Ponce proclama su reinado en una tarde inolvidable en València
El maestro de Chiva cortó tres orejas en total después de pedir un sobrero de Juan Pedro Domecq de nombre «Triquiñuelo» que tuvo que lidiar en séptimo lugar y fue llevado en hombros al hotel en una tarde histórica

LEVANTE-EMV

Ni sus propios ojos, tras abrirlos en la habitación 271 del hotel Vincci Lys, soñaron la realidad creada por el mismo Ponce en la tarde de su adiós a la plaza de toros de València. Y eso que no fue nada fácil… y hasta tuvo que pedir un sobrero de Juan Pedro Domecq de nombre «Triquiñuelo» y cortarle las dos orejas en séptimo lugar después de haber firmado una faena que es un proceso emocional que va más allá de la simple identificación de lo que hizo delante del toro.
A las 20.47 horas anunciaron por megafonía que saltaba el sobrero «en agradecimiento a la afición valenciana». Se cumplían casi las tres horas del festejo y no se movió nadie. Ese séptimo, fino toro, bonito también, quizá un pelín altón, devolvió la tauromaquia de Ponce a la raíz más pura tras sacar ese fondo que no tuvieron sus otros hermanos. Por eso mismo, Ponce pidió otro toro más después de lidiar su lote. Precisamente, antes de coger el descabello en el cuarto, que brindó a su padre, ya cuando se acercó a las tablas pareció decirle al gerente de la empresa Víctor Zabala de la Serna que quería otro toro más. También le pidió permiso al presidente del festejo, Luis Maicas, y lo autorizó acertadamente porque un torero de semejante calibre no se podía ir de otra forma.

