Miguel Giménez triunfa en Tafalla frente a toros del Conde de la Corte
Serio toque de atención del torero de la Pobla de Vallbona en su regreso a España tras su lucha titánica en los pueblos del Perú

El torero Miguel Giménez junto al maestro Gregorio Tébar ‘El Inclusero’ y parte de su cuadrilla antes de torear en Tafalla. / Levante-EMV

“Ben parit”, “ben parit”, “ben parit”, gritaba desde el tendido un partidario de Miguel Giménez. En valenciano y a casi 500 kilómetros de Valencia salía de su boca tras la gran estocada lograda al quinto de la tarde, donde el torero valenciano se volcó sobre el toro a tumba abierta y al que le arrancó una oreja de ley, la única que se paseó en el primer festejo de la feria torista de Tafalla.
Precisamente, el 15 de agosto es el día más taurino del año en España. Festividad de la Asunción, patrona de Tafalla, Navarra. Día grande de las fiestas con Gómez del Pilar, Miguel Giménez y Diego García en el primer cartel de la feria frente a toros de los herederos del Conde de la Corte.
Miguel Giménez es un torero que lleva una lucha titánica en los pueblos del Perú -tres años consecutivos en aquellas plazas tan duras- y siente el toreo como eje reflexivo de su vida, el sentido primordial de su mundo. Junto al maestro Gregorio Tébar ‘El Inclusero’, faro de torería y referente, han emprendido un camino que este viernes ya tuvo su recompensa, los frutos de una entrega en común: un toque de atención en Tafalla frente a una de las divisas más emblemáticas de la historia del toro bravo, tronco ganadero fundamental dentro de la casta Vistahermosa que ahora lidia tan poco.
El quinto de la tarde traía la seriedad del toro antiguo, cinqueño y manso, como todo el encierro. Aquí Miguel Giménez dejó la impresión de que quiere abrirse paso en el toreo a cualquier precio frente a un animal pasado de años y de intenciones. Apretó sin embargo los dientes el torero de la Pobla de Vallbona para firmar la mejor faena de la tarde a base de quietud y dejarse llegar el toro a su jurisdicción con gran valor.
Tragó de verdad Giménez para entender a la perfección al toro del Conde de la Corte, en su distancia justa, en la altura de la muleta precisa y el trazo del muletazo exacto.
El animal no tuvo clase, ni raza ni nada pero fue manejable y Giménez armó una faena en la que dejó muestra de su buen concepto, de vertical, pura y templada interpretación. Incluso se recreó para torear a media altura -lo que requería el toro- y muy encajado de riñones.
Su primero directamente no dejaba ni estar. Le pudo por abajo, en perfecto juego de piernas, y lo pasaportó de una estocada efectiva. Giménez anduvo torero y oportuno frente a un ejemplar que siempre se defendió y al segundo muletazo te buscaba el cuerpo.
Su paso por Tafalla tiene que marcar este nuevo inicio del torero valenciano, que vino dispuesto a todo y sorprendió con un concepto del toreo puro y profundo.

Miguel Giménez pasea la única oreja en Tafalla. / Levante-EMV
El resto de la corrida pasó sin pena ni gloria tras el decepcionante encierro del Conde de la Corte, aunque el que hizo tercero de la tarde fue el animal que más se dejó y de mayores posibilidades.
El Inclusero
Hay personas cuya ejemplaridad viene a ser como un merecimiento innato. Quiero decir, que comparecen en la memoria de los demás no solo por su grandeza como torero sino por su gestos como persona. Tal es el caso del maestro Gregorio Tébar ‘El Inclusero’, quien se hizo doce horas de coche en un día para acompañar a Miguel Giménez en Tafalla. Un maestro de actitud serena, siempre ecuánime y con el recuerdo de su antología como matador de toros. Cuánta grandeza, maestro.
Posdata
Navarra es tierra de toros por excelencia, desborda afición por los cuatro costados. El sentimiento de los navarros, atraídos por las tradiciones más ancestrales, hace de su comunidad una de las más prósperas en la celebración de festejos taurinos. Tafalla tiene festejos en la plaza y en las calles en forma de encierros y capeas. Porque hablar de toros en Navarra no es únicamente hablar de las corridas tradicionales, sino también de los festejos populares.
Tafalla es un pueblo con encanto que merece la pena visitar con una zona de transición entre la Navarra atlántica y la ribera, con viñedos, campos de cereal, sierras y lagunas como la de Pitillas. Sin olvidar el gran patrimonio, como el Palacio Real de Olite, las murallas medievales de Artajona, el Santuario de Ujué y numerosas ermitas e iglesias románicas y góticas.
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