Entrevista | Rodolf Sirera Dramaturgo y guionista
Rodolf Sirera: “Las instituciones valencianas no contribuyen a crear una cultura teatral ni un público formado”
El dramaturgo y guionista valenciano recibirá este viernes el Premi d'Honor del audiovisual valenciano: "Siempre he intentado que mis guiones de televisión tuvieran valor y sentido"

Rodolf Sirera, Premi d'Honor de l'Acadèmia Valenciana de l'Audiovisual. / EDITORIAL DRASSANA

El dramaturgo y guionista Rodolf Sirera (València, 1948) recibe este viernes el Premi Lola Gaos d’Honor de la Acadèmia Valenciana de l’Audiovisual, un reconocimiento que pone el broche a más de tres décadas dedicadas a la ficción televisiva y a toda una vida entregada al teatro. Figura esencial del teatro valenciano contemporáneo y cofundador del histórico grupo El Rogle, Sirera ha sabido moverse entre el escenario y la pantalla con una coherencia poco común: la de quien ha hecho de la palabra su instrumento para pensar la sociedad, la memoria y el poder. En esta conversación, el autor de "El verí del teatre" repasa su paso del teatro independiente a la televisión de masas, reflexiona sobre el presente del audiovisual y el teatro valenciano y habla del retorno a sus orígenes escénicos: “Es una forma poética de cerrar un ciclo”.
Hace unos años recibió un premio de sus compañeros de teatro y ahora de los del audiovisual valenciano.
Ha sido una sorpresa, la verdad. Yo terminé mi trayectoria en el mundo audiovisual hace cuatro años y pensaba que ya había acabado porque he ido volviendo al teatro poco a poco. Así que me lo tomo como una forma preciosa, poética incluso, de cerrar un ciclo de más de tres décadas dedicado a este mundo.
¿Cómo fue su paso del teatro a la televisión?
Fue muy fácil. A principios de los 90 tuve la oportunidad de hacer guiones porque era un momento muy especial. Durante años en la televisión se había dejado de hacer ficción y cuando se recuperó fue a través de géneros más populares, como la telenovela, series semanales de pequeño formato. Las cadenas se encontraron con que no tenían guionistas, porque los guionistas que habían hecho las series importantes estaban más relacionados con el cine. Te hablo de Fernando Fernán Gómez, de Adolfo Marsillach, a los que la televisión les parecía una cosa menor. Así que sacaron a los guionistas del mundo de teatro porque, además, eran series que tenían mucho de teatro y radioteatro: medios limitados, se hablaba mucho en ellas…
Para usted fue fundamental la figura de Josep Maria Benet i Jornet, el creador de series como “Nissaga de poder”, de la que fue guionista.
Sí, entré en el mundo de las series porque tenía una relación larga y estrecha con él, que acababa de hacer una serie de televisión de éxito en TV3 con la que creó la manera de hacer series diarias al estilo de este país, que es diferente al estilo de Latinoamerica y los países anglosajones. Después surgió la posibilidad de hacer un equivalente en la televisión valenciana (“Herència de sang”) y me embarqué ahí. Después la productora desembarcó en Madrid y yo empecé en Telecinco con la serie “Súper”, que fue muy exitosa, y ya me metí de lleno en la industria. Durante este tiempo he trabajado mucho para Barcelona pero sobre todo para Madrid, tanto en televisiones privadas como públicas, como fue el caso de “Amar en tiempos revueltos”, donde estuve siete años.
¿Tuvo algún problema con ese cambio de estatus de escribir teatro para una minoría a hacerlo para millones de espectadores en televisión?
La verdad es que la trayectoria de un dramaturgo como yo siempre es complicada. Comencé haciendo teatro con un grupo independiente. Cuando ese modelo entró en crisis, yo continué escribiendo con cierta regularidad más en Madrid y Barcelona que en València. La cosa fue yendo bien hasta que a finales de los 80, si eras un autor sin compañía o sin productor, cada vez tenías menos posibilidad de estrenar. Llegó un momento en el que me resultó muy difícil acceder a los escenarios.
Y vino la televisión al rescate.
Sí, yo me decía: “bueno bien, mucho nivel cultural superior, pero luchar para hacer funciones que nadie quiere estrenar o que, en el mejor de los casos, no verán más de 150 personas, cuando en televisión me pueden ver millones…”. La televisión es un producto de consumo, evidentemente, pero yo siempre he intentado que mis guiones tenga un cierto valor y un cierto sentido. Sin eso yo no hubiera hecho “Amar en tiempos revueltos”, que es una serie que, con un lenguaje popular, explicaba la historia de España de la Guerra Civil hasta la recuperación de la democracia. Y también hice eso para TV3 y para la televisión estatal. Durante esos años sí que echaba en falta el teatro, claro, pero no era por mi voluntad. Además, lo compensaba con que me encargaban muchas traducciones, que sí que se estrenaban.

