Entrevista | Paco Cerdà Escritor
Paco Cerdà, autor de "Presentes": "La España de Franco se asentó sobre el miedo, por eso nos emocionan sus resistentes"
El escritor valenciano hablará esta tarde en La Nau de "Presentes", la novela de no ficción en la que muestra la España vencida que Franco quiso ocultar tras el épico traslado del cadáver de José Antonio de Alicante a Madrid

El escritor valenciano Paco Cerdà, autor de "Presentes". / Miguel Ángel Montesinos

El 20 de noviembre de 1939 los restos de José Antonio Primo de Rivera son exhumados en el cementerio de Alicante. Sus camaradas falangistas los trasladarán en hombros durante once días y diez noches hasta enterrarlo en El Escorial. Un cortejo fantasmal, una gran 'performance' histórica que Paco Cerdà cuenta en "Presentes" (Alfaguara), su nueva novela de no ficción tras "Los olvidados", "El peón" y "14 de abril". Y en paralelo al relato de la épica exaltación -y sibilina apropiación- de la figura del fundador de la Falange por el franquismo, Cerdà desvela la España de los presos, fusilados, exiliados, depurados, mutilados, forzados y humillados, que el nuevo régimen quiso ocultar detrás de aquella "epopeya ebria de poetas".
Empieza “Presentes” describiendo el traslado del cadáver de José Antonio de Alicante a Madrid como “la ceremonia más inverosímil de la Historia”. Y termina añadiendo un “mienten” al momento en el que lo entierran y todos gritan “Presente”. ¿Fue todo una gran mentira?
Este caleidoscopio de 11 días en el que se exalta al gran icono de la dictadura, pero también se muestra una galería de represión y resistencia que marcaría la posguerra, responde a un esquema casi operístico, tiene una vocación de espectáculo escénico con el pueblo como atrezo. Y las grandes representaciones son siempre mentira, ficción.
Durante el cortejo los poetas más insignes del bando nacional van loando la figura de José Antonio. ¿Fue José Antonio un invento de los poetas y el fascismo -y que me perdone Celaya- un arma cargada de poesía?
No se comprende la plástica fascista, esa estética tan belicosa, si no tenemos en cuenta que esta demostración megalómana y totalitaria se produce dos meses después de haber estallado la II Guerra Mundial. Mussolini estuvo 21 años al frente del partido fascista y gobernó. Hitler estuvo 24 años al frente del partido nazi y gobernó. En cambio, José Antonio estuvo tres años al frente de Falange, fue dos años diputado y no solo no gobernó sino que solo obtuvo el 0,4 % de los votos. Pero tuvo un peso inequívoco en el calentamiento del clima político en los últimos años de la República y tuvo una sobreproducción de relato. La Falange de José Antonio es, en buena parte, un relato narrativo en el que colaboran los poetas.
Todos esos poetas que aparecen en “Presentes”, ¿son una vacuna contra la idea del poder beatífico de la literatura?
En “14 de abril” ya concluía que “para la guerra, cañones. Para la revolución, poetas”. La palabra tiene un poder enorme de construcción, pero tiene también un poder enorme de destrucción. Y eso lo constata el fascismo en la Europa del siglo XX. Y en este caso hubo una competición entre bates falangistas para ver quién construía un mito más sobrehumano y divinizado. La poesía es necesaria y, a veces, es peligrosa. Igual que la épica, que es como un líquido amniótico que permite justificar los sacrificios más inexplicables y las gestas con un precio más alto.
Eso también lo leímos en “El peón” y en “14 de abril”: el peligro de los ideales.
Sí. Igual que con "14 de abril", ahora me he movido en unos documentos, en unas memorias, en unas vidas de inflamación idealista, de romanticismo quijotesco, de efervescencia utópica. Ahora lamentamos la tendencia al descreimiento, la desconfianza hacia el futuro, la forma de vivir nihilista, el individualismo... Pero, ¿qué ha sido capaz de hacer la masa en Europa a lo largo de su historia? ¿Qué ha sido capaz de hacer la pulsión utópica mal entendida? Cuidado con la palabra, cuidado también con la sobredosis de ideales.
Peones de unos ideales. ¿Quiénes son en el siglo XXI?
