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'El Retrovisor', en À Punt

Josep Ramon Lluch: "Antes, en el supermercado sabías si tu programa funcionaba; ahora, las opiniones en redes nos permiten corregir en tiempo real"

El histórico presentador y productor televisivo vuelve a la cadena pública valenciana al frente de 'El Retrovisor', junto a Anaïs Ordóñez, un programa donde se conectan generaciones gracias al archivo de RTVV. Cada sábado, a lo largo de tres horas, se abordan temas desde la óptica de hoy pero con la mirada puesta en el pasado, haciendo una comparativa entre lo que preocupaba y lo que preocupa. Cara visible de 'Carta Blanca' y 'Parle vosté, calle vosté', Lluch vuelve ilusionado, con el reto de "conectar con la ciudadanía".

Josep Ramón Lluch, presentador de 'El Retrovisor', el programa de los sábados en À Punt.

Josep Ramón Lluch, presentador de 'El Retrovisor', el programa de los sábados en À Punt. / L-EMV

Amparo Soria

Amparo Soria

València

Presenta 'El Retrovisor' junto a Anaïs Ordóñez. ¿Qué pueden esperar los espectadores?

Buscamos un punto de encuentro entre diferentes generaciones a partir de un hecho: el valor impagable del archivo audiovisual de RTVV de los últimos 35 años. Recuperamos fragmentos de programas donde los valencianos han explicado su manera de ver el mundo, sus opiniones, sentimientos y experiencias y los comparamos con lo que piensan los ciudadanos actuales.

Ponen un espejo entre generaciones.

Es un encuentro entre los boomers de 60, 70 y 80 años, y sus hijos o nietos, que en los 90 eran los protagonistas. Ahora lo contrastamos con los millennials y la generación Z, entre 20 y 35 años. Se produce un choque generacional, porque los jóvenes se sorprenden de cómo era aquella televisión y, por tanto, la sociedad valenciana.

¿En qué hemos cambiado?

Algunos temas no han cambiado tanto. Por ejemplo, en el primer 'Carta Blanca' de 1992, la pregunta era: “¿Quien no trabaja es porque no quiere?”. Al poner en marcha 'El retrovisor', pensamos que sería interesante hacer la misma pregunta 33 años después. La sorpresa fue que muchas respuestas eran similares: entonces había quien decía que quien no trabajaba era porque no quería, y ahora también. Y ya entonces un joven se quejaba de que sus padres lo habían tenido mejor para comprarse una vivienda, con mejores sueldos y menos precariedad. En el segundo programa, sobre si el colectivo LGTBIQ+ estaba discriminado, aunque la mayoría reconocía que sigue existiendo discriminación, es evidente que el cambio social y legislativo desde los años 90 hasta ahora es enorme.

En el último programa, hablaron de Franco...

Preguntamos si Franco todavía está presente, la misma pregunta que hice en noviembre de 1992, la respuesta es preocupante. Parece que ahora está más presente que entonces, cuando a la gente le avergonzaba decir que era franquista o fascista. Hoy vemos gente por la calle levantando el brazo con orgullo, en una especie de “revival” franquista o fascista o nazi, algo profundamente inquietante.

En el tema de Franco, por ejemplo, me preocupa que los boomers lo hayamos hecho mal: no hemos sabido inocularles la vacuna contra el autoritarismo, contra los supuestos “valores” de la dictadura frente a la democracia.

¿Es necesario rescatar ese archivo, esa memoria colectiva, para darnos un contexto en un presente vertiginoso?

Sí. Creo que quien no conoce su pasado corre el riesgo de repetirlo. Y quien no sabe qué ocurría hace 30 años necesita verlo, especialmente los jóvenes, que deben entender cómo era la sociedad de sus padres. En el tema de Franco, por ejemplo, me preocupa que los boomers lo hayamos hecho mal: no hemos sabido inocularles la vacuna contra el autoritarismo, contra los supuestos “valores” de la dictadura frente a la democracia. Decía al inicio del programa que no puede ser que haya relativismo: que se diga “Franco hizo cosas buenas y otras malas”. No. Partiendo de un golpe de Estado, una guerra civil y miles de fusilamientos firmados hasta dos meses antes de su muerte, no puede haber nada bueno. Claro que se construyeron carreteras y embalses, faltaría más. Me posicioné de una manera militante contra ese relativismo y creo que en eso hay que ser inflexibles. No todas las ideas valen lo mismo, no todas las ideas son buenas. Creo que es muy valioso que una televisión pública refleje ese convencimiento.

Entiendo por sus palabras que este último programa ha sido el que más le ha conmovido, después de abordar el trabajo y los derechos LGTBIQ+.

Sí. Ha sido el que ha descubierto el programa a muchos telespectadores. Y el 'feedback' ha sido muy positivo. En una época tan relativista, un posicionamiento tan claro con datos, invitados potentes y la voluntad de desmontar bulos, es importante. Creo que era necesario.

Hacía 27 años que no se ponía frente a la cámara. ¿Cómo ha sido la vuelta?

Un reto. La última vez que dije un 'Bona nit' en esta casa, en el mismo plató donde grabamos 'El Retrovisor', fue entre 197 y 1998. Desde entonces he hecho miles de horas de televisión, pero detrás de las cámaras. Después del primer tramo del programa, en el que sentí cierta inseguridad, me di cuenta de que esto, y no quiero sonar pretencioso, es como ir en bicicleta: no se olvida. Me encontré cómodo, suelto, creo que soy solvente frente a la cámara.

