Saltar al contenido principalSaltar al pie de página

Lux’: la voz de Rosalía contra la fugacidad del pop

Si hay algo que brilla por encima de todo es la voz de Rosalía, cargada de matices; transita desde la ópera al trap con una naturalidad que roza lo prodigioso

Rosalía durante su actuación en los 40 Music Awards en el Roig Arena

Rosalía durante su actuación en los 40 Music Awards en el Roig Arena / ED

Lluís Pérez

Lluís Pérez

València

Escuchar Lux, el nuevo trabajo de Rosalía, es sumergirse en una experiencia auditiva inmersiva y sorprendente. Nada resulta previsible en sus 50 minutos de duración: no hay estribillos, ni estructuras convencionales, y casi cada tema esconde un giro inesperado. Tampoco hay mucho que, a priori, aspire al “mainstream”, salvo quizás Dios es un stalker. Y precisamente ahí reside su mayor virtud: Lux es una obra que se niega a la complacencia. Rosalía firma un trabajo incontestable, concebido como un concepto compacto —como ya hiciera en El mal querer— en plena era de los sencillos efímeros y del algoritmo de las plataformas. Es, ante todo, la búsqueda de sí misma como artista, y una invitación a sumergirse en la religiosidad y la espiritualidad contemporáneas, en tiempos de resurrección de la estética sacra, como explicaba Amparo Soria en Posdata este sábado.

Pese a la ruptura de moldes, ya explorada por tantos otros con menor trascendencia, Lux suena orgánico. Sus giros, aunque sorprendentes, conectan con la tradición cultural y cristiana española; se sienten familiares, casi propios, y la incomprensión inicial se transforma en abrazo musical. Igual de natural resulta el uso de trece idiomas distintos: una apuesta arriesgada que, aunque no siempre convence, nunca suena forzada ni impostada.

Todo ello no impide que el cuarto álbum de la cantante sea denso. No es un disco para escuchar mientras conduces o trabajas: exige atención, pausa, escucha activa. Su densidad, sin embargo, se aligera a medida que avanza, con una segunda mitad más luminosa y menos rupturistas. Canciones como Sauvignon blanc o Memória funcionan como un regreso a la calma y la claridad después de la oscuridad central del disco.

Una proeza vocal

Si hay algo que brilla por encima de todo es la voz de Rosalía. Cargada de matices, transita desde la ópera al trap con una naturalidad que roza lo prodigioso. En Lux, la artista se libera de los filtros y de la voz sintetizada de sus trabajos más urbanos —como Con altura o algunos cortes de Motomami— para recuperar toda su potencia vocal. Ya se intuía en Berghain, el primer adelanto del álbum: un inicio operístico con tintes electrónicos que servía como manifiesto sonoro del proyecto. Pero su plenitud llega en Mio Cristo Piange Diamanti, un éxtasis musical incontestable que bien podría considerarse la cima emocional del disco.

Rosalía apuesta aquí por un sonido sinfónico y orquestal, influido por Bach, Mahler y las arias de ópera, fruto evidente de su sólida formación musical. Algunos músicos la han criticado por presentarse como “descubridora” de la música culta, sin comprender que su mayor aportación quizás sea acercar esas sonoridades a un público joven, que hoy rara vez se asoma a las grandes sinfonías de la historia de la música.

Éxito comercial

Lux ha irrumpido con fuerza: más de 42 millones de reproducciones en su primer día, récord absoluto para un disco de una artista hispana. Lo paradójico es que este éxito llega con un álbum que desafía muchas de las fórmulas del pop comercial. La marca Rosalía, sin duda, ayuda; pero el mérito es suyo. Porque lejos de someterse a los cánones de la industria, ha hecho exactamente lo que quería hacer. Mostrarse rupturista puede ser también una estrategia, sí, pero hay algo auténtico en su riesgo: pocas artistas se atreven a romper con el pop fugaz y presentar un disco que, para bien o para mal, nadie puede escuchar con indiferencia.

Con Lux, Rosalía no busca complacer: busca trascender. Y en ese intento, firma su obra más arriesgada, más espiritual y —posiblemente— más necesaria.

Suscríbete para seguir leyendo

Tracking Pixel Contents