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La Fundación Lipchitz dona 160 obras a la Academia de Bellas Artes

"Es la donación más importante de arte contemporáneo de los últimos cien años a San Carlos", dice el presidente Manuel Muñoz

Manuel Muñoz observa las carpetas con los grabados de Lipchitz. g.caballero

El academicismo resiste a la cultura del instante. El rigor siempre acumula más valor al conocimiento. La Real Academia de Bellas Artes de San Carlos acaba de recibir una extraordinaria donación de obras de Jacques Lipchitz (1891-1973), el escultor cubista francés de origen lituano. Se trata de 30 piezas, 130 grabados y una plancha de cobre procedentes de la Fundación Jacques y Yulla Lipchitz de Nueva York.

Muñoz, junto a la fotografía de Lipchitz, posando su taller. g.caballero

«Es la donación más importe de arte contemporáneo de los últimos cien años a la Academia», subraya Manuel Muñoz Ibáñez, el presidente de San Carlos. Mientras muestra con sumo cuidado las litografías, destaca que con las obras de Lipchitz «incorporamos un artista de nivel internacional a la colección de arte contemporáneo de la Academia». Lipchitz está considerado uno de los siete mejores escultores del siglo XX y una figura de primer nivel en la historia del arte.

La Fundación Lipchitz dona 160 obras a la Academia de Bellas Artes

El por qué València, a través de su bicentenaria institución, ha sido el destino elegido para el legado de un escultor que triunfó en Europa y Estados Unidos tiene un responsable, y se llama Kosme de Barañano. El historiador de arte y exdirector del IVAM, entró como académico de número de la San Carlos el marzo pasado, a propuesta de Muñoz Ibáñez, para impulsar la Sección de Escultura.

Kosme de Barañano (Bilbao, ) ha compaginado su tarea docente con la dirección de museos y el comisariado de exposiciones internacionales. Estuvo, como subdirector, en el equipo que puso en marcha el Museo Reina Sofía de Madrid a finales de los años . Dirigió el IVAM entre  y , y es asesor de los patronatos de diferentes museos, entre ellos el Reina Sofía, el Villa Stuck de Múnich o el Bellas Artes de Bilbao.

Fue precisamente durante su etapa en el IVAM cuando impulsó una sala monográfica con la donación de la Fundación Lipchitz de una veintena de esculturas al museo. Entonces, como ahora, la relación de Barañano con Hanno Mott, hijo de la viuda de Lipchitz, Yulla, ha sido clave.

Mott es el máximo responsable de la fundación que gestiona el legado del escultor, que ya había donado antes (1994) cinco obras de bronce al IVAM, que en 1997, realizó una primera gran retrospectiva, comisariada por José Francisco Yvars. Ese continuo interés en València por la obra de Lipchitz, la estrecha relación de su heredero con el académico Kosme de Barañano y la admiración de Mott por Manolo Valdés, afincado en Nueva York desde hace años ha sido determinante para que la Academia de Bellas Artes haya sido escogida para albergar una parte importante de su producción artística.

La Fundación Lipchitz dona 160 obras a la Academia de Bellas Artes

Litografías

«Con estas obras donadas a la Academia y más las que hay en el IVAM, València se convierte en un referente en la obra de Lipchitz», destaca el presidente de San Carlos, al tiempo que va mostrando con sumo cuidado las dos carpetas de litografías recién llegadas a la sede de la Academia. Las esculturas, por su parte, se encuentran en el Instituto Universitario de Restauración del Patrimonio de la UPV, que fundó la académica de San Carlos, Pilar Roig, para un estudio pormenorizado sobre su estado, un tiempo que llevará unos cuantos meses.

Muñoz se pone los guantes para abrir las carpetas de Lipchitz en la gran mesa de la Sala de Juntas. La más grande contiene litografías y pruebas de artista de la serie «Hombre y caballo luchando», uno de temas mitológicos recurrentes del artista. También hay un collage, una «prueba 0/0» y lo que parece un dibujo original.

