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Entrevista | Cristina Fernández Cubas Escritora

Cristina Fernández Cubas: "Me interesa la inquietud, que el lector se pregunte qué pasa después del fin"

La escritora y Premio Nacional de las Letras Españolas publica 'Lo que no se ve' (Tusquets Editores), un libro de seis relatos cortos

"El lector de cuentos es un lector muy poco vago", asegura

Cristina Fernandez Cubas.

Cristina Fernandez Cubas. / Iván Giménez

Begoña Jorques

Begoña Jorques

València

Cristina Fernández Cubas (Arenys de Mar, Barcelona, 1945) regresa a las librerías diez años después de 'La habitación de Nona'. "No soy escritora de libro por año", asegura. En 'Lo que no se ve' reúne seis cuentos en los que se adentra en la psicología humana e introduce sutiles perturbaciones en la experiencia cotidiana. 'Lo que no se ve' (Tusquets Editores) alude a lo inexplicable, lo terrorífico, pero también a los silencios y a lo que se intuye.

¿Por qué un libro dedicado a lo que no se ve?

Porque lo que no se ve es importantísimo. Son las acciones provocadas por los sentimientos, por los recuerdos. Lo que no se ven son las atmósferas buenas y malas, es la sombra, la parte oscura, la parte no visible que aflora. Yo siempre le he dado carta de naturaleza aunque no sea tangible.

Todos los relatos de 'Lo que no se ve' son inquietantes. ¿Era su intención?

Sí, esa era la intención. Y la pregunta es: ¿qué pasa después del final? Es la misma pregunta que se hacen las dos protagonistas del primer relato de libro, Joan y Beth: ¿qué pasa cuando van al cine y aparece la palabra fin? Me gusta que el lector se pregunte qué pasa después.

También se vislumbra el tema de la identidad.

Sí, está el tema de la búsqueda de la identidad y una serie de aspectos que aparecen continuamente en lo que escribo, por ejemplo, el mundo familiar, de las hermanas y hermanos, escenarios que tienen que ser concretos y todo tiene que estar muy medido. Eso aparece continuamente porque lo llevo dentro. Los 'monstruos' nunca mueren, viven dentro de ti y aparecen siempre. Las obsesiones o las vivencias de cada uno están dormidas, pero siempre aparecen.

Para abordar un cuento imagino que tiene que afrontar la exigencia de la contención. ¿Cómo sabe cuándo acabar un relato?

A veces, es el mismo cuento el que dice que se acaba. La labor previa es de intensidad contra extensión. Yo controlo no irme por las ramas, sobre todo si no tienen que ver con la trama. Muchos cuentos se me han acabado antes de que yo pensara terminarlos, el cuento ha dicho 'hasta aquí' y yo he escuchado su voz.

¿Dónde encuentra esa inspiración para estas historias? Porque son muy variopintas, personajes muy diferentes. ¿Cuál es el germen?

De dónde sale un relato es una de las preguntas más difíciles de contestar porque hay multiplicidad de orígenes. Pueden salir de un recuerdo, de una obsesión, de unas imágenes, entrevistas en sueños, de la imaginación pura y dura o de comportamientos que has observado a tu alrededor. Y sobre todo de un deseo, aunque no se note mucho, de ahondar en la psicología humana. Para mí, los personajes no son de papel, sino de carne y hueso. Durante determinado tiempo estoy metida dentro de ellos.

La escritora publica 'Lo que no se ve'.

La escritora publica 'Lo que no se ve'. / Iván Giménez

¿Cuánto le ha costado reivindicar el cuento como un género en sí, no como un hermano pequeño de la novela?

Todos mis inicios me los pasé en las entrevistas que me hacían repitiendo como un loro que el cuento no era un camino previo a la novela, ni mucho menos, y que era un género en sí mismo. Ahora yo creo que esto todo el mundo lo sabe, que es un género en sí mismo. Pero fue un asunto que lo tenía tan claro que me dediqué a insistir en eso. Y yo no solo escribo cuentos, también novelas. En un momento me dije que solo escribiría cuentos, pero me contradije y escribí una novela.

Pero el cuento es su sitio.

El cuento es, quizás, el género en el que me encuentro ya no solo más a gusto como autora, sino como lectora. Creo que es un género que tiene sus complicidades. Además, hay bastante trabajo detrás.

¿Cuesta que las editoriales hagan más caso al cuento?

Sí, les cuesta. En las editoriales, en principio, prefieren una novela porque la lee más gente. Pero esto ha cambiado bastante. Hay editoriales dedicadas solo al cuento. En cuanto a público y de ventas, no son comparables. El cuento sigue su camino y la novela, otro. En mi opinión, el cuento requiere un esfuerzo por parte del lector. No todos los buenos lectores son lectores de cuentos. Hay lectores espléndidos de novelas que en un cuento no lo son tanto. El lector de cuentos es un lector muy poco vago. Es una persona que si no entiende una cosa, se detiene, va hacia atrás. Y ese realmente es el cómplice del autor, el lector.

Han pasado 10 años desde su último libro. ¿Por qué tanto tiempo?

Nunca he sido una escritora de libro por año, esta vez ha sido exagerado sí, pero la vida, a veces, va paralela con la escritura. Y la vida toma un protagonismo inesperado y te exige todo el tiempo. Realmente, no me di cuenta de que había pasado tanto tiempo. Aunque no escribía, sí leía. Además, para mí escribir no es un funcionariado, es algo para lo que tengo que estar muy estimulada, pero nunca he abandonado el mundo de los libros.

¿Trabaja ya en el siguiente?

Trabajando no, pero tengo algo. La vida me exige tiempos de descanso y ahora voy a dedicarme a descansar, porque esta gira ha sido muy gorda, con muchas alegrías, pero también con mucho cansancio. Ahora necesito tiempo para recargar pilas. Y, francamente, yo no tengo un ego tan exagerado.

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