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Así será la futura Sala Sorolla del Museo de Bellas Artes

La pinacoteca abrirá la estancia en diciembre de 2023 como colofón a las actividades del Año Sorolla - El espacio, ubicado en la segunda planta del edificio, reunirá más de medio centenar de obras de los años de formación del artista y de los géneros que cultivó como el retrato, el paisaje o las costumbres

"Marina" (1907), obra de Joaquín Sorolla

"Marina" (1907), obra de Joaquín Sorolla

Begoña Jorques

Begoña Jorques

València

La Sala Sorolla en el Museo de Bellas Artes de València (MuBAV) será una realidad el próximo mes de diciembre. Será el colofón al Año Sorolla en el museo, una de las instituciones que más actividades ha anunciado entorno a la celebración del centenario de la muerte del pintor valenciano, que falleció en agosto de 1923. Así lo ha confirmado el director de la pinacoteca de la calle San Pío V, Pablo González Tornel, a Levante-EMV.

La gran pregunta es ¿cómo quedará configurada esta estancia? La intención del museo es que ocupe la sala más extensa del edificio Pérez Castiel del museo y que actualmente está ocupada por pinturas de Pinazo y Muñoz Degraín «que se reubicarán en su momento». De hecho, este viernes está previsto que el museo presente la llamada Sala Muñoz Degraín. Además de por el volumen de piezas que albergaría -45 que ya posee el MuBAV más siete de la Colección Lladró, adquirida por la Generalitat-, la sala dedicada exclusivamente a Sorolla -subraya González Tornel- debe ser de las más extensas debido al lienzo que dominará en ella: Yo soy el pan de la vida, una inmensa pieza de 5,5 x 4 metros, de temática religiosa en la que se puede ver a Jesucristo sobre una barca de vela latina como la utilizada por los pescadores valencianos, tripulada por tres discípulos desde donde se dirige a la multitud que le escucha desde la orilla. Sorolla empleó como modelos a los pescadores y pescadoras de la playa de la Malvarrosa enalteciéndolos y convirtiéndolos en personajes de una escena bíblica. El pintor ordena la escena principal con un ritmo diagonal ascendente hacia la izquierda cuyo punto culminante es la imagen de Jesús de perfil, modulando los brazos al ritmo de sus palabras. El lienzo, pintado en 1896, fue creado por encargo del político y viticultor chileno Rafael Errázuriz Urmeneta para su recién inaugurada casa-palacio de Valparaíso en Chile. La sala cuenta con 246 metros cuadrados.

Una vez decidido el espacio en el que mostrar toda la producción que el museo tiene de Sorolla, falta decidir cómo se exhibirán esas piezas. «A partir de la adquisición de la Colección Lladró tenemos suficientes fondos para dedicar una sala a Sorolla», añade González Tornel. «Organizaremos la producción de una manera fácil de entender para crear bloques de contenidos a partir de esa imagen emblemática» que es Yo soy el pan de la vida, explica el director de la pinacoteca.

En este sentido, confirma que la sala contará con dos bloques diferenciados. Por una parte, se podrán contemplar las obras de la etapa de formación del pintor; y, por otra, aquellas que responden a géneros como el retrato, el paisaje o la pintura costumbrista. Vayamos por partes. Respecto a los años de formación, González Tornel avanza que se expondrán sobre todo academias de desnudos, primeros bodegones o retratos de época romana.

La sala profundizará también en los géneros que cultivó el pintor de la luz como el retrato, el paisaje o la pintura costumbrista. Sin duda, tres aspectos en los que Sorolla fue un auténtico maestro. Los retratos, tanto los que realizó por gusto propio como por encargo, forman un importante grueso en la producción de Sorolla. El museo exhibirá los retratos que Sorolla hizo a su familia -a sus suegros, a sus hijos, o a su mujer Clotilde y gran musa de su arte-, así como a aquellos que fueron más de encargo. Se expondrán los retratos de Isabel Bru, Lucrecia Arana o el hijo de Mariano Benlliure.

Los paisajes, sobre todo de playa, son los más representativos del catálogo sorollesco. La pieza más significativa de este apartado es Figuras de casacas jugando en el jardín (1900). En una atmósfera de radiante felicidad, Sorolla traslada al lienzo un ambiente dieciochesco cargado de sensualidad y erotismo, en el que hombres y mujeres juguetean delante de una fuente. Tras este intrascendente y secundario argumento, el paisaje otoñal se convierte en el protagonista de una composición animada por las hojas caducas de los árboles dorados por el sol y las estatuas clasicistas de evocadoras nostalgias. En este apartado no faltarán sus estampas marinas y de montaña, así como otras de «paisajes más íntimos», según González Tornel, como cocinas de huertas o patios de conventos. Es en este apartado donde, presumiblemente, el MuBAV ubique el monumental Yo soy el pan de la vida por sus referencias paisajísticas a la Albufera.

La obra ‘Yo soy el pan de lavida’, de Joaquín Sorolla

La obra ‘Yo soy el pan de lavida’, de Joaquín Sorolla / Levante-EMV

Para acabar el recorrido, el visitante podrá contemplar las pinturas costumbristas de Sorolla, que cristalizan en lienzos como la reconocida Grupa valenciana (1906) o Labradora valenciana. «Sorolla tiene una visión del costumbrismo muy sofisticada», dice González Tornel, ya que los personajes no van vestidos de huertanos, sino «con trajes de gala y las mejores sedas».

Con esta puesta en escena, la intención del museo es mostrar el inventario público valenciano entorno a Sorolla, aunque se esperan «sorpresas», dice González Tornel sin querer hacer spoilers.

Y tanto esfuerzo no es para quedar en algo temporal. El Año Sorolla en el museo continuará su recorrido en el tiempo ya que la sala del pintor lo será de manera permanente, más allá de los vaivenes en los despachos públicos.

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