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Fundación Francisco Brines, despropósitos y preocupaciones

Francisco Brines, en una imagen de archivo, en su domicilio de Elca

Francisco Brines, en una imagen de archivo, en su domicilio de Elca / Levante-EMV

Carlos Rubio Rosell

Recuerdo vívidamente el día en que Francisco Brines, sentados ambos en uno de los jardines de su casa de Elca, me habló del proyecto de crear una fundación que llevara su nombre, en la que depositaría su legado material e intelectual, para que fuese preservado y difundido, pero, sobre todo, para que a través de esta institución se apoyara la poesía y el arte y de esta forma su ciudad natal, Oliva, adquiriera visibilidad en el panorama cultural no solo de la Comunidad Valenciana, sino de toda España e incluso más allá, en el ámbito hispanoamericano.

Crear esta fundación, para la que me pidió que formase parte de su Patronato, concentró desde entonces todas sus energías y con gran ilusión convocó a un grupo de amigos para que la hicieran posible. Fueron días de entusiasmo, conversaciones, intercambio de ideas y reuniones en torno a su mesa, donde departíamos entregados a ese único objetivo, el cual se vio coronado cuando comenzó su andadura, en el año 2019.

Desde entonces, diversos han sido los avatares que han acompañado a la Fundación Francisco Brines (FFB), entre ellos la inmensa alegría de ver que el poeta obtenía el máximo galardón que se concede a un autor en el ámbito de la lengua epañola, el Premio Cervantes, que Brines recibió en Elca de mano de los reyes de España en mayo de 2021.

Tras su fallecimiento, tan solo una semana después, la FFB ha seguido un camino un tanto accidentado, plagado de indecisiones y desidia, que inexorablemente la han conducido a una lamentable situación en la que ahora se encuentra y que no solo ensombrece la celebración de la quinta entrega del Premio Internacional de Poesía que otorga la institución, cuya ceremonia ha tenido lugar en la ciudad de Valencia, sino que generan grandes preocupaciones que hacen empequeñecer lo que sería motivo de alborozo.

Por un lado, la Fundación arrastra un rezago importante en cuanto al inventario de bienes, del que se han hecho registros parciales de las obras de arte y de la gran biblioteca, un aspecto que genera una enorme inquietud, ya que además hay otra clase de objetos como muebles, documentos y cartas que permanecen sin inventariar.

Por otra parte, el edificio mismo se encuentra en un estado de descuido evidente, y además de necesitar un mantenimiento profesional, especialmente en el exterior, donde hay mobiliario roto y se requieren trabajos de albañilería, pintura y restauración con tratamientos especiales, en el interior se han detectado humedades, las cuales son visibles en algunas áreas e incluso en paredes de las que cuelgan cuadros importantes que pueden verse afectados por esta situación. En este punto cabe mencionar que existe un seguro que podría resultar precario, teniendo en cuenta que la finca es ahora una institución destinada a recibir público, y si no se tienen en cuenta unas coberturas adecuadas, podrían surgir graves problemas si hubiera un robo o un accidente de cualquier tipo.

También en el exterior del edificio, que recordemos ha sido catalogado como Bien de Interés Cultural, hay varios huertos de naranjos donde se acumulan basura y cristales, los cuales, debido al calor y al sol que seca la maleza, especialmente en verano, podrían provocar un incendio de consecuencias fatídicas. En esos mismos campos, hay una zona por donde pasa un gasoducto, motivo por el cual se destinó una compensación económica para que nadie cultivara en ella ningún tipo de producto, pero en la actualidad hay un sembradío de aguacates que no solo infringe ese acuerdo, sino que podría también provocar un fatal accidente si la raíz de un árbol llega a romper dicho gasoducto.

Otra cuestión delicada en la que las autoridades culturales, tanto de la Generalitat como del Gobierno central deberían reparar, es la indolencia con que el Patronato de la Fundación Brines opera, ya que sin ningún respeto por las propias normas que así lo establecen y prohiben, algunos de sus miembros han llegado a pernoctar, durante una semana y a título personal, en el edificio de Elca, gravísimo hecho que ha sido puesto en conocimiento de la Guardia Civil y del Ayuntamiento de Oliva, como consta en una comunicación formal presentada ante el consistorio el pasado 11 de julio. En este sentido, es pertinente también preguntarse cuántos juegos de llaves del recinto existen, pues al parecer hay un número indeterminado de copias que no se sabe en manos de quién están, pues ni la Guardia Civil ni el Ayuntamiento de Oliva cuentan con uno de esos juegos.

