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Pastore y el nuevo romanticismo

Pastore.

Pastore. / Levante-EMV

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Fernando Soriano

Fernando Soriano

València

El otro día leí en un diario de tirada nacional, de mano de una sexóloga y una psicóloga de credibilidad contrastada, que no todas las erecciones se producen fruto de una excitación sexual.

Que el miembrillo se puede poner tieso con una frase cariñosa, un gesto de cercanía o un abrazo amistoso llegado de alguien por quien no tenemos interés erótico alguno. Incluso se te puede empinar por alguna cuestión artística o culinaria.

Oigan, me quedo más tranquilo sabiendo que no soy un perturbado al que se le pone ‘como cola de alacrán’, recurriendo a "La Celestina" (o como el cuello de un cantaor, si les gusta el flamenco) con el olor de aquella librería de Lisboa, delante de las manitas de cerdo de Au Pied de Cochon, colándome en el Prado o escuchando “Banzai”, el último disco del valenciano Pastore. Todo un párrafo hablando de empalmes sin ser electricista, ¿me convierten en un columnista cipotudo? Me temo que necesito ingresar en el ‘Centro de Interpretación del Romanticismo’, la canción que abre este exuberante trabajo.

“Existe una intención de comprender al personaje protagonista. Le doy un contexto divertido sin ridiculizarlo en extremo porque no todo es blanco o negro en su totalidad. Yo mismo tuve actitudes o hice bromas que ahora mismo serían muy cuestionables. Y no he sido ningún hijoputa”, aclara Sergio Pastor. Le cuento que volviendo a casa del urólogo invité a una señora japonesa con minifalda a subir antes que yo al autobús y no pude evitar tomarle medidas. “Este tipo tiene más de nosotros de lo que pensamos”, revela.

Divertidísima y acertadísima, la copla incide en las nuevas masculinidades y en la incapacidad de muchos donjuanes y Alfies para reconvertirse. Serge Gainsbourg podría ser uno de ellos. El tipo que le dijo a una jovencísima Whitney Houston que se la quería follar allí mismo. En la tele, en directo. El cabrón que urdió una felación metafórica en la boca de la inocente France Gall con “Les Sucettes”. Un sátiro egoísta, pero también un genio heroico cuyo fantasma recorre todo el disco a modo de hilo conductor.

“Las personalidades extremas son así, atraen y repelen al mismo tiempo. Como digo en el disco, a veces quiero ser como él, por odioso que sea, porque estando todo lo equivocado que podía estar es un referente estético y artístico”, explica entre risas. Cuestiones que están reflejadas en “Banzai” de manera valiente y absolutamente exenta de pedantería o pretenciosidad.

Y eso que musicalmente es tan complejo como ecléctico, pero también repleto de humor y escrito con un lenguaje sencillo pero rematadamente lírico, en la que cada frase y cada rima está resuelta con tal primor que desaparecen las líneas que dividen las piezas del puzle.

Pastore.

Pastore. / Levante-EMV

Después de 8 años desde “Reverdecer”, Sergio ha recuperado la ilusión por la música y ha construido, con la inestimable ayuda de su plas Carles Chiner, ex Gener, un artefacto canalla, seductor, apasionado, amoroso, cálido, malvado, literario, nocturno y sexy.

Su trabajito les ha costado. Durante un año compusieron y grabaron de manera arrebatada e instantánea durante las pausas que sus obligaciones laborales y familiares permitían.

Repasaron palos que el deliciosamente feo francés tocó, ya sea la música disco setentera con voz grave de borrachuzo fumador en “Gainsbourg”, el jazz tropical en “Vapor de jacuzzi”, el pop sofisticado en esa oda a la amistad inquebrantable entre dos hombres que es “Watson & Holmes”, el reggae en “Je t’adore”, con su mensaje de adoración hacia la enamorada, el bolero y la salsa en la canallesca “El chivato” o el rock de bunker en “Sálvame”: de la tribu, de la nacionalidad, de la religión, de la corrección política, de las partes de nosotros mismos que no vemos. De sentirse culpablemente tóxico por apropiarse sólo por un ratito del río de adjetivos vertidos en “Gainsbourg Reprise”.

El viernes pasado, en una sala Russafa abarrotada, Pastore reprodujo su criatura en una actuación única e irrepetible con sarcasmo, cariño, humildad e inteligencia. La banda, formada para la ocasión por componentes de Gener y Mr. Sánchez, arropó sus piruetas verbales y emocionales con una pasión colosal y una implicación y una sincerísima entrega. Combinaron sobriedad con virtuosismo, dejando muestras de irrebatible calidad en sus instrumentos pero también en las gloriosas armonías vocales y en una actitud cómplice para levantar el monstruo creado en el estudio.

Y es que el disco es sumamente artístico, elevado y poliédrico, pero también divertido, con una sonoridad lujosa y variada, que somete a reflexión a hombres que estamos en proceso de desheteropatriarcalización (toma palabro) al compás de unos tiempos que, seguramente, quedarían fuera de la comprensión del escandaloso y provocador Gainsbarre. Por mucho que nos la siga poniendo dura su recuerdo quemando un billete de 500 francos o enfrentándose a los paracas ultraderechistas después de aquel corte de mangas con el que terminó “La Marsellesa”.

Pastore en concierto el pasado viernes en València.

Pastore en concierto el pasado viernes en València. / F.S.

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