Ayer vi una catarata de peones pasando la valla de Ceuta. Gente que le limpia el culo a los abuelos, que recogen fruta en nuestros campos, mujeres que cuidan a nuestros niños… Y que sean maltratados, demonizados, que sean pasto de azuzar el odio… Banalizar el odio es muy peligroso, porque puede abocar a naturalizar la demonización de personas que son fundamentales para nuestra sociedad. La demonización del inmigrante me parece inhumana.
En “Presentes”, además de a las víctimas del fascismo, también recuerda a las víctimas fascistas del fascismo.
Intento huir de maniqueísmos, pero también de equidistancias, no quiero hacer rankings de víctimas, sería obsceno. El franquismo sienta su memoria histórica ya en el 39 con un dispositivo muy estructurado. Hay una voluntad no solo de edificar una nueva España reconstruyendo carreteras y puentes, sino también con la reconstrucción de una nueva conciencia del hombre nuevo franquista. Una conciencia que está edificada sobre la cultura de la muerte, que es como un mérito para los que defendieron la cruz y la patria.
¿Fue la España de Franco un país asentado sobre la humillación de los vencidos?
Diría más: asentado sobre el miedo. Y por eso nos emocionan tanto sus resistentes. Como canta Raimon “la pau a vegades fa olor a mort”. Una consecución funesta de ese cortejo de 11 días fue demostrar a la España vencida que había unos nuevos amos, que asustaban y que mordían. El boato que rodeó este traslado daba miedo, igual que daba miedo en los pueblos de alrededor el ruido de los tiros en el paredón de Paterna. Montaigne decía que la libertad es incompatible con el miedo y en España el miedo operó como quintacolumnista del franquismo.
Franco es el gran “ausente” de “Presentes”. No aparece hasta el final del libro. ¿Por qué?
Fue una decisión deliberada. Incluso borré tres o cuatro frases en las que aparecía Franco antes del final. Quería que hubiese como una sombra permanente, la sensación de que falta algo. Franco es una sombra que sobrevuela también "El peón" o "14 de abril" o incluso "Los últimos", que es la España despoblada por las políticas del franquismo.
¿Y cómo ha influido en sus libros la historia de su bisabuelo Paco, fusilado en el Paredón de España, que también aparece en “Presentes”?
No lo sé. Que me ha marcado esa historia familiar, sin duda. Y también el hecho de que mi abuelo siga con vida con 99 años y que más que memoria, esa historia sea presente. Hay dos elementos que hacen que la memoria de Paterna sea un motor que posiblemente explique mis últimos tres libros: por un lado, el fusilamiento de mi bisabuelo. Y por otro, el poema “Vora el barranc del Carraixet” de Estellés, que conocí cuando cubrí para Levante-EMV la inauguración del monolito del cementerio de Paterna en recuerdo de los fusilados. Es uno de los textos que más me ha marcado, porque vi una verdad, un horror y una necesidad de reparación. Lo que más me interesa a la hora de escribir es cazar historias que me emocionen y que la emoción desemboque en una reflexión. A veces son historias trágicas y otras, como la de Miguel de Molina o Elena Fortún que aparecen en Presentes, son admirables por la resistencia que implican.
Pero escribir sobre los muertos también pesa, usted mismo lo escribe en “Presentes”. ¿Le ha afectado emocionalmente escribir este libro?
Sí, es un peso emocional grande. Muchas veces recuerdo reportajes que hice hace años que me siguen dejando mal cuerpo. Y con mis libros me pasa lo mismo. El grado de intimidad que he encontrado con estas personas a través de sus cartas, de su documentación íntima, es tan grande, que el coste emocional es importante. Me sigo preguntando cómo fue posible tanto horror en la posguerra, cómo fue posible que mientras unas personas fanáticas representaban una ceremonia inverosímil, hubiese 260.000 personas en prisión, 100.000 mutiladas, 90.000 siendo las mulas de la nueva España en campos de trabajo forzados, miles en el exilio… Hubo un deseo de venganza tan grande que no soy capaz de explicar.

El escritor valenciano Paco Cerdà, autor de "Presentes". / Miguel Ángel Montesinos
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