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Libros

La melancolía literaria de València

Novedades y reediciones han coincidido en el tiempo para reivindicar el escenario narrativo de una ciudad que siempre tuvo quien le escribió desde el siglo XV, pasando por Blasco Ibáñez y la eclosión de las ficciones sociales de Ferran Torrent y Manuel Vicent que ahora recoge la última novela de Rafa Lahuerta, ‘La promesa dels divendres’.

El Parterre, con el Palacio de Justicia, a la derecha, tan citado en ‘Anomia’ de Abelardo Muñoz.

El Parterre, con el Palacio de Justicia, a la derecha, tan citado en ‘Anomia’ de Abelardo Muñoz. / Germán Caballero

Joan-Carles Martí

Joan-Carles Martí

València

«Gracias a Abelardo Muñoz no voto a Vox». Rafa Lahuerta dio una lección de realidad en el Aula Magna de La Nau este martes ante un auditorio de veteranos antifranquistas. Ambos con libros recientes sobre la València de los sesenta y los ochenta estaban convocados para evocar aquella ciudad «rebelde y sentimental». Más allá de literatura, Lahuerta que acaba de publicar La promesa dels divendres manifestó su admiración juvenil por las crónicas de Muñoz en la Hoja del Lunes de Mestalla los días de partido.

La tendencia digital del copia y pega ha hecho olvidar los tiempos de pisar la calle, lo que ha provocado el trasvase de muchos al periodismo literario, como reconoció Muñoz. Su libro Anomia constituye su universo literario, donde vuelve a ser protagonista El Parterre, la plaza Alfons el Magnànim, retratada como el ‘parque’ o el ‘chaflán’. Donde años después, Lahuerta acudía de madrugada a comprar los periódicos que vendían justo al lado, en la Glorieta, los hermanos Ventura.

Ser y estar

Existe disenso sobre que es peor si la nostalgia o la melancolía, o si la primera es más conservadora y la segunda progresista, pero nadie duda que es un material literario de adicción. Lahuerta escribe en La promesa dels divendres que «de totes les nostàlgies la més infreqüent és la del xiquet», por eso con este libro cierra su trilogía sobre una juventud en una ciudad desbastada. Las páginas del autor de Noruega son el instante de una València reconocible para una generación que sobrepasa la cincuentena, porque él no si hizo escritor para cambiar el mundo, como sus anteriores colegas, sino «para saber quien soy».

Rafa Lahuerta, delante del Bar Mestalla.

Rafa Lahuerta, delante del Bar Mestalla. / Germán Caballero

Él y Muñoz son la última promoción que ha hecho de València un escenario ficcionado. El periodista Manuel Peris inició esta temporada literaria con un artículo en el suplemento de este periódico, Posdata en Abril, titulado «València, territorio literario». Peris mencionaba, además del libro de Abelardo Muñoz, València, el relat d’una ciutat, de Vicent Molins; Valencia, geografía de una ciudad, de Ginés S. Cutillas; y la novela negra Valencia Roja, de Ana Martínez Muñoz.

Torrent, Vicent y Aub

Hay muchas más recientes, como Psicodélica. Un tiempo alucinante, de Juan Lagardera o Dicen los síntomas de Bárbara Blasco (Premio Tusquets, 2020). O Les llunes de Russafa de Adolf Beltrán (Premi Joanot Martorell 2005). 

Un paisaje novelesco que conocen muy bien los lectores de Ferran Torrent desde el ya mítico No emprenyeu al comissari hasta Societat Limitada, pasando por Un dinar un dia qualsevol o Memòries de mi mateix, la última del escritor de Sedaví que tiene novela nueva a punto de publicar.

Diez años después de la publicación en 1984 de No emprenyeu el comissari, salió Tranvía a la Malvarrosa de Manuel Vicent, que con una prosa que fue calificada de «impresionista», alcanzó el éxito de los libros de Blasco Ibáñez o los cuadros de Sorolla. La posterior versión cinematográfica de la vida durante la posguerra de un joven que empieza sus estudios universitarios en València, recogía una cierta influencia de la historia de Max Aub en La gallina ciega, donde narra el decepcionante regreso del escritor a su ciudad en 1969 tras tres décadas de exilio.

Blasco Ibáñez

La dana ha vuelto la vista al clásico Cañas y Barro de Vicente Blasco Ibáñez, una de las más sobresalientes del llamado ciclo valenciano, donde figuran también La barraca, Flor de mayo, Entre naranjos o Arroz y tartana. Unas novelas donde describe la realidad de la València de principios del siglo pasado, con ese realismo tan propio de la época, donde muestra la preocupación por las gentes de clase baja, sus condiciones de vida y su supervivencia contra el medio.

Con mayor o menor fortuna todas las generaciones, desde el siglo XV (Segle d’Or) han tenido su crónica literaria, donde las nuevas corrientes historiográficas bucean en busca de detalles que habían pasado desapercibidos en las investigaciones canónicas.

‘Els treballs perduts’

La editorial Bromera se apunta al círculo sentimental de la València literaria con la reedición de Els treballs perduts, la magnífica radiografía realizada por Joan F. Mira en 1989. Una iniciativa que continuará con Purgatori y El professor d’història, la gran trilogía de la ciudad de Mira.

Bromera lanza la nueva edición para repensar el modelo de València realizado por el escritor, basado en el mito de los doce trabajos de Hércules, donde Mira coloca la historia de diferentes espacios urbanos reconocibles.

‘Trastornados por la luna. ¡Oh, Valencia!’

A la recuperación literaria se une la reivindicación de la movida de los ochenta en València, como el festival de tres días que organizó La Rambleta en octubre para celebrar aquella emergencia cultural que juntó a un colectivo interdisciplinar y muy heterogéneo.

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