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Polémica cultural

Joyce Carol Oates, la madre de la Marilyn de Netflix, defiende 'Blonde'

La autora norteamericana ha demostrado su valentía apoyando al realizador de la película Andrew Dominik ante las críticas

Marilyn Monroe.

La norteamericana Joyce Carol Oates (Lockport, 1938), la autora de ‘Blonde’, la novela, es una de esas escritoras cuyo nombre está desde hace décadas dando vueltas en el bombo de los Nobel. Si no lo ha obtenido hasta el momento no es porque no haya producido una obra ingente -sus opositores que los tiene y son muchos, dirán que excesivamente ingente, que necesita por lo menos tres editores para dar salida a su narrativa, su poesía y sus obras más experimentales, a raíz de unas dos o tres publicaciones al año, ‘too much’- y exigentemente literaria. El libro que está en el origen de la película de Andrew Dominik que tanto revuelo está causando, se publicó en Estados Unidos en el 2000, con valoraciones encontradas.

Por una parte, fue una de las favoritas al Pulitzer, ganó el National Book Award y fue saludada como una muestra más de la gran novela norteamericana -una entelequia que hasta el momento solo había sido privativa de ellos, los novelistas varones-. Por otra, recibió, entre otros, tremendo parapalo de la ’madre de todos los críticos’, la todopoderosa Michiko Kakutani de ‘The New York Times’ -que no les confunda el nombre japonés, ella es estadounidense- que rechazó la novela en unos términos muy parecidos a los utilizados ahora hacia la película y con acusaciones de tener el “propósito mercenario de verter sensacionalismo en la historia” de Marilyn.

Entre la niña y el mito

 Cuando Oates publicó su novela llevaba ya tiempo persiguiendo el fantasma de Marilyn. Concretamente se le había aparecido en el 2015 a través de una fotografía donde la joven Norma Jeane, estudiante de secundaria que acababa de ganar un concurso de belleza, soñando con un futuro, está lejos de imaginarse en qué llegaría a convertirse. En esa brecha, la niña que fue y el mito de usar, tirar y destruir en el que se acabó convirtiéndose, construyó esta novela terrible.

 En una entrevista en la revista ‘Time’, Oates explicó que quería hacer con 'Blonde' algo parecido a lo que Melville hizo con 'Moby Dick'. Ambas son epopeyas, con una víctima ritualizada en su interior.  La ballena es víctima de la naturaleza, la otra lo es de las fantasías masculinas del siglo XX, sacralizadas por el sistema de Hollywood. En la novela, está perfectamente claro que Oates ha escrito una obra de ficción, un cuento de hadas gótico que acaba mal, y lo especifica claramente en el prólogo porque ya entonces, hace 20 años cuando no leíamos con tanta literalidad como ahora, sabía que no iba a ser bien interpretada.

 Otro gran fallo de Oates para sus detractores es su forma directa y dolorosa de utilizar la violencia, ¿quizá porque es mujer? La norteamericana tiene en su haber algunas de las páginas de más insoportables lectura sobre el tema y sus consecuencias. El asunto de la violación marca obsesivamente sus historias. Para Oates -una mujer de aspecto delicado y cara de bruja buena- la violación es el pecado original de las relaciones entre hombres y mujeres. Su idea es que si nosotras somos las víctimas por qué no vamos a ser nosotras las dueñas del relato. Se la ha acusado de ‘gore’, rebajando sus intenciones a una mera espectacularización, y se la ha leído mal. Hace 20 años cuando todavía se estaba lejos de tirar de manta del 'Me Too', ella revelaba proféticamente la obscena utilización del cuerpo de las actrices por parte de productores indeseables.

 ¿Hay que añadir que es una mujer muy valiente, que ha construido su trabajo incansablemente y que pese a no haber participado en el guion de la película de Dominik, ha sido la primera en saltar a la palestra de Twitter -Oates no solo escribe libros sin descanso, también tuitea como una ametralladora- para defender a este?: “La cruel explotación de Marilyn por parte de, entre otros, John F. Kennedy, es bien conocida por sus biógrafos, pero el tratamiento en pantalla es difícil de ver para algunos espectadores, así que sugieren que no lo veáis”, ha escrito irónicamente. Solo hay una manera de tener un juicio propio: leyendo y viendo.

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