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Casañ se pega un homenaje

Seguridad Social realizó ayer un concierto en Viveros para celebrar sus 40 años de carrera

Concierto de Seguridad Social, ayer, en Viveros.

Concierto de Seguridad Social, ayer, en Viveros. / Fotos de Kuriaki by Iosune Noguera

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València

Concierto único e irrepetible el que se produjo el viernes por la noche en Viveros, de esos con aroma a fiesta, a celebración y a reencuentro emotivo. Seguridad Social está celebrando sus 40 años de carrera y decidió recalar en València para hacer algo diferente de lo que tienen pensado para el resto de la gira española. Volverán en octubre y, antes, en abril, ofrecerán un concierto acústico en La Lonja, pero lo de este fin de semana fue muy especial porque José Manuel Casañ y los suyos subieron al escenario a algunos de sus grandes amigos.

La idea era que los invitados utilizaran al grupo de Benetússer como si fuera el suyo propio para cantar alguna de sus canciones. El asunto llevaba implícito una serie de retos cruzados como que la banda tenía que amoldarse a la copla escogida, pero sin dejar de sonar como Seguridad Social, y que los participantes tenían que mimetizarse con ese sonido sin dejar de ser ellos mismos, con sus voces y sus estilos. Cuestión de hallar el punto medio en el que cada uno guardara su personalidad sin dejar al otro con el culo al aire. Sacar algo nuevo de algo viejo sin caer en la patochada de convertirse en una banda de karaoke. Yo les digo que lo consiguieron, pero que algunos momentos estuvieron mejores que otros. Nada grave, no se preocupe nadie.

Desde las siete y media, el DJ José Coll, enfundado en su sempiterna camiseta kriptoniana, ambientaba el recinto con una selección infalible de éxitos de rock ochentero, acogida con gozo por una parroquia talludita que tenía el día marcado en rojo desde hace meses. Después, salió la personalidad radiofónica conocida como El Pulpo, que se puso a animar el cotarro hiperactivamente, con mucho recuerdo a la EGB, al barco de Chanquete, no sé qué de sus redes sociales y la malignidad del reguetón, con profusión de palmas y gimnasia de brazos. Diyei verbalmente incontinente que no dejaba sonar una canción de la edad de oro del pop español más de diez segundos y que tendrá cuando la diñe, Dios lo guarde muchos años, un fabuloso protagonismo en el hilo musical del infierno hasta que Lucifer lo proponga para musicar el Apocalipsis.

Total, que se calló aquel hombre y salieron en tromba los de Casañ metidos en ‘Camisa de once varas’, aunque él vistiera levita roja diablo con tocado a juego. ‘Que no se extinga la llama’ navegó por los mismos derroteros, que no abandonaron en todo el show y que fueron los del rock mollar, macizo, contundente, serio y poderoso. De guitarra, bajo y batería, con tres músicos brillantes de verdad y un frontman bendecido por tanto talento como morro, atacando en perfecta sintonía un repertorio apabullante, en un estado de forma colosal, como demostraron en la apisonadora ‘Rumba Tarumba’.

Apareció Miguel Costas, de Siniestro Total, a tocar y cantar con José Manuel ‘Bailaré sobre tu tumba’, que yo no sé si el gallego ha sonado con ese señorial empaque de blues acelerado alguna vez. La basca, loquísima ante la primera sorpresa, voceó el himno empezando a asumir el papel de tercera pata para el banco donde se sentaba la celebración. El vocalista valenciano fardó de amor por Bruno Lomas y otros pioneros de los sesenta con los matices con los que pintó ‘Sólo tú eres mi pasión’, puro garaje afilado, para luego endulzarse con ‘Acuarela’ a ritmo de reggae.

Javier Ojeda, de Danza Invisible, se contagió del sonido antillano para enfrentarse a una versión mestiza de ‘Sabor de Amor’, cuyas estrofas discurrían por la senda jamaicana mientras que el estribillo era puro rock and roll. Y es que ya les digo que esa banda puede con todo, y siempre tiene espacio y ganas de añadir algo nuevo, como en esa maravillosamente anabolizada ‘El viajero’, qué barbaridad.

Un rugido recibió a Sole Giménez, un pelín atropellada por el experimento gamberro que supuso tocar ‘Cómo hemos cambiado’ a ritmo de hardcore punk, que pareció pillar a todo el mundo con el pie cambiado. Sin problema, porque sobran tablas y el público la quiere con locura. Después de una canónica ‘Quiero tener tu presencia’ subieron al tablado Pablo Carbonell y Pepe Begines, en plan ‘Toreros con Chanclas’, a desbaratar todo lo que pudieron y más con un arte y una gracia que no se podía aguantar. Los dos divinos trastornados, ataviados con sendas faldas escocesas, cantaron un tremebundo ska cuya espina dorsal era ‘Mi agüita amarilla’, en la que iban colando fragmentos de ‘Bolillón’, ‘Y tú de quién eres’ y otros temas de los sevillanos.

Manuel España, de La Guardia, combatió la gelidérrima noche prefallera interpretando ‘Mil calles llevan hacia ti’ de manera dura y vertiginosa, ramoneramente, sin abandonar el luminoso espíritu pop original. Tiempo de ‘Acción’, por consiguiente, que vino que ni pintada y sirvió de bienvenida a Carlos Segarra, que se marcó un potentísimo ‘Mediterráneo’ para regocijo del personal, respaldado por una banda que puso toda la carne de su versatilidad en el asador electroluminiscente de Chimo Bayo. Exta sí, exta no, aullaba el gachó sobre la guitarra del grandioso Javi Vela simulando un sintetizador, con el bajo y la batería echando fuego en un mundo al revés que vio el triunfo de lo orgánico frente a lo robótico.

La apoteosis festera llegó con ‘Chiquilla’, y Seguridad Social se tomó un merecido respiro para salir de nuevo con fuerzas redobladas y regalar intimismo con ‘Soc mediterrani’ y ‘No verte más’. Un espejismo, porque enseguida llegó el ‘Comerranas’ y aquello se convirtió en un pogo con tantas patadas como nostalgia. Para acabar, ‘Un beso y una flor’ y la reivindicación del sublime Nino Bravo en el año que le rinde honores.

En fin, un fiestón del quince en el que José Manuel Casañ nos ofreció y se pegó un merecidísimo homenaje por estar al frente durante cuatro décadas de uno de los grupos de rock fundamentales para entender la historia de esta música en idioma castellano. Porque, para quien no lo sepa todavía o se empeñe obtusamente en negarlo, Seguridad Social han sido, son y serán tan grandes como los que más.

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