Marc Anthony, el rey (un poco automático) de la salsa

Unas 15.000 personas asisten al concierto de la estrella latina en la Ciutat de les Arts

Fotos: Fernando Bustamante

No me digan que no lo pone a huevo el hombre. “El concierto de Marc Anthony ‘valió la pena’”, podríamos titular en fácil y obvia referencia a una de las tres o cuatro canciones del astro puertorriqueño que la mayoría de seres humanos más o menos bailantes podemos tararear con cierta dignidad. “Un espectáculo que no ‘valió la pena’”, hubiéramos dicho si esta noche del martes en València hubiese ocurrido lo mismo que en Mestalla hace unos años, cuando los fans salieron algo decepcionados del concierto por la falta de conexión del rey de la salsa con el público o, incluso, con la realidad.  

Sea como sea, titular una crónica de un concierto de Marc Anthony resulta tan fácil que desde que ha acabado la actuación llevo dándole vueltas al asunto. Porque, además, tampoco sé si ha valido la pena o no, si he estado en un gran concierto o en uno solo normal. Solo sé que, mientras cavilo sobre titulares y demás, mi pie izquierdo sigue moviéndose al compás del derecho y ambos al de mis caderas en perfecta conexión con la cadencia de los brazos. Y eso ya les digo yo que no es muy habitual.

No ha llenado del todo el rey de la salsa el recinto de conciertos de la Ciutat de les Arts pero ha habido un ambiente festivo y sabrosón que da para abarrotar tres festivales de mustio indie nacional. Marco Antonio es bueno, a qué negarlo a estas alturas, y con la banda que se gasta (a la que, por cierto, la estrella apenas nombra ni reconoce durante la actuación) uno bailaría hasta el apagón aunque ante el micrófono estuviera el cantante de Vetusta Morla.

Han salido los músicos pasados cinco minutos de las 22 horas para encender los peroles salseros en cuestión de segundos y después ha salido Marc, draculesco figurín, gafas y americana oscuras, camisa con dos botones desabrochados y botines saltarines de cuero negro ad hoc. Se mueve sobre el escenario con el poder y la naturalidad de los que son legítimos monarcas de lo suyo, de esos que se sienten tan divinos que no parece ni siquiera que pisan el suelo. Durante hora y 40 minutos Marc y sus tropas han ido desgranando un repertorio infalible de baladones románticos y ritmos tropicales.

"Llegué", ha proclamado el artista tras terminar la "P'allá voy" con la que ha abierto el concierto y enseguida eso de "Valió la pena" que el público ha celebrado alzando las manos tal como les ha mandado Marc, que se ha paseado y bailado y ha hecho como que daba alguna indicación a la banda, que respondía como si realmente le hicieran falta indicaciones. Después han venido las baladas y los baladones -"Hasta ayer", "Flor pálida", "Volando en tus brazos", "Abrázame muy fuerte"-, unos que bien porque llega un momento en el que Marc se quita las gafas de sol y deja caer los ojos y sonríe canallescamente y la percusión sube el ritmo y los metales empiezan a pitar fuerte y te das cuenta que no es para tanto. Y otros que no tan bien porque el solo de guitarra es demasiado largo y el teclista parece un poco aburrido mientras teclea y la estrella mienta a Perales sin aportar demasiado a cambio.

Menos mal que el mismo Marc avisa que se "acabó el lloriqueo" y se pone a cantar cosas como "Te conozco bien", "Mala" y "Parecen viernes". Algunos cambios entre canción y canción se han hecho largos pese no haber durado más de medio minuto, lo que supongo que debería ser una buena señal, aunque tampoco estoy seguro. Durante hora y medio el concierto ha avanzado bien, perfecto diríamos, todo en orden, profesional muy profesional. Tanto que con un poco menos de profesionalidad también nos hubiéramos conformado.

El final llega casi con prisa, casi automáticamente, pero en el momento justo para que el concierto no decaiga con "Tu amor me hace tanto bien" y "Vivir mi vida", el ‘C’est la vie’ de Khaled convertido en himno vital caribeño que la banda va alargando mientras Marc firma banderas y desaparece del escenario con esa mezcla de naturalidad y magnificiencia con la que había venido.