Rodolf Sirera con los responsables del IVC y de la AVAV. / L-EMV
¿Ha cambiado la situación del teatro valenciano desde que usted lo dejó en los 90? Cuando estrenó “Dinamarca” llevaba 25 años sin estrenar aquí.
No ha cambiado mucho, no. El problema hoy en día sigue siendo que si eres solo autor, que no tienes ni compañía ni productor, has de tener la suerte de que alguien quiera producir una obra tuya. En el caso de “Dinamarca” se juntaron una serie de circunstancias que sí permitieron que se estrenara. Influyó, por ejemplo, la muerte de mi hermano (Josep-Lluís Sirera, también dramaturgo y catedrático de Historia del Teatro Español) o el apoyo de la institución. La obra se estrenó, funcionó muy bien, tuvo todos los premios del mundo y, pese a eso, solo hizo unas cuantas funciones en València, Castelló y Alicante. No hubo más. Si al mismo tiempo que producimos teatro no ponemos en marcha mecanismos de distribución que permitan que la obra se mueva y llegue a más gente, es complicado. Bueno, es lo que tenemos.
¿Y cómo tenemos el teatro valenciano en 2025?
El teatro valenciano es circular, siempre está comenzando y acabando, comenzando y acabando. El audiovisual sí que está en un buen momento, está empezando a despegar y se hacen productos muy interesantes, sobre todo porque se trabaja en colaboración con otras comunidades autónomas y colaborando varias productoras. Pero en el caso del teatro, uno de los problemas que hay es que no está clara cuál es la obligación de un teatro público e institucional.
¿Cuál es esa obligación?
Un teatro institucional ha de cubrir una serie de carecias y de abrir una serie de caminos. Por ejemplo, hacer un repertorio de calidad en valenciano. O, por ejemplo, acceder a textos fundamentales de literatura dramática que sí es habitual ver en escenarios de cualquier país más o menos civilizado. Es más fácil ver un Ibsen en una ópera, como ha pasado ahora en el Palau de les Arts, que en un escenario teatral. Debería ser normal que los grandes nombres de la dramaturgia de los siglos XIX, XX y los contemporáneos se vieran en los teatros valencianos. Y no es así porque las instituciones, en lugar de tomar iniciativas, están actuando como compensadores de las carencias de las empresas privadas. Es triste que no estén ayudando a crear una cultura teatral ni un público formado e interesado.
Es decir, que hoy en día la función del teatro público valenciano es ayudar al privado.
Dicho de una forma así de llana, sí. Falta una voluntad clara de definir qué es un teatro público. Y para eso no hace falta calentarse mucho la cabeza, basta con mirar lo que está ocurriendo en otras comunidades españolas o cruzar los Pirineos y ver qué pasa en Francia, Italia o Inglaterra.
Decía que es un buen momento para el audiovisual valenciano. ¿Pero lo es para las series, sin una televisión pública que esté apostando este tipo de producciones?
En este momento funcionan mucho mejor las pantallas que la televisión. Quiero pensar que es un problema de presupuesto, que en el caso de la televisión valenciana es muy limitado. La presión política a veces hace que no haya tanta voluntad de riesgo como debería haber en una televisión pública, pero somos un país en el que todo se quiere que funcione a la primera, que si un proyecto no funciona el primer día lo abandonamos. El mundo del cine en cambio sí está avanzando, hay una generación de productores, directores y guionistas que están llevando a la pantalla cosas muy interesantes desde una comunidad pequeña y con recursos limitadas. Si no cambiamos de línea, poco a poco el cine valenciano y en valenciano funcionará.
¿En valenciano también?
Sí, hay muchas maneras. He ido a una proyección en un día normal de “La invasió dels bàrbars” y estaba la sala bastante llena sin problema lingüístico de ningún tipo. Hay un camino sobre todo que se puede explorar que, de momento, en este país -el valenciano, me refiero- no estamos muy acostumbrados, que es el de la constancia. Aquí comenzamos, quemamos la falla y comenzamos de nuevo.
¿Por qué dejó la tele por el teatro? ¿Por ese "verí" del que escribió en su juventud?
Porque después de 35 años las cosas en la televisión han cambiado muchísimo. Cuando empecé éramos cuatro los que hacíamos guiones. Y ahora hay equipos enteros y yo incluso he dirigido alguno. Hay dos generaciones de guionistas de televisión trabajando, hay una demanda grandísima con las plataformas… Y, en consecuencia, mi ciclo ha terminado. Podría haber insistido, pero he preferido acabar con una serie grande, de las que a mí me gustan, como es “Los herederos de la tierra”, que será la segunda parte de “La catedral del mar”. Con eso me doy por satisfecho, que entre la gente joven que ahora hay mucha demanda, mucha competencia y mucho quemar etapas muy deprisa, que yo no sé de aquí diez años en qué punto estaremos.
¿En qué punto estamos ahora?
Estamos en una etapa de renovación de formatos y de competencia muy dura, porque no son solo las televisiones sino que también son las plataformas. Una serie antes era de trece capítulos en trece semanas, después en un trimestre, después todos seguidos. Después ocho capítulos, seis, cuatro… Se están abriendo caminos interesantes, pero a veces hay cierta reiteración temática, pero es lo normal porque has de luchar por los millones de espectadores posibles.
Fuera ya de la televisión y con lo difícil que está el teatro, ¿en qué está trabajando ahora?
Sigo escribiendo teatro, estoy con una obra nueva. Y Bromera me ha encargado para su línea en castellano una traducción y adaptación de “Hamlet”. Continua siendo un texto impresionante y muy vigente porque trata de un tema terriblemente actual: la incapacidad de los políticos para tomar decisiones. Hamlet siempre está diciendo lo que tendría que hacer, pero no lo hace.
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