos.

No es eso lo que pienso. Pongo muchos ejemplos de películas porque acepto que la mayoría de la gente ha visto más películas que libros ha leído. Si se puede enseñar una técnica narrativa a través de una película, lo hago sin problema. El cine me parece mucho peor de lo que era. Cuando yo era un chaval, en los años 70, las películas que se consideraban cultura superior eran realmente para adulto y había muy pocas películas infantiles buenas. Ahora, en cambio, tengo la sensación de que casi todas las películas se hacen para chavales. Hay muy pocas películas sofisticadas.

Todo es absolutamente cierto aquí. Y en mis libros de ficción prácticamente no invento nada. No tengo imaginación

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¿Puede asegurar que las experiencias propias y del mundo literario que cuenta son reales? Por ejemplo, Stephen King dedicando libros con su propia sangre o los desmayos entre el público en sus lecturas del relato ‘Tripas’?

Todo es absolutamente cierto aquí. Y en mis libros de ficción prácticamente no invento nada. No tengo imaginación.

¿Tiene un truco para que la gente le cuente historias tan bestias y a menudo íntimas?

En buena medida se debe a que yo me expongo a través de historias que me rebajan, que no me dejan precisamente en buen lugar, y eso da permiso a la gente para contarme historias que probablemente no contarían a otra persona.

¿Cuál ha sido su momento de mayor gloria en un evento literario?

Una lectura del relato ‘Zombie’ en la Universidad de Wisconsin, en Milwaukee, a la que asistieron centenares de estudiantes. En un momento de la lectura empecé a oír sollozos entre el público. Me refrené, pero no pude evitar levantar la vista y lo que vi me llenó de orgullo: decenas de jóvenes llorando a lágrima viva.

¿Y el peor momento?

En una librería de El Cajón, en California, un grupo de personas exhibió pancartas contra mí en las que por ejemplo se me acusaba de haber violado y asesinado a una niña de nueve años. Y después me lanzaron ratones de laboratorio que murieron a casusa del impacto. Todo esto lo hicieron como una broma. Fue terrible.

Estoy a favor de los eventos literarios impactantes, para pasarlo bien

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¿Se siente a gusto en los cada vez más espectacularizados actos de promoción literaria, así es al menos en Estados Unidos?

Sí, hace que sean más emocionantes y ya estaba empezando a aburrirme un poco. Estoy a favor de los eventos impactantes, para pasarlo bien.

¿Se sintió mal cuando se introdujo en grupos de terapia o chats eróticos para investigar?

No porque tenía muy claro que nunca iba a utilizar la historia real de una persona o su nombre. Lo que buscaba eran ideas y sobre todo aprender cómo la gente formulaba esas intimidades.

Según usted, todos nos acogemos a un estereotipo en nuestra infancia, adolescencia y juventud. ¿A cuál se acogió usted?

Al del chico divertido o al del chico listo. Probablemente más al del chico divertido.

Cuenta que un sastre de Brooks Brothers hizo por usted sin saberlo lo que un terapeuta jungiano no había podido hacer cobrándole una pasta.

Mi madre acababa de morir de cáncer y yo me había ocupado de ella. Visité a un terapeuta para superar el duelo pero no sirvió de nada, tampoco parecía esforzarse mucho. Pero mientras el sastre de Brooks Brothers marcaba con tiza los arreglos que necesitaba una chaqueta y ponía alfileres aquí y allí, conmigo dentro, me sentí feliz y acompañado. Empecé a ir cada semana a comprarme ropa a Brooks Brothers y caí en la cuenta de que ese sastre me hacía sentir como me hacía sentir mi madre, que nos hacía la ropa a mis hermanos y a mí. Lo cuento como un ejemplo de cómo nuestros cuerpos tienen una memoria que nuestros cuerpos han olvidado.

Supe que mis padres estaban enamorados porque a veces, tras una larga ducha, mi madre salía oliendo a Wind Song, un perfume de Prince Matchabelli

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¿Ha vivido otros momentos sanadores de heridas del pasado?

Tanto como sanadores no sé, pero cada vez que huelo papel de fax o fotocopiado me retrotrae a la escuela, donde se imprimía con ciclostil. Los olores son poderosos. Yo supe que mis padres estaban enamorados porque a veces, tras una larga ducha, mi madre salía oliendo a Wind Song, un perfume de Prince Matchabelli, y a laca.

¿Tiene perro?

Una perra. Se llama Egg y es una Boston térrier.

¿Qué hace con ella cuando está de gira?

Ahora está con unos amigos.

Pone como ejemplo de frase cargada de verdad y que por tanto da gran autoridad al autor una de Amy Hempel: “Lo que quieren los perros es que nadie se marche nunca”.

Buena, ¿eh? A partir de ahí podría escribir una enciclopedia sobre perros y nadie pondría en duda nada. Es una escritora increíble.

Si tengo un don, es el de escuchar una canción una vez y recordar la letra entera

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¿Cómo ha influido la música en su forma de escribir?

Si tengo un don, es el de escuchar una canción una vez y recordar la letra entera, y sobre todo lo tenía de niño. Es mi único talento natural. Lo mismo con los poemas. Creo que los estribillos y las repeticiones de las canciones están presentes en mi escritura. El ritmo implacable de las cajas de ritmos bastante utilizadas en el punk de los años 80 también fue una influencia, durante tiempo intenté reproducirlo.

¿Le inquieta que sus fans se tatúen su firma o frases de sus libros?

No solo eso, algunos también se hacen escarificaciones. Pero todo lo contrario, me parece dulce. Son marcas identificadoras que se hacen para ser reconocidos por afines y establecer relaciones. [Palahniuk muestra en el móvil tatuajes de fans relacionados con su obra y busca uno en concreto, pero no da con él, así que tendremos que conformarnos con la descipcion que da]. Bien, es mi rostro tatuado en el pecho de un hombre que lleva un aro en un pezón, y queda como si yo tuviera un ‘piercing’ en la nariz.

¿Ha presenciado episodios de envidia entre escritores en encuentros literarios?

Alguno, pero aunque por el libro pueda parecer lo contrario vivo bastante al margen del ambiente literario en Portland. Lo que sí puedo decir es que a menudo los escritores considerados más grandes son los más inseguros.

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