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Juan Uslé, Victoria Civera y el arte contemporáneo como otra forma de amor

Se conocieron en la Academia de Bellas Artes y ahora, además de pareja, son dos de los artistas españoles más reconocidos a nivel internacional. Hoy vuelven allí para ser nombrados académicos

Los artistas Victoria Civera y Juan Uslé.

Los artistas Victoria Civera y Juan Uslé. / L-EMV

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Voro Contreras

Voro Contreras

València

Juan Uslé y Victoria Civera ya se gustaban antes de conocerse y de enamorarse. Ambos estudiaban en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos en València y, sin saber el uno del otro, él siempre se quedaba "parado" ante lo que hacía ella en clase y ella ante lo que hacía él. Al final, un amigo en común los presentó y un día él le dejó a ella una nota en el caballete. «Te invito a un Choleck», decía.

Desde entonces Juan y Victoria siempre han estado juntos, comparten hogar -pero no taller- entre Saro (Cantabria), Nueva York (Estados Unidos) y Benissa (la Marina Alta), han tenido una hija en común (la también artista Vicky Uslé) y han desarrollado sendas carreras -cada uno con sus estilos y circunstancias- que los han convertido en dos de las figuras españolas referentes del arte contemporáneo a nivel internacional. «Hemos hecho dos carreras en soledad recorriendo caminos paralelos», resume Civera.

Orgullo, agradecimiento, homenaje y ego

Esta tarde, cuando ambos tomen posesión como académicos de la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, los caminos paralelos volverán a cruzarse en el lugar en el que se conocieron. Lo hacen, reconoce Uslé, convencidos por su amigo y antiguo profesor José María Yturralde y pese a todas las veces que en su juventud renegaron de las academias y de los academicismos.

«Primero dices que no, pero luego revisas un poco tu vida, te empiezan a venir imágenes de cómo fuiste a parar allí y todo lo que eso supuso para ti y al final se junta todo -señala-. Algo así como un 30 por ciento de orgullo, 30 de agradecimiento y 30 de homenaje a la gente con la que creciste hasta ser artista». ¿Y el 10 por ciento que queda? «Eso se lo dejamos al ego, que también estimula y sirve para crear».

Victoria Civera

Victoria Civera / L-EMV

Los orígenes

Uslé llegó a València para estudiar Bellas Artes desde su Santander natal, pero«ya tenía a València dentro antes de venir aquí», asegura. Por alguna razón, los profesores de dibujo que tenía en el instituto solían ser valencianos. Y cuando empezó magisterio fue otro profesor valenciano, Miguel Massip, el que convenció a sus padres de que dejaran al talentoso chaval venir a estudiar aquí. «Ese verano que llegué a València fue muy duro, pero sentí que me había quitado esa nube de plomo que solemos tener encima los que nacemos en el Norte. Llegar y ver la piel de las personas, ese clima que te acaricia, esa sensación de apertura que tenía la ciudad, fue una invitación a vivir».

A Victoria no le hacían falta invitaciones , ya quenació a poco más de 100 metros del Mediterráneo, en el Port de Sagunt. Una circunstancia, recuerda ahora, que ha sido decisiva en su trayectoria. «Mi abuela tenía una tienda de tejidos en el Puerto y yo la solía acompañar a València para comprar el género. Ante todos esos colores y todos esos tejidos me sentía como Alicia en el País de las Maravillas». «Además -continúa- la de mi padre era una familia de carpinteros y mi abuelo era además fundador de la falla del barrio». Esa combinación de tejidos, colores, artesanía y fallas, y también el compromiso del barrio obrero, han acabado plasmándose en su forma de entender el arte.

Juan Uslé

Juan Uslé / L-EMV

Caminos paralelos

En sus inicios como pareja, primero en València y después en Santander, donde se instalaron a finales de los 70, trabajaban juntos experimentando con la fotografía, el fotomontaje, el «happening» y la pintura. Pero a partir de una exposición de ella en 1981 iniciaron sus respectivos caminos paralelos. Desde entonces, la obra de Civera supera la pintura, la escultura, el objeto y la intervención del espacio para apostar por una hibridación que esconde en la ironía y la metáfora una clara reivindicación social y femenina. Uslé -que empezó renegando de los géneros y las firmas- ha asentado por su parte un estilo ligado a la abstracción extrañamente lírica, dominado por los colores intensos y no naturalistas, y por la alternancia de gesto y geometría, sobriedad y barroquismo, dinamismo e inmovilidad.

En 1986 la pareja se trasladó a Nueva York con una beca Fullbright que le concedieron a Juan. Victoria reconoce que no fue una decisión fácil, ya que la carrera de ambos estaba despegando y, además, tenían una niña pequeña en común. Pero los dos -los tres, más bien- encontraron su propio espacio y empezaron a protagonizar exposiciones individuales y retrospectivas en museos y galerías de Estados Unidos y Europa y unos cuantos premios.

Ante todo, respeto

Siguen trabajando por separado, cada uno en su propio taller, una por el día y otro por la noche. Ella necesita grandes espacios y soledad. Y él, «quizá por esa nube del norte», ama el silencio. «Me concentro en los latidos de mi pulso y cuando los siento cojo el pincel y cada latido es una pincelada hasta que relleno el cuadro», explica Juan. Es, en todo caso, una primera fase de su trabajo, ya que después empieza la «conversación» para modificar y mejorar esa especie de electrocardiograma pictórico que ha levantado a pulso.

Desde aquel Choleck, Victoria y Juan, Civera y Uslé, llevan compartiendo cinco décadas de vida y arte. Y para lograrlo, dicen, hay una cosa que ha sido tan o más importante que el amor: siguen admirándose igual que cuando aún no se conocían. Además de querernos y todo eso, el respeto a la obra y a la diferencia individual del otro ha sido fundamental».

Victoria Civera y Juan Uslé

Victoria Civera y Juan Uslé / L-EMV

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