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Cuenta atrás para la sala Sorolla en el Museo de Bellas Artes

El espacio abrirá el viernes, cinco meses antes de los previsto

González Tornel, el día que presentó 'Yo soy el pan de la vida' en el Museo de Bellas Artes de València.

González Tornel, el día que presentó 'Yo soy el pan de la vida' en el Museo de Bellas Artes de València. / Francisco Calabuig

Begoña Jorques

Begoña Jorques

València

La inauguración de la Sala Sorolla en el Museo de Bellas Artes de València estaba prevista para el próximo mes de diciembre como colofón a las actividades en torno al centenario de la muerte del pintor valenciano. Sin embargo, todo apunta a que la esperada recuperación de un espacio exclusivo para Sorolla en la pinacoteca valenciana tendrá lugar antes de lo esperado. Así, será el próximo viernes cuando el director del museo, Pablo González Tornel, presente a los medios la Sala Sorolla.

Como ya adelantó haces meses Levante-EMV, esta sala se ubicará en la segunda planta del edificio Pérez Castiel. Allí ya luce desde hace semanas el imponente lienzo 'Yo soy el pan de la vida', eje central de la sala. Además de por el volumen de piezas que albergaría -45 que ya posee el MuBAV más siete de la Colección Lladró, adquirida por la Generalitat-, la sala dedicada exclusivamente a Sorolla debe ser de las más extensas debido a las dimensiones de 'Yo soy el pan de la vida', de 5,5 x 4 metros. Se trata de una obra de temática religiosa en la que se puede ver a Jesucristo sobre una barca de vela latina como la utilizada por los pescadores valencianos, tripulada por tres discípulos desde donde se dirige a la multitud que le escucha desde la orilla. Sorolla empleó como modelos a los pescadores y pescadoras de la playa de la Malvarrosa enalteciéndolos y convirtiéndolos en personajes de una escena bíblica. El pintor ordena la escena principal con un ritmo diagonal ascendente hacia la izquierda cuyo punto culminante es la imagen de Jesús de perfil, modulando los brazos al ritmo de sus palabras. El lienzo, pintado en 1896, fue creado por encargo del político y viticultor chileno Rafael Errázuriz Urmeneta para su recién inaugurada casa-palacio de Valparaíso en Chile. La sala cuenta con 246 metros cuadrados.

Preguntado en su momento, González Tornel explicó que «a partir de la adquisición de la Colección Lladró tenemos suficientes fondos para dedicar una sala a Sorolla». «Organizaremos la producción de una manera fácil de entender para crear bloques de contenidos a partir de esa imagen emblemática», que es Yo soy el pan de la vida. A partir del viernes se desvelará el misterio.

La disposición de la sala

Entonces, González Tornel explicó que la sala contará con dos bloques diferenciados. Por una parte, se podrán contemplar las obras de la etapa de formación del pintor; y, por otra, aquellas que responden a géneros como el retrato, el paisaje o la pintura costumbrista. Respecto a los años de formación, se expondrían sobre todo academias de desnudos, primeros bodegones o retratos de época romana.

La sala profundizaría también en los géneros que cultivó el pintor de la luz como el retrato, el paisaje o la pintura costumbrista. Sin duda, tres aspectos en los que Sorolla fue un auténtico maestro. Los retratos, tanto los que realizó por gusto propio como por encargo, forman un importante grueso en la producción de Sorolla. El museo exhibirá presumiblemente los retratos que Sorolla hizo a su familia -a sus suegros, a sus hijos, o a su mujer Clotilde y gran musa de su arte-, así como a aquellos que fueron más de encargo. Se expondrán los retratos de Isabel Bru, Lucrecia Arana o el hijo de Mariano Benlliure.

Los paisajes, sobre todo de playa, son los más representativos del catálogo sorollesco. La pieza más significativa de este apartado es 'Figuras de casacas jugando en el jardín' (1900). En una atmósfera de radiante felicidad, Sorolla traslada al lienzo un ambiente dieciochesco cargado de sensualidad y erotismo, en el que hombres y mujeres juguetean delante de una fuente. Tras este intrascendente y secundario argumento, el paisaje otoñal se convierte en el protagonista de una composición animada por las hojas caducas de los árboles dorados por el sol y las estatuas clasicistas de evocadoras nostalgias. En este apartado no deberían faltar sus estampas marinas y de montaña, así como otras de paisajes más íntimos, como cocinas de huertas o patios de conventos.

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