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Las instalaciones de À Punt se convierten en un plató de rodaje

Desde el 17 de noviembre, la redacción de la radiotelevisión pública valenciana da varios pasos atrás en el tiempo hasta asemejarse a una de los años noventa

Imágenes del rodaje

Imágenes del rodaje / EuropaPress

València

Las instalaciones de À Punt se convierten en una redacción de los años 90 en la última cinta de Òscar Bernàcer: 'María Martínez Ruiz no puede volver', una comedia dramática escrita por Gracia Solera, reflexiona sobre el lado oscuro de la televisión.

El rodaje se ha desarrollado en su mayoría en el edificio de la radiotelevisión pública valenciana, así como en distintas localizaciones de València. La historia cuenta las vivencias reales de la propia guionista, Gracia Solera, en un programa para el que trabajó en los inicios de su carrera.

La realidad detrás de la televisión

La cinta trata de mostrar a través de la comedia y el drama la realidad tras la pantalla. La protagonista es una joven periodista que consigue uno de sus primeros trabajos y poco a poco esa ilusión inicial se va ennegreciendo por la oscuridad que le rodea.

A base de anécdotas y personajes histriónicos, van sucediendo situaciones que, "inevitablemente", aportan ese toque cómico pese a describir una realidad que va conducida "hacia la tragedia". El filme está protagonizado por Carmen Arrufat y Àlex Monner y cuenta entre su elenco con los actores Sergio Caballero, Marta Belenguer, Dani Bayona y Carlos Blanco.

Imágenes del rodaje

Imágenes del rodaje / EuropaPress

'María Martínez Ruiz no puede volver'

El título de la obra también responde a una vivencia de la propia Gracia Solera. Un cartel colgado en la redacción mostraba esas palabras. Según ha explicado la periodista en declaraciones a Europa Press, María Martínez Ruiz era una señora "muy humilde" que tenía "un talento especial para inventarse historias y para contarlas" y que, "con tal de que la peinaran y la maquillaran", era capaz de convertirse en cualquier testimonio que se necesitara.

Con esta vivencia como eje central y, bajo la dirección de Óscar Bernàcer, Solera va tejiendo un relato donde, a través de la protagonista descubrimos la historia de una joven periodista que, "con toda su inocencia, entra a hacer su primer programa de televisión y cómo ésta la va pervirtiendo".

Una historia de abuso en todas sus versiones

La guionista cuenta que el 70 por ciento de lo que pasa en la película son anécdotas reales vividas por ella y sus compañeros. En palabras suyas, lo representado son "situaciones de maltrato y de abuso" que "se siguen viviendo", pese a estar ambientada en los años finales de los 90 y principios de los 2000.

El programa del que se habla era de testimonios y la protagonista narra como ese ambiente le enseña a moldear a las personas para que vayan al programa y que cuenten las cosas que ella quiere, pensando en la repercusión mediática y no en quien lo cuenta. Así, Solera asegura que la historia habla "del abuso en todas su versiones: del abuso sexual, del abuso de poder...".

El público demanda ese contenido

La raíz del problema que vislumbra la obra es el contenido que se hacía en la televisión y las dinámicas perversas que se desarrollaban para conseguirlo. Esto, no exime de culpa al propio público que "está demandando este tipo de contenido", aunque "la redacción se lo está dando".

Esta toxicidad todavía persiste, porque estos programas existen en la actualidad. La diferencia es que ahora si se tiene una perspectiva de que las cosas están mal, pero esta reflexión genera una hipocresía con la oferta de este producto a costa del precio que tiene todo lo que se esconde detrás de la pantalla.

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