Josep Ramon Lluch i Anaïs Ordóñez, presentadores El retrovisor, cada sábado a las 21:45 en À Punt.

Josep Ramon Lluch i Anaïs Ordóñez, presentadores El retrovisor, cada sábado a las 21:45 en À Punt. / L-EMV

El programa lo copresenta junto a Anaïs Ordóñez. ¿Hace falta esta convivencia intergeneracional en los espacios públicos?

Sí, es fundamental: mezcla, convivencia, diversidad. La sociedad no son solo millennials por un lado y boomers por otro; convivimos todos. Pero es importante poner ambos puntos de vista en igualdad. En el tema de Franco, por ejemplo, los millennials nos interpelan: “¿Algo habéis hecho mal?”. Si en la escuela no se enseña bien la dictadura, si no se pone en valor la democracia, es responsabilidad nuestra: somos los que hemos diseñado el sistema educativo. Me preocupa que, al preguntar por datos básicos, como qué día murió Franco o cuándo terminó la guerra, muchos jóvenes no lo sepan. Como ciudadano, me preocupa.

Antes importaba mucho el contenido, aunque fuera básico, y funcionaba: 'Carta Blanca' o 'Parle vosté' tenían audiencias del 25-30%, incluso 40%. Ahora, uno de los retos es volver a conectar con la ciudadanía

En su vuelta a la televisión, ¿qué ha cambiado?

Los elementos. A finales de los 90, la televisión era más sencilla: mucha gente hablando, testimonios largos, ocho personas en la mesa y conexión exterior. Ahora la televisión es mucho más dinámica: vídeos, rótulos, cebos… elementos audiovisuales constantes para mantener la atención. Antes importaba mucho el contenido, aunque fuera básico, y funcionaba: 'Carta Blanca' o 'Parle vosté' tenían audiencias del 25-30%, incluso 40%. Era otro contexto. Ahora, con la competencia audiovisual, es mucho más difícil. Además, la marca ha cambiado: Canal 9 era querida, se identificaba como propia, en valenciano, parte de la identidad. Tras el cierre, el cambio de nombre y la desconexión territorial, hay desafección. Uno de los retos es volver a conectar con la ciudadanía. Yo, al final de mi carrera, quiero contribuir a eso. Si sale bien, perfecto; si no, me dedicaré a pasear a mis perros.

Dado el formato, con tres horas en directo, ¿cómo han integrado las redes sociales, que ahora funcionan como una televisión paralela?

Lo que más me aporta la generación millennial es su frescura y su lenguaje. Soy el mayor de la redacción, todos tienen entre 25 y 30 años. Me aportan su manera de expresarse, de relacionarse. Yo aún me sorprendo de que un 'like' pueda significar tanto; pero soy yo quien debe adaptarse. Las redes determinan mucho, tenemos un equipo dedicado solo a ellas para interactuar con los telespectadores.

Josep Ramón Lluch, presentador de 'El Retrovisor', el programa de los sábados en À Punt.

Josep Ramón Lluch, presentador de 'El Retrovisor', el programa de los sábados en À Punt. / L-EMV

Y reciben opiniones en directo, a través de WhatsApp.

Exacto. En los 90, yo sabía si un programa había funcionado al día siguiente, cuando iba al supermercado y escuchaba comentarios. Ahora lo sabes en el minuto uno: mientras estás en directo, ya recibes opiniones sobre cada testimonio o vídeo. Eso permite incluso corregir en tiempo real. La televisión es más intensa, más compleja, y también más retadora. Competimos con cadenas muy consolidadas y con presupuestos muy superiores. Esto es un formato pensado para la ciudadanía de aquí, para ver cómo hemos evolucionado, a veces para bien, otras para mal, con entretenimiento, sonrisa y rigor. Esta semana, por ejemplo, tuvimos a Julia Sevilla, referente feminista, y a Miquel Ramos, investigador, hay invitados muy patentes. Pero no habrá famosos: no quiero famosos. No necesitamos a gente de fuera cobrando para decirnos qué pensar.

Después de estos meses inmersos en el archivo de RTVV, ¿qué podemos aprender del pasado?

Revisarnos. En el programa de este sábado hablamos del sexo: si la sociedad valenciana habla más de sexo ahora, si tenemos menos prejuicios, si estamos más desinhibidos. La sorpresa es que, revisando los programas antiguos, encontramos miles de horas en las que valencianos y valencianas hablaban con total naturalidad sobre sexo, fantasías, relaciones… Gente de 60 o 70 años expresándose sin tapujos. Hoy creo que las respuestas serían más contenidas. Y el problema actual es otro: la influencia de las redes y la exposición temprana al porno. Niños de 8, 10 o 12 años acceden a escenas durísimas y creen que eso es la sexualidad. Eso tiene consecuencias en forma de machismo y violencia. De nuevo, los culpables somos los boomers: hemos permitido esa exposición, no hemos sido lo bastante estrictos legislando para impedirlo. Hay que crear mecanismos de protección. Y mi intención es poner esas situaciones en evidencia.

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