Una poncina del maestro de Chiva en el sobrero lidiado en séptimo lugar / F. Calabuig
Un torero incansable
Y es que Ponce hizo el paseíllo como un dios sin sospecha de culto, como si pusiera los pies en las pisadas que él mismo había dejado sobre la arena hace años, como si el tiempo no hubiera pasado por él. Incansable desde aquel dieciséis de marzo del año 90 en que tomó la alternativa, tal y como demostró tras pedir el sobrero su último día.
Como decía, la faena a ese séptimo se distinguió por una calidad especial, como si fuese superior a las realizadas aquí a lo largo de sus 34 años de alternativa. Una labor iconográfica que seguramente satisfacía a un artista inconformista, a un genio voraz a sus 52 años en el último capítulo de su vida torera, totalmente convencido y emocionado.
Una faena que brindó, de nuevo, al público -puesto en pie- y que reunía su sentido del toreo más personal y quizás más profundo, un salto supremo en pos del ideal belmontismo -imposible para muchos y por eso más bello en Ponce- de su pureza, concentrada fundamentalmente en su vuelo desperezado de su muleta. Con una resonancia menos enfática en la técnica pero que le ganaba en seguida la confianza por el alma que proyectaba, de su asolerado concepto sin evocaciones ripiosas, sobre todo, por la mano derecha. Directamente, revelaba ese estilo a la manera incandescente, nada arqueológico, sino abiertamente sentimental, depurado. Hermosamente bárbaro también, con esa sed de ilusiones de un niño que las tormentas del corazón refrescan, irónicamente, en la frontera de su retirada. En el monumento vivo de su temple crecía una tauromaquia que ejercía gran fascinación en sus muñecas. Hasta en dos ocasiones proyectó sus particulares ‘poncinas’ y acabó fundido con el animal en medio de la ‘Concha Flamenca’ interpretada magistralmente por la sociedad musical de Chiva.
Mientras, su tío Leandro se levantaba del asiento y le autoproclamaba el número uno desde el tendido tras una tanda enorme al natural.
Los tiempos de espera para el toro fueron perfectos. Ahí también se reveló como un (de)gustador de embestidas, esa delectación que acompaña su conocimiento océano del toro que perfeccionó las imágenes proyectadas por Gallito y Granero en un concepto de nuestro tiempo. Un espadazo arriba no fue suficiente para que el animal claudicase, por lo que tuvo que hacer uso del descabello. Antes, Fernando Sánchez y Víctor del Pozo saludaron tras buenos pares de banderillas. Cádido Ruiz también estuvo muy acertado en la lidia.
Así que Ponce se despidió para siempre de la plaza de toros de València con tres orejas en su esportón -diría incluso que rozó el rabo en ese séptimo- y su adiós proclamó su reinado, la exaltación de su capacidad creadora, pero también nos hizo enterrar de golpe nuestra infancia. O esos sueños que privativamente son un tesoro casi imposible de la adolescencia y la juventud. Incluso, por edad y simpatías, de los mejores años de nuestra vida que, precisamente, también fueron -por el momento- los mejores años de la tauromaquia valenciana.
La vida de su trayectoria se identifica como nuestra, directamente con nuestra historia por aquello del egoísmo de considerar como algo propio todo lo que está vivo y traspasado de nostalgia en nuestra memoria.
El milagro materializado
Se marchó Ponce, la grandiosa huella de un maestro imposible de olvidar en una tarde en la que el tiempo se estiraba y se comprimía en cada segundo: el runrún de la afición a las 16.50 horas cuando abrieron las puertas, la atronadora ovación tras el paseíllo a las 18.15 horas… La muchedumbre de la puerta grande final llena de amigos y compañeros, en la que se conjugaban una mística de los viejos tiempos, el milagro materializado de Ponce con una tarde inolvidable que subyugó al que atravesó los muros de la plaza esa tarde.
Allí en el centro del ruedo, izado en hombros, cerró los ojos como si agradeciese a la vida todo lo vivido aquí y en él brillaban con luz propia muchos de los recuerdos todavía presentes. Ese gesto le hacía temblar por momentos ahí. Estar, ser, en su plaza amada. Sentirse edificado en su despedida. Estar ahí donde estuvo con su abuelo Leandro, con sus padres, con su familia... Y marchó por la puerta de gloria con esas lágrimas en sus ojos que no hacían más que notar, mágica, platónicamente los pasos de su vida.
El maestro de Chiva paseó una oreja de su primero, de nombre «Luso», de la ganadería de Garcigrande. Realizó una faena primorosa, llena de hondura y facilidad que ya encandiló a la afición.
Era imposible encontrar un mejor escenario para una alternativa. O no. No es turno para nostalgias ni lamentaciones. La tarde de Nek Romero proyecta la luz de recuperación y señala la ruta, pero le faltó espada... Otra vez. En su primero, el toro de la ceremonia que se llamó «Pisaverde», marcado con el número 142, negro, de 506 kilos de peso y con el hierro de Garcigrande, el toricantano se mostró muy decidido y seguro. También capaz, pero le molestó mucho el viento y se jugó la vida a toda costa.
En el sexto también molestó tremendamente el viento y Nek volvió a jugársela en un día que se antojaba clave. Falló a espadas.
Por su parte, Alejandro Talavante paseó una oreja de ley en el tercero, un buen Garcigrande al que le firmó una faena personal, rítmica... Un derechazo enorme, enroscado, hondísimo puso la plaza en pie. Dejó una estocada bajísima y delantera. Hubo fuerte petición de la segunda que el presidente acertó en no concederla. Su segundo, de JP Domecq, no valió.
Está inusitada vuelta de Ponce a Valencia que tanto había entusiasmado al pueblo, como si acercase las distancias al corazón nostálgico, puso el cartel de 'No hay billetes' en la plaza de toros de València un 9 d'Octubre.
Enrique Ponce se marchó por la puerta grande. Su número 40 en esta plaza… Han pasado, no sé, los años o las horas. El círculo familiar ya se ha cerrado en su plaza. Pero la huella que tú dejas, Enrique, ¿quién la llenará?
- El valenciano José Luis Sastre dirigirá ‘Hora 25’ tras la salida de Àngels Barceló y el salto de Aimar Bretos a ‘Hoy por Hoy’
- La Guardia Civil concluye que el teniente coronel que gestionaba sus finanzas en Valencia adjudicó obras con sobrecostes de hasta el 348 % para enriquecerse
- Qué día y a qué hora se sabrán las notas de las PAU de 2026
- Mercadona pone en marcha su primera colmena semiautomatizada
- Publicado el calendario escolar 2026-2027 de la Comunitat Valenciana: el curso empezará el 9 de septiembre y acabará el 18 de junio
- Sumacàrcer prohíbe aparcar en todo el pueblo a los forasteros en su lucha contra la masificación en el río
- Última hora del estado de salud de Jorge Bellver: permanece muy grave tras una segunda operación
- Un hombre trans denuncia el trato de una examinadora en Xàtiva: 'No me dejó subir al coche hasta que le enseñé la cicatriz de mi operación
