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La poesía laureada de Carolina Otero

Escuchar y leer a Carolina Otero es adictivo, dolorosamente adictivo en muchas ocasiones. Su castellano es rico, cultivado en la forma y en el fondo, contundente, barroco, artístico y muy hermoso pero lo que cuenta te solivianta, te mueve a la acción.

Carolina Otero y su gata Mazapán.

Carolina Otero y su gata Mazapán. / FS

Fernando Soriano

Fernando Soriano

Valencia

Ya no digo que abran el periódico o enciendan la tele. Asómense a la ventana, con cuidado, y díganme que no está el panorama como para celebrarlo todo y más. Como por ejemplo que a mi amiga Carolina Otero Belmar le hayan concedido el Premio Valencia de Poesía en Castellano, que otorga la Institució Alfons el Magnànim, por su libro 'El día en que dejamos de ver porno'. El jurado ha valorado “la desinhibición y el lirismo: la voz que leemos, incisiva, responde a mostrar el ejercicio de poder masculino y la asimetría, que viene dada por el uso de un lenguaje que rompe sintaxis y estructura, y se extiende con brillantez durante el libro". Casi nada. Y yo la llamo para que me lo cuente.

“Habla de emociones, y claro que tiene material biográfico, pero se trata de un libro que va del yo lírico al nosotras. De hecho quise que el borrador lo leyeran varias mujeres y que intervinieran libremente en el poemario. Desde el principio busqué la colectividad y el ir a lo político. En clave lírica busco denunciar las políticas sexuales del patriarcado. Parto de mis experiencias echando la vista atrás, a mi infancia, a mi adolescencia, habla mucho del propio cuerpo y también del otro, del hombre blanco heterosexual”, explica Carolina, que destaca que el tono no es panfletario. “En absoluto, si quisiera hacer un panfleto escribiría de otra manera y por otros canales, como una carta al director de Levante”, me revela riendo, pero me hiela la carcajada en la boca con una confesión. Que se plantea dejar de escribir poesía y que poner el punto final “con este premio tan inesperado” le parece “un cierre de ciclo brutal”. Tranquis, su intención es seguir escribiendo pero con las miras puestas en la narrativa y el ensayo.

Mientras se publica el libro por la editorial Hiperión en octubre, detalle que entusiasma a Otero porque muchos de sus volúmenes la acompañaron en sus años de universidad, podemos acercarnos a su obra a través de sus dos últimos lanzamientos, “Curso avanzado de perra” de 2022 y “La canción de la chica Cheiw” de 2024. El primero, publicado por Cántico, se llevó el V Premio de Poesía ‘Irreconciliables’ del Festival Internacional de Poesía de Málaga. Envuelto en un cinismo salvajemente punk y mediante una lírica refinada y fascinante, Carolina da cuenta de los traumas provocados por el abandono y la vergüenza insoportable de verse desde el retrovisor del espacio y el tiempo. El segundo viene a ser una reedición aumentada de “Balada del rímel corrido” y viaja de la sencillez a la experimentación, explorando todos los yoes que han conformado a la autora hasta el estallido pandémico. Lenguaje vibrante y referencias pop para hablar sobre sí misma y su propia cosmovisión en un auto ajuste de cuentas, en ocasiones cruel e inquietante, en otras irónico y divertido, pero siempre hermoso y atrapante.

Además de poeta, que no poetisa, Carol es frontwoman de la banda de rock alternativo Carolina Otero and The Someone Elses. Hace un par de años dieron la campanada con el excelente y luminoso “Popalina”, que estaba repleto de ecos de ese indie noventero que todavía procura combustible vital a nuestra generación. Este agosto volverán al estudio del legendario Paco Loco para grabar “Lilith lo sabe”, que tendrá sonoridades más crudas, más oscuras y un contenido más político que su álbum anterior.

Y esto último se lo digo a ustedes con orgullo de amigo y satisfacción de fan, pero también con la prudente ecuanimidad que me acompaña cada vez que me siento delante del teclado. O eso procuro. Escuchar y leer a Carolina Otero es adictivo, dolorosamente adictivo en muchas ocasiones. Su castellano es rico, cultivado en la forma y en el fondo, contundente, barroco, artístico y muy hermoso pero lo que cuenta te solivianta, te mueve a la acción. Al tratar temas como la propia imagen, los cánones de belleza, el feminismo, las relaciones sentimentales, la violencia sexual, la madurez o la maternidad frustrada te ofrece herramientas para comprender e interactuar de manera más adecuada con tu madre, tu mujer, tu hija, tu hermana, tu amiga. Esa otra mitad de la humanidad, las mujeres. Y esas reflexiones que provoca te suponen un cierto agobio, morboso y seductor a la vez. El vértigo de asomarse a un precipicio aterrador, sí, pero que ofrece unas vistas tan hermosas que sería un crimen perdértelas.

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