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Critica musical

Ni idiotas, ni sin talento

Muno Na Baka fue una exuberante anomalía en València que convendría mimar con el respeto y el cariño que se merecen

Muno Na Baka en el CEX.

Muno Na Baka en el CEX. / fernando soriano

Fernando Soriano

Fernando Soriano

València

Madre del amor hermoso, cómo se puso el otro viernes el CEX (Bar Centro Excursionista) para ver el concierto de Muno Na Baka. Media hora antes del inicio la acera estaba tan llena de seguidores del dúo valenciano que la gerencia nos tuvo que pedir reiteradamente que dejáramos, al menos, un pasillo por donde pudieran transitar los vecinos del barrio de Arrancapins con las bolsas de la compra, los carritos de bebé y las niñas vestidas de yudoca. No eran las ocho de la tarde y había ya un ambientazo que para qué. Al final cupimos todos, no se crean, pero es que la ocasión lo merecía. Había expectación por ver un show en el que Quique Ruiz, piano y sintetizadores, y Carol Galarza, cello, repasaban su carrera, que comenzó en 2019, incidiendo especialmente en su último trabajo, un elepé titulado ‘Hipermelodía’ y publicado a principios de este año en una fantástica edición en vinilo.

Noche especial, porque lograron reunir y subir al escenario a unos cuantos amigos que se habían trabajado unas letras con las que adornar varias de sus canciones. Les recuerdo, o quizá les revelo, que la música de Muno Na Baka (en japonés Los Idiotas Sin Talento) es instrumental. Y muy, muy especial. Ellos dicen que no es jazz, no es neoclásica, no es electrónica, no es minimalismo. Yo digo que es hermosa, delicada y profunda. Con planteamientos complejos pero con resoluciones sencillas, fáciles de escuchar. Vanguardista y arriesgada, pero no pretenciosa. En definitiva, una exuberante anomalía en nuestra ciudad que nos convendría mimar con el respeto y el cariño que se merecen.

Y ellos como si nada, entre cables y aparatejos, abrazando el violonchelo con las piernas, calentando el alma de la peña con una generosidad extrema, con las manos ocupadas y los ojos cerrados. Ofreciendo esa enigmática pero agradable música, de alta intensidad emocional pero sin melodramas impostados, convirtiendo la desgracia que supone perder a un hijo de cortísima edad en un momento de arte puro y catártico en la canción «888 Días». Canalizando la tragedia, sí, pero también la alegría a través de las introducciones y los apuntes jocosos que Quique lanza antes de cada canción.

«Nuestras canciones pueden evocar sensaciones distintas a cada oyente pero cada una tiene una historia detrás, viene de un lugar muy preciso. David Byrne explicaba que darle contexto a una actuación es fundamental, que hay que dotarla de un hilo conductor que la vertebre, sobre todo en ciertos tipos de música. Así queda todo más redondo y tirar de ironía y humor es básico para quitar hierro y pretenciosidad. Se trata de que estemos todos cómodos y de no ponerse intensitos. Bastantes dramas tenemos todos en nuestras vidas», me cuenta. Y así, bajo el chascarrillo de que aquel concierto era «la reunión de un grupo de autoayuda», comenzaron a subir al escenario sus colaboradores.

Alberto Torres Blandina recitó su poema ‘Fujitsu’, duras y certeras palabras revestidas de sarcasmo para denunciar el genocidio de Gaza; David Pascual (Mr. Perfumme), a punto de publicar nueva novela, dejó un vibrante mensaje entre el posibilismo, el conformismo y la mortalidad; Rick Treffers cantó en neerlandés apoyándose en la brillante trompeta de Mario Arévalo; Jose A. Esteve, de Mundo, demostró el cariño superlativo que tiene por Quique, compañero de aventuras en bandas como Han Solo y la cantautora canadiense Selina Martin dejó boquiabierto dos veces al personal con la calidad de su rango vocal y su expresividad interpretativa. Menuda ovación.

Muno Na Baka están más activos que nunca. Trabajan en estas colaboraciones y en otras, como la que tienen en marcha con la holandesa Bloom De Wilde, para grabarlas y publicarlas el año que viene. Andan a la caza de fechas en las que mostrar esa sensibilidad fascinante, majestuosa y cinematográfica, como ya lo hicieron en el Teatro Zorrilla de Valladolid, en el Stramu-Würzburg Fest 2023 en Alemania, en Plovdiv y Sofia (Bulgaria) y en Amsterdam y Deventer (Países Bajos).

Actuaciones para no olvidar, pero es que lo de este junio pasado se lleva la palma. Participaron en la Kansai Music Conference de Kobe y Osaka (Japón), colaborando con músicos locales como Yuki Matsugami o RY-U-SA. «Fue muy divertido y a la vez muy marciano, casando tradiciones musicales que tienen muy poco que ver y sin apenas tiempo para ensayar y poner en común las intenciones de cada uno. El viaje a Japón fue como cerrar el círculo, porque nos pusimos el nombre del dúo por el manga ‘Muno No Hito’, de Yoshiharu Tsuge, y mira por dónde hemos acabado tocando allí», sonríe orgulloso.

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