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Navalón y las raíces toreras de Ayora: "Voy a devolverles todo el cariño"

"Ser torero es la profesión más bonita del mundo", señala el novillero valenciano a horas de torear en solitario cuatro novillos en la capital de la comarca del Valle de Ayora-Cofrentes, una historia que empezó cuando su prima María le hacía de toro en la plaza de la ermita

Samuel Navalón posa para la entrevista en la plaza de toros portátil montada en Ayora

Samuel Navalón posa para la entrevista en la plaza de toros portátil montada en Ayora / LEVANTE-EMV

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Jaime Roch

Jaime Roch

València

A Samuel Navalón se le intuye la sonrisa detrás de cada frase, como si rastrease las huellas de su vida en Ayora, su pueblo natal situado en la comarca del Valle de Cofrentes-Ayora. Allí donde dio sus primeros pasos en la coqueta plaza de toros de la ermita, dedicada en honor a la Virgen del Rosario. Su prima María con tan solo dos años le hacía de toro "a la fuerza" y él toreaba con un capote y una muleta que le regalaron sus padres. Cosas del destino, este viernes ha puesto el ‘No hay billetes’ en una plaza de toros montada en el Campico de los Leones de su pueblo, en la que lidiará en solitario cuatro novillos de la ganadería de Casasola: "Espero devolverle a mi pueblo todo el compromiso y el cariño que me demuestran día a día".

Habla feliz, desde el mismo ruedo del coso portátil donde actuará mientras comprueba el piso plaza y desde donde hace un replanteamiento global de lo sentido y lo vivido en una temporada en la que ha pisado grandes plazas como Madrid, Sevilla o València -donde quedó triunfador de la Feria de Julio- y en la que también tomará la alternativa en Albacete el próximo día 14 de septiembre con Manzanares de padrino y Roca Rey, que será su testigo. València tiene nuevo torero. 

Ayora le espera. 

Tengo muchas sensaciones encontradas porque quiero devolver con mi toreo todo el cariño que me transmiten. Mi responsabilidad es total y no me voy a dejar nada dentro porque espero dar cuatro dimensiones de mi concepto, a cada cual más grande.

¿Qué recuerdos tiene de su pueblo?

Las fiestas de las vaquillas y correr los encierros. No olvido el sentimiento de niño al ver pasar al toro y esa ansia de que llegasen las fiestas para ver el animal que más me gusta en el mundo.

¿Ha habido otros toreros en Ayora?

Que yo recuerde, no.

¿Cuál es su concepto?

De dominio total ante el animal. Me gusta el muletazo de trazo largo, profundo, mandón y, sobre todo, de entrega total, que es un fundamento en mi manera de entender la vida y el toreo. 

¿Qué es esa entrega total?

La entrega al animal que te está entregando su vida. Olvidarse del cuerpo, que el toro haga contigo lo que tenga que hacer. 

Qué difícil es eso…

Lo trabajo día tras día con mucha mentalización para que cuando salga el toro sea capaz de entregarle toda mi alma.

Defina su personalidad.

Tengo una actitud ambiciosa y, en algunos momentos, arrolladora. Estoy en proceso de maduración y hay millones de matices que ni yo sé ahora mismo y que tengo que descubrir con el tiempo.

¿Cómo?

Vivo en casa de mi apoderado en Sancti-Spíritus, en Salamanca, y también junto a mi asesor artístico, José Antonio Muñoz. Así que trabajamos juntos en ahondar en mi concepto y en mi personalidad. 

Samuel Navalón dibuja un buen derechazo

Samuel Navalón dibuja un buen derechazo en Algemesí, donde quedó triunfador / Moisés Castell/Prensa2

¿En qué le insiste su asesor artístico?

En que profundice en mí mismo y que cuando salga a la plaza no pretenda ser de otra manera más que como yo soy. Es la mejor manera de enriquecer mi tauromaquia.

¿Por qué lo introdujo?

Interiormente, sentía que necesitaba cambios. Tomé la decisión el invierno pasado y me marché a vivir a Salamanca. Entrenaba en casa de Nazario Ibáñez con el maestro Rubén Pinar y con Jorge Ibáñez y todo fluía fenomenal pero, como digo, necesitaba vivir otras experiencias, otras sensaciones.

¿Qué le ha aportado Rubén Pinar?

Todo. Ha sido la persona que me ha inculcado la constancia, el sacrificio, y, sobre todo, el hecho de estar dispuesto a entregarle mi vida al toro. No era consciente de ello hasta que no empecé a entrar con él a los 13 años.

Entiendo

Lo comprendí en cada gota de sudor que me caía. Al principio, mientras subíamos una montaña de la ganadería de Nazario que es tremendamente dura, recuerdo que hubo un momento que estaba reventado y quería pararme. Él me dijo: "No pares porque en esto del toro hay que estar dispuesto a morir por la profesión". Me lo dijo en un momento crítico y levantó mi ánimo. Desde ese día, no lo olvido. Ser torero es la profesión más bonita del mundo.

Fue el triunfador de los novilleros en la Feria de Julio.

Ha sido una de las tardes más redondas de mi trayectoria. Con el primer novillo de Núñez de Tarifa realicé una de las faenas que más se asemejan a lo que busco como torero. Aunque lo pinché en un par de ocasiones.

La espada…

Va a cambiar la racha. Me sangran las manos de tanto que me tiro al carro y, quizás, siendo autocrítico, creo que me he tirado de más. 

Ha dado la cara en las plazas importantes.

No podría quedarme con la tarde en la plaza de toros de València, Madrid, Sevilla o la Puerta de los Cónsules de Nimes (Francia)… Todas las tardes me han aportado en el sentido de la experiencia y de la evolución a una dimensión mayor de torero y, sobre todo, creo que he podido ilusionar al aficionado.

Y tiene la alternativa en el horizonte con Manzanares y Roca Rey en Albacete.

Es el día de mi vida. Allí me he formado como torero y cumpliré el sueño que siempre he tenido al lado de dos figuras del toreo. Es difícil definir lo que siento.

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