En cuanto al Premio de Poesía mismo, que este año, al igual que el pasado, se ha celebrado en la ciudad de Valencia y no en Oliva, el cambio de sede contraviene los deseos expresos del propio Francisco Brines, quien siempre quiso que se llevase a cabo en su ciudad natal para que de esta forma tuviese una visibilidad que, de otra forma, se ve muy menguada; pero ni siquiera el Ayuntamiento de Oliva, que forma parte del Patronato que rige los destinos de la FFB, ha defendido la localización de la ceremonia de entrega del galardón, mostrando una apatía y desinterés que, en general, parece que tiene todo lo relacionado con el legado del Premio Cervantes valenciano, dejando al mismo tiempo que el Jurado, designado y elegido por recomendación de Brines para que encabezara la selección y fallo del premio, cambiara de manera súbita y sin comunicarlo a quienes los conformaban originalmente.

Aparte de estos hechos, que son ya por sí mismos lamentables, cabe mencionar que en los últimos dos años la FB apenas organiza eventos culturales, y los que han tenido lugar no han contado con una difusión adecuada, lo que hace dudar si pudieron organizarse como eventos privados.

En este contexto, no está de más señalar que los huertos de la finca, que eran alquilados a agricultores de la zona para obtener un rendimiento económico extra, ahora mismo están abandonados y nadie se ocupa de ellos, por lo que sus cosechas se están tristemente perdiendo.

Pero es tal la mala gestión del Patronato de la FFB, que la preciosa escultura de un frondoso naranjo de acero que en su día el escultor Jesús Martín-Lorente, Chule, un artista valenciano de reconocido prestigio, donó en vida de Brines a la Fundación y que lucía espléndido en uno de los patios de Elca, fue devuelta al escultor tras la muerte del poeta aduciendo que era "peligrosa" para los visitantes, y sin tener en cuenta que el Cervantes, además de que la adoraba como pieza artística, la consideraba ya parte del paisaje de la finca.

Ante este panorama desolador, la FFB podría esgrimir falta de recursos económicos, pero no hay que olvidar que durante años han contado con el apoyo económico de la Generalitat valenciana —hace apenas unas semanas anunció que la Conselleria de Educación, Cultura, Universidades y Empleo le destinaba 30 mil euros para colaborar en los gastos de funcionamiento de la entidad, así como en las actividades realizadas durante 2025 para fomentar el estudio y la difusión de la obra y personalidad literaria de Francisco Brines—, del Ministerio de Cultura a través de su Dirección General de Archivos y Bibliotecas, y del Ayuntamiento de Oliva, el cual ha destinado este año un presupuesto 24 mil euros, todo lo cual no sabemos para qué ha servido si la institución parece en ruinas y no se gestionan otro tipo de apoyos económicos, pues lo que un día fue la Asociación de Amigos de la FFB ha quedado en nada.

Finalmente, y como señal de la desidia con que ha actuado la Fundación en su gestión, solo basta recordar que Francisco Brines quería que en el lugar donde reposaran sus restos mortales se escribiera un epitafio que él mismo había compuesto y que recitó en diversas ocasiones a quienes tuvimos el privilegio de compartir tiempo con él, pero la FB no solo no lo ha hecho, sino que el panteón familiar está en total abandono sin que nadie cumpla esta última voluntad de quien quiso dejar un legado y un patrimonio material y cultural que, por desgracia, no se ha sabido gestionar y preservar adecuadamente hasta ahora, por lo que hay que preguntarse si hay alguna institución o autoridad competente que deba intervenir y preocuparse seriamente para que la herencia que generosamente dejó a la sociedad uno de los grandes poetas españoles y valencianos de todos los tiempos reciba la atención y el cuidado que merece.

Carlos Rubio Rosell fue Patrono fundador de la Fundación Francisco Brines.

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