Crítica|Música

Triunfo del grupo valenciano Liber Quartet en el Festival de Música de Granada

Imagen de archivo de Liber-Quartet.

Imagen de archivo de Liber-Quartet. / Levante-EMV

Justo Romero

Justo Romero

73 FESTIVAL DE GRANADA. Liber-Quartet (Alberto Rosado y Carlos Apellániz, pianos; Javier Eguillor y Raúl Benavent, percusión). Obras de Bartók (Sonata para dos pianos y percusión) y Stravinski-Liber-Quartet (La consagración de la primavera). Lugar: Granada, Auditorio Manuel de Falla. Fecha: 7 julio 2024

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El conjunto valenciano Liber-Quartet ha logrado un éxito rotundo y unánime en su presentación en el Festival de Granada, la cita musical más prestigiosa del calendario español. Sus cuatro integrantes (los pianistas Carlos Apellániz y Alberto Rosado, y los percusionistas Raúl Benavent y Javier Eguillor) pusieron en pie al público que colmaba el aforo del Auditorio Manuel de Falla con sus incandescentes interpretaciones de dos obras capitales del siglo XX: la Sonata para dos pianos y percusión de Bartók y La consagración de la primavera, de Stravinski, que ofrecieron en una versión propia escrita a partir del original para dos pianos o a cuatro manos.

Se da la circunstancia de que el día anterior esta misma obra de Stravinski fue interpretada en el propio Festival, en el vecino Palacio de Carlos V, en su versión original para orquesta, interpretada por la Suisse Romande dirigida por Charles Dutoit. Es curioso cotejar versiones tan distintas, indagar los paralelismos entre la visión de La consagración de la primavera del Liber-Quartet y la planteada el día antes por un pletórico Dutoit que conoce y domina al dedillo los pentagramas maestros de Stravinski.

Pese al abismo entre la opulencia de una orquesta sinfónica y la esencia camerística de un cuarteto, ambas lecturas -la sinfónica de los suizos y la de los valencianos- coinciden en una perspectiva que enfatiza las aristas más ásperas y punzantes de una partitura -La consagración de la primavera- cuyos ritmos, énfasis y acentos resultan hoy -ya sea desde la orquesta o desde la versión camerística del Liber-Quartet- tan impactante y novedosa como cuando se estrenó en el avanzado París de 1913.

Salta al oído el respeto con el que Liber-Quartet se ha acercado a la obra maestra de Stravinski. Su versión revisada mantiene intacto el sustancial virtuosismo pianístico del original de Stravinski, que, en cualquier caso, es fundamento de una obra en la que ritmo y armonía, melodía y tiempo, se alían y quedan fusionados en torno a la idea motriz “del nacimiento prehistórico de la primavera”, como refiere el propio compositor.

El programa se había abierto con otra obra maestra del siglo XX: la poco interpretada Sonata para dos pianos y percusión de Béla Bartók. No es fácil imaginar una reinterpretación de mayor voltaje virtuoso y calado expresivo que la escuchada Granada al cuarteto valenciano, cuyos componentes expusieron unitariamente la obra maestra desde su avanzada crudeza, de extremos y contrastes tan rotundos y al mismo tiempos tan distintos a los de La consagración de la primavera.

Al final, y como era evidente, llegó el éxito. Rotundo y categórico, a tono con lo escuchado. La sala principal del Auditorio Manuel de Falla se puso como un resorte en pie para aplaudir y bravear una actuación que ha supuesto una de las citas más singulares y exitosas de un festival en cuya actual edición participan máximas figuras musicales de la actualidad. El Liber-Quartet en absoluto desentonó -sino todo lo contrario- en tan exclusiva cita. ¡Bravo!

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