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José Luis Gómez: "Donde mejor se emite la lengua de un país es en el teatro"

Actor, director y académico. La escena española no se entendería sin él. Miembro de la Real Academia Española, José Luis Gómez (Huelva, 1940) narrará las proezas de Rodrígo Díaz de Vivar en el Teatro Principal el próximo día 9 con "Mio Cid". Un trabajo de juglaría en pleno siglo XXI

José Luis Gómez (Huelva, 1940) Levante-EMV

José Luis Gómez devuelve al Cantar de mio Cid su verdadera naturaleza. Con un trabajo inusitado de juglaría, poniendo cuerpo y voz a las palabras germinales de la literatura hispánica y emitiendo el sonido de nuestra lengua medieval, el actor, director y miembro de la Real Academia Española sube el próximo día 9 a la escena del Teatro Principal el mayor poema épico de la literatura hispánica en una función única.

¿Qué le impulsa a poner sobre la escena «Mio Cid» en pleno siglo XXI?

El amor por nuestra lengua. Soy miembro de la Real Academia Española por haberme dedicado a la locución escénica y soy el único actor que por esa razón ha entrado en la Academia.

¿Cómo surge este proyecto?

Esto formaba parte de un gran proyecto de diez lecturas de textos esenciales de la lengua española que puse en pie para la RAE como agradecimiento por haber sido elegido. Tuvo mucha aceptación. En un congreso mundial de academias españolas de todo el mundo en Sevilla me di cuenta de la virtualidad de este poema grandioso y de los problemas que plantea. Es un idioma distinto al español de hoy y decidí estudiarlo y ponerlo en escena como espectáculo. Al cabo de un tiempo lo he conseguido. Acabamos de venir de gira internacional por México y el trabajo ha suscitado un entusiasmo que me causa asombro.

No habrá sido fácil hablar en castellano medieval.

El proceso de aprender castellano medieval ha durado seis meses, que he podido manejar tutelado por una grandísima medievalista miembro de la RAE que es Inés Fernández Ordóñez. Hay que añadir que el poema se hacía mediante juglaría; he tenido que resucitar la técnica para poder afrontar el trabajo.

Resulta arriesgado representar un texto así en tiempos de inmediatez y pantallas.

Ha sido muy laborioso. He tenido la fortuna de haber estudiado, en mis años de formación en París, con Jean Lecoq, uno de los maestros del teatro físico del siglo XX. Desarrolló una técnica que podemos llamar ‘decidor/contador’, que es una técnica de juglaría. El juglar en el siglo XI no era un actor, tenía que transitar con rapidez de un suceso a otro, de un personaje a otro. Su trabajo tenía que ser de pinceladas gruesas, rápidas y precisas, como la de un pintor impresionista y tenía que apelar continuamente a la emoción. Tenía una doble función: la de narrador, que después desembocaría en la novela, y la de comediante, que desembocaría en el teatro.

¿Qué verá el espectador sobre la escena?

En la puesta en escena me acompaño de un piano que apenas suena como tal. La pianista extrae sonidos brutos de él, como golpes o acordes destemplados porque Mio Cid huele a sudor, a caballo, a cuero, a acero, a montura de caballo. Estoy acompañado de un mundo sonoro que evoca el mundo del Mio Cid.

¿Qué le fascinó de esta obra?

Me formé en Alemania, estudié en su instituto dramático a mediados del siglo XX y sentía entonces una enorme fascinación por la, para mí, insólita asociación de consonantes y vocales en la lengua de Goethe. Y ahora siento una fascinación muy similar por la asociación de consonantes y vocales en el castellano medieval, que es otra lengua donde resuena el español. Esa asociación -y eso lo he aprendido en la RAE- es la que da origen y permite, en un momento sin datar de la prehistoria, a nuestros antepasados humanos a formar palabras y comenzar a hablar. Por ejemplo, las vocales son el reflejo de nuestro mundo interior y las consonantes son el reflejo del mundo físico circundante. De pronto, sin saber muy bien cómo, nuestros antepasados unieron vocales y consonantes y comenzaron a hablar. Y alguien pronunció madre o hijo. Seguramente no fueron estas palabras, pero están bien traídas porque fueron esenciales.

¿Cómo se ve eso sobre la escena?

Esto me ha suscitado muchísimas incógnitas. Un día en la RAE, don Emilio Lledó me preguntó, citando a Homero, si sabía que la evolución empezó cuando el hombre comenzó a emitir aire semántico por el círculo de los dientes, algo extraordinario así dicho. Aire con significado. Yo, en Mio Cid, para explicar esto, propongo al público un ejercicio y es elegir una palabra de nuestra lengua bien rica en vocales y consonantes. Por ejemplo, ‘antropología’. Le pido al público que elimine las consonantes y vea qué queda. Pero ha desaparecido el aire semántico. Hagamos lo inverso, y despojemos la palabra de las vocales: resulta una sucesión de consonantes casi impronunciable. Ha desaparecido el significado. Uno puede deducir fácilmente que el significado solo surge a través de la unión de vocales y consonantes. Eso tiene una gran importancia para la lingüística y para nosotros. Es algo que deberíamos saber y casi nadie sabe. Esto es importante porque la lengua es el umbral por el que hay que pasar para entrar en la vida, a la vida en sociedad; para comunicar, que es poner en común; para transmitir. Este hecho nos lleva a la conclusión de que las vocales y consonantes solo uniéndose generan significado.

¿Cómo definiría «Mio Cid»?

Es un viaje por la lengua, por su nacimiento, por la lengua que compartimos. En el Cantar de mio Cid resuenan todas las lenguas de España que están vivas porque se siguen hablando: resuenan el catalán, el valenciano, hay ecos del navarro aragonés, ecos del bable asturiano y hasta del vascuence.

¿Pensó alguna vez en adaptarlo al castellano actual?

No, hubiera sido un empobrecimiento terrible. Eso sería fácil, no tendría ningún mérito. Esto si se dice en español contemporáneo es una pérdida tremenda. Por eso no se ha hecho nunca.

¿Cómo de maltratado está el español hoy en día?

Por algunos esta maltratado y por otros, bien tratado. Hay quien tiene amor por la lengua y la usa con responsabilidad y otros a los que no les importa o que no tienen idea de la importancia de la lengua en nuestras vidas. No me preocupa, que cada uno haga lo que entienda.

¿Quiénes serían los juglares de nuestro tiempo?

Los actores. En el teatro es donde mejor se emite la lengua de un país. En Francia, donde mejor se emite el francés, la lengua de Molière, es en la comedia francesa; donde mejor se emite el inglés es, por ejemplo, en el National Theater de Londres; en Alemania, en su inmensa red de teatros. Donde mejor se emite la lengua de un país es en el teatro y, por desgracia, en España no nos hemos dado cuenta todavía.

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