En el otro portafolio hay varios grabados como el dedicado a la «Maternidad». El seriado con el número uno tiene un fondo verde, rosa y negro, el segundo solo fondo verde y hay otro más monocromático. También hay unas estampas seriadas como el nombre «Árbol de la vida II», además de otros dibujos. Una sucesión que descubre la forma concisa de trabajar del artista.

«Prometeo y el buitre»

Una de las ilustraciones recoge los apuntes sobre la famosa escultura de Lipchitz «Prometeo estrangula al buitre», que representa el mito de Prometeo que, según la mitología griega, defendió la cultura de los hombres en oposición a Zeus y otros dioses olímpicos quienes trataban de frenar el progreso humano. Una alegoría sobre la lucha de la humanidad contra la maldad.

Antes de explorar el tema de Prometeo en 1930, Lipchitz había llegado a París con 18 años para estudiar en la École des Beaux-Arts con Jean-Antoine Ingalbert y luego en la Académie Julian para asistir a las clases de escultura de Raoul Verlet. Ya entonces se interesa por el arte africano y empieza a coleccionar máscaras y figuras.

En su biografía destaca el viaje que realiza por España en 1915 junto al artista mexicano Diego Rivera, donde visita el Museo del Prado y queda deslumbrado por los cuadros de Goya, Velázquez, El Bosco, El Greco y Tintoretto. Un año después elabora sus primeras esculturas cubistas, influenciado por la obra de Picasso y Braque. En 1916 Amadeo Modigliani le dedica un retrato junto a su esposa, titulado «Jacques and Berthe Lipchitz», colgado en el Instituto de Arte de Chicago.

Su primera exposición en Nueva York fue en 1935 y poco después realiza la monumental escultura de yeso «Prometeo estrangulando al buitre» por encargo del gobierno francés para la entrada del Pabellón de la Ciencia de la Exposition Internationale des Arts et des Techniques dans la Vie Moderne. Obra que coincide con la exhibición en el pabellón español de París del «Guernica» de Picasso y la «Montserrat» de Julio González, el escultor que da nombre al IVAM.

La Fundación Lipchitz dona 160 obras a la Academia de Bellas Artes

Huida y exilio

Con la ocupación alemana de Francia durante la Segunda Guerra Mundial, y la deportación de judíos a los campos de exterminio nazis, Jacques Lipchitz tuvo que huir de Francia. Con la ayuda del periodista estadounidense Varian Fry en Marsella, escapó del régimen nazi y, en 1941, se exilió a Estados Unidos. Allí acabó estableciéndose en Nueva York.

En el exilio su producción adopta caracteres monumentales con influencias cercanas al Barroco y al Expresionismo. Afincado y reconocido en Estados Unidos, celebra una gran retrospectiva en 1954 en el MoMA.

A partir de 1963 regresó a Europa donde trabajaba varios meses al año en Pietrasanta, Italia. En 1972 se publicó su autobiografía, con ocasión de una exposición de escultura suya en el Museo Metropolitano de Arte de Nueva York. Jacques Lipchitz murió el 27 de mayo de 1973 en Capri, Italia. Su cuerpo fue llevado a enterrar a Jerusalén.

El trabajo de Lipchitz se encuentra en museos de todo el mundo, incluidos el Centro Pompidou (París); Museo de Israel, (Jerusalén); la Galería Nacional de Arte, (Washington); Instituto de Arte de Chicago; Tate Britain (Londres); Museo Sprengel (Hannover); Museo Stedelijk (Ámsterdam); el Museo Estatal del Hermitage (San Petersburgo); MoMA; el Metropolitan Museum of Art; en el Philadelphia Museum of Art; y el Reina Sofía.

Valor incalculable

El presidente de la Academia de San Carlos desconoce cuál es la tasación de la donación, valor al que resta importancia, porque insiste que la entrada de Lipchitz abre la extensa colección de la institución al arte contemporáneo, uno de sus objetivos. Por eso detalla que su intención para hacer académico a Kosme de Barañano tienía el objetivo último de relanzar la otrora potente Sección Escultura con un teórico de prestigio, tras la entrada también de artistas de la talla Miquel Navarro y Natividad Navalón.

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