El 'jardín de las delicias' mediterráneo: El paisajista Javier Coves crea un laboratorio de especies en la Calderona
Un espacio de 4.000 metros cuadrados que alberga más de 200 especies autóctonas busca poner en valor la vegetación mediterránea experimentando con el agua, la sequía y la resiliencia de las plantas en su hábitat natural. Coves busca que sea un escaparate en el que se puedan fijar otros paisajistas, arquitectos o urbanistas a la hora de diseñar zonas verdes

El jardín experimental que el paisajista Javier Coves ha creado en la Sierra Calderona, con más de 4.000 metros cuadrados de especies autóctonas. / Mariela Apollonio

En las laderas de la Serra Calderona, donde las estribaciones de la montaña se unen al mar Mediterráneo, el paisajista valenciano Javier Coves ha encontrado el lugar perfecto para obrar un pequeño milagro. Ha creado un jardín experimental de 4.000 metros cuadrados, una suerte de laboratorio en vivo y en directo, un refugio sensorial y un ensayo general de cómo es volver al origen y cultivar las especies que ofrece este clima, sin complejos ni imposiciones.
La ambición de Coves es clara: crear espacios que enseñen a mirar de otra forma, en un momento en que la crisis climática obliga a repensar no solo cómo vivimos, sino cómo habitamos el territorio. "Un jardín no debería ser solo un adorno; es una oportunidad de conexión, de pedagogía ambiental y de belleza evolutiva", sostiene el reputado paisajista.
De hecho, en un momento donde lo internacional sepulta a lo local, el valenciano ha hecho una apuesta por poner en valor lo que nace y crece junto al Mediterráneo. Ha reunido más de 200 especies mediterráneas, organizadas según criterios hídricos. No es un parque temático, pero sí puede funcionar de escaparate para que otros paisajistas, arquitectos e incluso urbanistas comprueben in situ las bondades de apostar por las especies de aquí y no las importadas. Frente al verde césped impostado de otros lugares, Coves ha querido crear un espacio "en constante evolución, diseñado para entender cómo responden las plantas al clima mediterráneo, al suelo, al agua o al paso del tiempo".

Javier Coves en el jardín mediterráneo que ha creado en la Sierra Calderona. / Sergio Morais
Un modelo de sostenibilidad aplicada donde el jardín se convierte en una herramienta de estudio y no en un ejercicio estético, inspirado en los movimientos naturalistas europeos, donde se apuesta por el paisajismo que escucha en vez de intervenir sobre él. "No se trata de usar menos agua, sino de repensar nuestra relación con la naturaleza y plantearnos por qué diseñamos jardines", explica.
Sus paisajes no esconden la rugosidad, la sombra irregular o la presencia de insectos: la celebran. “Creo en jardines que regeneran y que educan la mirada, que muestran que la belleza surge de entender los ritmos de la naturaleza, no de maquillarla”. Cada plantación es una coreografía que cambia con las estaciones. Brota, se retrae, se mueve. “La naturaleza tiene un ritmo propio, y el diseño debe acompañarlo, no sustituirlo”, afirma.
Más allá de la observación; la reconexión
Para Coves, este laboratorio tiene como objetivo cambiar la forma de relacionarse con la naturaleza que nos rodea, porque no solo va de contemplar y observar un espacio, sino de perderse en él, en los olores de las plantas, en los ruidos que generan y cómo todo eso convive con la lluvia, con el sol y con las sombras.

El laboratorio de especies mediterráneas que el paisajista Javier Coves ha creado en la Sierra Calderona. / Mariela Apollonio
Promover una experiencia sensorial es el fin de este nuevo paisaje integrado en la Calderona y para ello se han abierto rutas botánicas, sesiones fotográficas, visitas especializadas e incluso clases magistrales de paisajismo mediterráneo impartidas por él mismo. Se busca mostrar los criterios reales de trabajar con especies autóctonas y no solo planteamientos teóricos.
“Aquí pueden ver cómo se comportan las especies en condiciones reales, entender cómo dialogan entre sí y con el lugar, y encontrar inspiración para sus obras”, explica. El espacio funciona como un banco de pruebas donde se ensayan soluciones a retos como la sequía, el sobrecalentamiento urbano o la falta de biodiversidad.
Del marketing al paisaje
Antes de dedicarse al paisajismo, Coves dirigía su propia agencia de marketing. Pero la llamada de la tierra fue más fuerte. “Sentía que me faltaba conexión, algo significativo”, recuerda. Tras estudiar en la British Academy of Garden Design de Londres y formarse durante años de manera autodidacta, volcó su carrera hacia una idea clara: el jardín como herramienta de transformación social y ambiental.
En 2024 fundó la Asociación Paisaje Mediterráneo para promover el paisajismo regenerativo y la creación de jardines terapéuticos. Este nuevo laboratorio vegetal es su proyecto más ambicioso hasta la fecha: un espacio donde investigar, inspirar y demostrar que otro paisaje es posible.
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