Flamenco en Les Arts
Pitingo, el gran showman del flamenco
La mezcla tan particular de la raíz del cante flamenco con el soul y el góspel del artista nacido en Ayamonte hace vibrar a Les Arts como pocas veces se ha visto

Pitingo llenó el auditori del Palau de les Arts de València este sábado / Miguel Lorenzo/Les Arts

Tras el concierto de este sábado en el abarrotado auditori del Palau de les Arts Reina Sofía (rozó el lleno), bien podríamos considerar a Pitingo, nombre artístico de Antonio Manuel Álvarez Vélez, como el gran showman del flamenco, cogiendo el título de la película que está inspirada en la vida de Phineas Taylor Barnum, un visionario que creó un circo que está considerado como uno de los primeros espectáculos de entretenimiento moderno.
¿Es un visionario Pitingo? Podríamos decir que sí porque, como él mismo se encargó primero de explicar con palabras y luego sobre el escenario con su actuación en les Arts. (¿El verdadero arte necesita explicación?) Porque desde que con nueve años escuchara un disco de Aretha Franklin y Louis Armstrong tuvo la "obsesión" de combinar su pasión por el cante flamenco jondo con influencias de la música afroamericana: "Entendí que los gitanos y las personas de color cantábamos con el mismo sentir, porque hemos sido dos pueblos oprimidos, hemos sufrido mucho". Y así arrancó el concierto, con aires de cante puro con un martinete y una soleá.
La "soulería"
Más allá de esa exposición y del toque socarrón de su discurso cuando se dirigía su público, la película protagonizada por Hugh Jackman tiene mucho que ver con el espectáculo que ofreció Pitingo en València a partir del estilo musical innovador que planteó y con el que fusionó el flamenco con el soul y el góspel, un género que él mismo ha denominado "soulería".
Si partimos de la base que la palabra "Pitingo" en sí misma significa "presumido" en caló, el idioma de los gitanos españoles (romaní ibérico), todo lo visto y sentido sobre las butacas es más entendible (y digerible, claro).
Sobre todo, porque no faltó ningún detalle para que su música tuviera el efecto deseado: llegar al público, hacerlo disfrutar. No importara que estuviéramos en un auditorio o en un ciclo de flamenco, el objetivo era claro: hacer partícipe al respetable de las canciones, apelándole para que cantara por encima del bien y del mal y del flamenco. Y precisamente así acabaron todos los espectadores, de pie y bailando al son de sus temas como si estuvieran en un campo de fútbol en otro tipo de concierto o en una clase teleridigda de un gimnasio cualquiera y tocando las palmas sin mantener el son del compás, si es que era fuera necesario el compás aquí...

Pitingo durante su concierto en el Palau de les Arts de València este sábado / Miguel Lorenzo/Les Arts
En este caso, el matiz de cantante y cantaor sí que es importante. No es Pitingo un flamenco arquetípico. Mas bien es el flamenco que menos canta por gitano, menos flamenco podríamos decir, incluso en su puesta en escena. Nadie que estuviera en el concierto podrá asegurar que este artista nacido en Ayamonte (Huelva) con traza de maestro de escuela rural elevara a la suprema categoría de arte el flamenco, si es que los que acudieron en masa buscaran el flamenco o el arte... A decir verdad, lo que buscaban era pasárselo bien, sin necesidad de pergeñar unos centenares de palabras más para contar lo que pasó.
Las canciones
Así que entre los bautismales refugios de la múscia góspel quedó el concierto de 'Pitingo y Punto' -así se llamaba-, en el que no faltaron temas tan suyos como 'Stand by me', 'Soul Man' o 'Te llamo para decirte que te quiero'.
Con el 'Cucurru Cucú' del mexicano Tomás Méndez ya puso al público en pie y el bolero cubano 'Nosotros' de Pedro Junco fue la canción más íntimamente interpretada y emocionante de todo el concierto. Igual que 'A puro dolor', como dice su letra: "Devuélveme mis fantasías, mis ganas de vivir la vida". El guitarra Jesuli Núñez lo acompañó brillantemente y su famosa 'Guantanamera' puso el broche de oro de un Palau de les Arts Reina Sofía entregado y ya de pie permanentemente.
Lo que sí que está claro tras ver a Pitingo es que disfrutar de él en directo te ahorra unas cuantas sesiones de psicólogo. Es como un flamenco de autoayuda. Quizá, es eso también lo que importa, ¿no?
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